José Luis Blasco: El principal activo de una empresa es generar confianza

Caracas.- “Es muy importante la cantidad de reservas de petróleo que tiene el mundo; así como el descubrimiento de nuevos yacimientos, pero más importante aún es saber cómo van a ser utilizadas sin que esto tenga un impacto negativo en la humanidad”. Estas son las palabras con las que abrió su discusión sobre la conservación ambiental y la Responsabilidad Social que tienen las empresas sobre el particular,  José Luis Blasco, socio responsable de Cambio Climático para KPMG en Europa, África y Oriente Medio. “ El mundo podría tener petróleo para unos 286 años más, porque han aumentado 6 veces las reservas, pero con las regulaciones tal vez no podrán utilizarse por las altas emisiones de CO2 que van directamente al ambiente” dice.

Para el año 2050, la tierra estará poblada por nueve mil millones de personas.  Blasco se hace una gran pregunta: “¿quiénes serán los afortunados que van a disfrutar de una buena calidad de vida  y felicidad?” Su respuesta es categórica “Quienes vivan la vida con un mínimo de consumo”. De hecho comenta que las empresas que hagan más cosas con menos recursos, les darán mayor calidad de vida a las comunidades donde se desenvuelven. Blasco se repregunta ¿Por dónde avanzar? A lo que dice: “Creando competencias en la organización que nos permitan establecer más valor neto y ser más resilientes, al tiempo que se identifiquen riesgos y oportunidades y se definan objetivos concretos; pues lo importante dentro de la Responsabilidad Social Empresarial es saber la estrategia que se tiene y ver hacia el futuro”. Por eso, el principal ingrediente para generar confianza y llegar lejos como organización responsable, según Blasco es “hacer más para la gente”. Igualmente, comenta que parte de la receta está en la creación de la riqueza, el acceso a los derechos y la protección al entorno y hay que decir que “el activo más estratégico y valioso de una compañía es la confianza”.

 

El socio de KPMG hace hincapié en que los gobiernos y las comisiones globales pasan, pero las sociedades permanecen en el tiempo y son éstas las víctimas directas de la falta de Responsabilidad Social Empresarial y de las buenas prácticas o quienes gozan de ellas. “RSE va más allá de los donativos de aquellas cosas que le sobran a las empresas, es su integración con las comunidades y su medio ambiente, con su forma de vivir y de desarrollarse. Allí es donde debe haber un engranaje perfecto para que todo marche con el menor impacto negativo posible”.

 

 

Un Consejo de Seguridad Ambiental

El capítulo sobre Desarrollo Sustentable dedicado a la creación de un Consejo de Seguridad Ambiental, es uno de los puntos que defiende Blasco. En Naciones Unidas, se discute que “para lograr el desarrollo sostenible a nivel mundial es indispensable introducir cambios fundamentales en la forma en que producen y consumen las sociedades. Todos los países deben promover modalidades sostenibles de consumo y producción; los países desarrollados deben tomar la iniciativa al respecto para que el resto puedan beneficiarse de ese proceso, teniendo en cuenta los principios derivados de la Cumbre Río+20, incluido, entre otros, el de la responsabilidad común pero diferenciada. Los gobiernos y las organizaciones internacionales competentes, el sector privado y todos los grupos principales deben desempeñar un papel activo con miras a modificar las modalidades insostenibles de consumo y producción”.

José Luis Blasco defiende el hecho que “Una organización de este tipo permitiría una mayor vigilancia, sobre todo en aquellas zonas más vulnerables, y pondría regulaciones capaces de detener el deterioro ambiental. Hay que decirlo, una especie que se extingue es irreversible, no hay manera de reponerla. Debemos ser capaces de satisfacer las necesidades de las generaciones actuales, sin poner en peligro a las generaciones futuras, porque desde el año 2000 hemos extraído más de lo que el planeta regenera”.

Por eso es tan importante el concepto de desarrollo sostenible o sustentable que refleja una creciente conciencia acerca de la contradicción que puede darse entre desarrollo y la sostenibilidad. Esta conciencia de los costos humanos, naturales y medioambientales del desarrollo y el progreso ha venido a modificar la actitud de despreocupación o justificación que al respecto imperó durante mucho tiempo. La idea de un crecimiento económico sin límites en el cual todo podía sacrificarse vino a ser reemplazada por una conciencia de esos límites y de la importancia de crear condiciones de largo plazo que hagan posible un bienestar para las actuales generaciones que no se haga al precio de una amenaza o deterioro de las condiciones de vida futuras de la humanidad.

 

 

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