Guevara-Riera: “La Perspectiva Itinerante ayuda a comprender los fenómenos sociales”

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“CARACAS – “La ‘Perspectiva Itinerante’ es una lectura. Es la metáfora del viaje. Y su punto de partida es la modernidad en todas sus expresiones. A saber, la filosófica, la cual considera la racionalidad y el punto de partida a través del cual voy a construir el mundo; la política, la cual considera la democracia liberal en el sistema ‘por excelencia’ para construir estas sociedades; la estética… Todas estas ‘modernidades’ pueden entrar en contradicción. Se ha presentado a lo largo de la historia. Por ejemplo, el desarrollo científico… no garantiza el proceso moral”. Fernanda Guevara Riera, Doctora en Filosofía y profesora de la Universidad Católica Andrés Bello, nos hace partícipes de sus preocupaciones. Explica a la “Voce” su visión de la sociedad la cual analiza desde el enfoque de la “Perspectiva Itinerante” y que explora periódicamente a través de sus escritos, divagaciones y que consigna a nuestro Diario a través de sus “Aproximaciones Filosóficas” y a sus otros lectores a través del Blog “Las Perspectivas de América Latina” (www.lasperplejidadesdeamerica.blogspot.com/).

– La “Perspectiva Itinerante” – nos explica la docente – ayuda a comprender los fenómenos sociales a la luz de los valores y de las selecciones que hacemos los sujetos, a partir de los cuales construimos materialmente nuestra vida.
Pedimos que ahonde más en el concepto, que nos ilustre con mayores detalles su planteamiento.

– Es unas mirada epistemológica del fenómeno social – nos dice -. Quiere hacernos más claro las selecciones y los valores teóricos que se traducen en la praxis. No hay disociación entre teoría y práctica. Modelas la praxis a la luz de lo que consideras que es valido en la teoría.

Sostiene que la “realidad es plural”. En consecuencia, asegura que “hay muchas elecciones de los sujetos”.

– Tenemos que tratar de establecer cuáles elecciones considero más válidas que otras y a la luz de cuáles criterios – añade -. La “Perspectiva Itinerante”, como indica su nombre, es un punto de vista, una postura frente a otras elecciones. No solo puede involucrar al individuo sino que puede abarcar una sociedad, un colectivo. Pues bien – prosigue -, si es una perspectiva, lo primero que deja a un lado es la pasión por la verdad absoluta. Es decir, de cómo debe decidir un sujeto o una sociedad. Podemos ofrecer razones plausibles sobre las bondades de una resolución sobre otra.

– ¿Cómo se llevan a cabo esas decisiones?

– Las sociedades contemporáneas – explica – parten siempre de un lugar. No se toman decisiones, ni como sujeto, ni como comunidad sin tener un lugar… ¿Qué quiere decir? Pues, muy simple: toda decisión necesita de un marco anterior.

– Por ejemplos, la Constitución – sugerimos.

– No solamente eso – precisa Guevara Riera -. Por ejemplos, los proyectos culturales. Yo voy más allá. La Constitución es parte de un proyecto cultural. Ahora bien, ¿cuál es el proyecto cultural en el cual está inmersa la “Perspectiva Itinerante”? El Occidente, el de la modernidad… a grandes rasgos, el de los derechos universales del hombre…

– Es un concepto reductivo – hacemos notar -. Su punto de partida es la seguridad de que nuestra cultura, la occidental, está en lo cierto y que todas las demás están equivocadas…

– La “Perspectiva Itinerante” está ubicada en occidente – explica -. Su supuesto es el siguiente: al no existir verdades absolutas, estas se ubican históricamente. No significa que yo, como individuo, como pueblo, no pueda evaluar más allá del momento histórico si estoy en lo correcto en la decisiones que voy tomando. Ahora, esa verdad que procede de la modernidad y que toma la “Perspectiva itinerante” se llama occidente.

Nuestra entrevistada considera que hay formas “que ha tomado la racionalidad en cada pueblo”. Y una es distinta de la otra. Son formas, en opinión de la filósofa, que “nos hablan de un primer mundo, de un tercer mundo, de una racionalidad inoperante en lo económico”.

– Es decir – precisa -, tiene desarrollos diversos en la historia particular de los pueblos. Ese proyecto moderno occidental es un punto de partida de la “Perspectiva itinerante”. Para decirlo en otras palabras, importa el otro, importan los derechos; lo que se han constituidos como derechos sociales.

– Mis derechos terminan donde comienzan los de los demás…

– Exacto – conviene -. La pretensión es una moralidad compartida, como diría el profesor Raúl González. De ahí, como afirmo, la “Perspectiva itinerante” es una lectura.
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Docente en la Universidad Católica Andrés Bello, socióloga, Doctora en Filosofía, Fernanda Guevara Riera habla con entusiasmo. El tema, “Perspectiva Itinerante”, concentra toda su atención. A veces, esta fascinación la lleva a extraviarse en sus reflexiones y nos cuesta trabajo devolverla a nuestra realidad. La filosofía es su pan de todos los días. No para nosotros. La materia se nos revela a menudo un laberinto indescifrable no muy distinto al de Creta, construido por Dédalo, en el cual Minos encerró el fruto del encuentro secreto de Pasifae y el hermoso toro que Poseidón le regalara para que su gente lo aclamara Rey. Como en la mitología griega el hilo de Adriana indica a Teseo el camino a seguir para no perderse en los vericuetos traicioneros del laberinto, de la misma manera y con la paciencia de la docente por vocación, nuestra entrevistada nos toma de la mano y nos ilustra el camino para no perdernos en sus planteamientos y para entender sus teoremas.

– La apuesta de la modernidad – nos dice la docente – es la educación. No importa si es laica o confesional.

– No siempre el objetivo se puede alcanzar. En Venezuela, muchos de los que protestaban exigiendo una educación mejor que llegase a todos los estratos sociales, que eran reprimidos por la otrora Policía Metropolitana y eran tildados de “tirapiedras” por quienes ocupaban cargos en el gobierno, hoy controlan las riendas del poder y llaman “tirapiedras” a los estudiantes que siguen protestando por una educación mejor que penetre todos los estratos sociales. Los mecanismos violentos de la represión no han cambiado…

– No por ello puedes renunciar – sostiene Guevara Riera -. Que no sea fácil, lo sabemos. También sabemos que no hay garantía que, como sociedad, se logren los objetivos, el fin último. Pero no puedes renunciar. ¿De qué otra manera puedes alcanzar tu meta? ¿A través de la violencia? Eso va en contra de todo lo que promueves. Es decir, como sociedad apostamos a la educación de esa racionalidad, aunque sea una ilusión desesperanzada. Es la esperanza de la razón que es consciente de las dificultades. ¿Cuál es el pensamiento binario? Blanco y negro…

– Lo que vemos reflejado hoy en la política: Gobierno y Oposición. No hay partidos, movimientos entre estos dos bloques. No hay matices intermedios, tintes grises. Es la radicalización de la política.

– Exacto – nos dice -. No tenemos criterios para evaluar la evidencia de la verdad los cuales, por ejemplo, tenían los gobiernos con Descartes quien afirmaba que se podía lograr la verdad con un método perfecto. Nosotros, hoy, inclusive con un método perfecto no la alcanzamos. Lo que una nación necesita, en el fondo, depende de los fines que nos fijemos como país. Y es allí donde tenemos que ponernos de acuerdo. Esa es la democracia.

– Por ejemplo, un modelo de desarrollo aceptado por la mayoría…

– Lo económico – precisa – depende de lo que te propongas como fin, como nación.

– Un “proyecto nación”…

– De eso se trata – continúa -. Nos pusimos de acuerdo hacia dónde queremos ir, dónde queremos conducir el país. En ese sentido, lo económico, aunque haya efectos nefastos, no es evidente. Sobre los resultados pueden haber lecturas diferentes. Hay quien te habla de guerra económica y quien , en cambio, de mala administración.

Señala que el pensamiento binario implica no sentarse alrededor de una mesa y analizar resultados y enfoques.

– Existe – precisa – una actitud negativa que impide un nivel de retórica. No permite sentarnos a dialogar. Es allí donde tenemos que actuar en lugar de, sacudiendo el tablero, limitarnos a decir: “no tienes los conocimientos”, “lo estás haciendo mal”. ¿Por qué? Muy simple, debemos tener la capacidad de percatarnos cuando ya hemos agotado esa vía. Podrías preguntarme: ¿cuándo se sabe que se ha agotado ese recurso?
Explica que a la pregunta podría contestarse: “cuando la sociedad no está de acuerdo, cuando los resultados no son los esperados, cuando tomamos conciencia de que estamos en un proceso que no nos permite avanzar y alcanzar el objetivo”.

– La “Perspectiva Itinerante” – afirma – apela a disolver el pensamiento binario, el pensamiento que alimenta la confrontación. Cuando digo: “tengo la razón, tengo la verdad”… ¿quién se sienta a dialogar con quien afirma tener la razón, poseer la verdad?

– Regresemos a la coyuntura actual, al “blanco y negro”.

– El norte que no debemos perder – advierte nuestra entrevistada – es el fin último como sociedad.

– La búsqueda de un punto de encuentro…

– Es precisamente en eso en lo que tenemos que trabajar – expresa -. Si no lo hemos encontrado aún, tenemos que seguir buscando. Tenemos que alcanzar la fase en la cual digamos: “hay que ceder algo, todos tenemos que ceder algo para diluir el enfrentamiento, de lo contrario no podremos itinerar”. “Perspectiva Itinerante” es itinerar. No significa ser iguales. De eso se trata la democracia: de pluralidad, de participación: Pero, tenemos que estar de acuerdo en el fin de la sociedad. ¿Cuál es? Que lo social y lo político no estén disociados de lo económico, del proyecto económico. La “Perspectiva itinerante” es itinerar entre modelos de sociedad.
Explica que no existe un solo modelo de sociedad: el imperante. Es decir, existen otros a los cuales “no se puede negar la participación”. Aún más, “cuando quiere participar y lucha para ganarse su lugar”.

– Estas hablando de la oposición, para que se entienda…

– Llámalo Oposición, dale el nombre que más te guste – expresa -. No importa. Lo relevante es que se entienda que debe haber inclusión.

– Inclusión y reglas compartidas; reglas de juego aceptadas por todos…

– Ojo – precisa -. No hay inclusión sin reglas compartidas. Lo contrario es la marginación.
Expresa que inclusión es participación colectiva. El “Ethos”, explica la filósofa. Compartido significa participar en un mismo espacio con una misma mirada. En otras palabras, es el reconocimiento de la diversidad, de la integración, del trabajo plural en el cual, como señala nuestra entrevistada, “el individuo y el colectivo puedan coexistir”.

– El colectivo – hacemos notar – expresa opiniones pero siempre habrá quien no esté de acuerdo; siempre habrá alguna voz discrepante.

– El problema – expresa – es como construyo una mayoría que garantice…
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La docente deja en sospeso la oración. Por un momento el silencio y la incertidumbre se adueña de nuestro entorno.

– ¿Participación? – sugerimos.

– No solo participación – precisa -. Un proyecto nacional de largo plazo en el cual sujeto y colectivo tengan garantizadas sus perspectivas de porvenir. Ahora bien, ¿Cómo lo construyo?… A través de la educación. La racionalidad, es cierto, es una condición natural. Sin embargo, lo que es el ser racional, el ser participativo, es un producto social.

– Racionalidad es consciencia. También quiere decir que si soy un ser racional no vas a poder engañarme o, cuando menos, te resultará difícil hacerlo. ¿Le conviene a los gobiernos un ciudadano educado y racional?

– Hay algo que llamamos “intersticios sociales” – nos explica -. Sacudiendo el tablero, tengo que superar las dicotomías del pensamiento… izquierda-derecha.

– No necesariamente es izquierda-derecha. ¿Por qué no, fuerza dominante y fuerza dominada?

– La democracia a través de la pluralidad de instituciones – comenta -, permite la hegemonía de la dominación. Es lo que hoy llamamos contrapoderes; instituciones y sujetos. Los contrapoderes – añade – se ejercen con la contraposición de los discursos. No todos – precisa – tenemos la misma consideración discursiva. Y no todos, aun teniéndola, entretejemos las mismas relaciones el uno con el otro. Fíjate, siendo hijo de una misma familia, del mismo padre y de la misma madre, hay diferencias sustanciales, aun cuando el discurso familiar haya sido el mismo. ¿Por qué? Porque hay las que se llaman historias transversales, las mediaciones. La experiencia en la Universidad no es la misma para cada uno de nosotros. La pluralidad de los contrapoderes que se promueven merma la posibilidad de una dominación absoluta.

– De ahí la necesidad de alcanzar un acuerdo aceptable para las partes.

– La fuerza de las parte se diluye cuando se genera una multiplicidad de contrapoderes – sostiene -. La democracia, la educación permiten que se alcancen acuerdos sociales. Insisto, tenemos que ponernos de acuerdo… pero ¿en qué quiero ponerme de acuerdo?

– En un objetivo común…

– Sobre el fin de la sociedad – propone -. Es el proyecto social. Vamos a ponerle el término “proyecto sociedad”.

– Nos recuerda la experiencia del Pacto de Punto Fijo, hoy tan vilipendiado y denigrado. La creación de un acuerdo a largo plazo que, luego de un gobierno de transición, pueda asegurar la gobernabilidad del país.

– Estamos todos en un mismo Ethos – nos dice la docente -. Este Ethos debe ser compartido. Tú estás aquí, yo estoy allá; tú en este espacio, yo en aquel. El punto de partida de la modernidad – comenta – es un suelo común, el Estado nación. La ciudad, al comienzo, dio su espacio al Estado nación. Ahora, nosotros estamos en el mismo Ethos, pero es un Ethos excluyente. Nos excluimos mutuamente, nos enfrentamos. Somos hostiles porque nuestras miradas son diferentes. No busco resaltar lo que nos une sino lo que nos separa.

– Lo que nos hace adversarios…

– Es la dialéctica de los opuestos – precisa -. Tu eres bueno, yo soy malo.

– Una dialéctica que conduce a la aniquilación mientras, por el contrario, necesitaríamos una dialéctica de la conciliación.

– La “Perspectiva Itinerante” – comenta Guevara Riera – itera. En este caso, entre modernización y subalternidad. Ahora bien, que se entiende por subalternidad de la “Perspectiva Itinerante”. Gramsci, en sus “Cuadernos desde la Cárcel”, considera subalterno todo aquel que se contrapone a la hegemonía. Pienso que, a partir de Gramsci, podríamos afirmar que en toda sociedad se construyen subalternos.
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Sostiene que en el país, todo aquel que no está incluido en el proceso de configuración de la sociedad, aquellas personas a quienes de forma estructural se les ha negado la perspectiva del poder tienen que ponerse de acuerdo sobre los mecanismos de inclusión.

– Según Sartre, el segundo Sartre – añade –, perspectiva del porvenir es la posibilidad que tu tengas de construir a largo plazo; no solamente de configurarte simbólica y culturalmente sino también materialmente. Cada vez hay mayor crecimiento espiritual, afectivo, educativo y también material. Todo se traduce en bienestar. Nos podríamos preguntar: ¿los que han tomado el poder hace 17 años en Venezuela siguen siendo subalternos como lo eran antes de conquistar las riendas del poder? Esa es una clase de preguntas que nos entrampa.

– Sin embargo, es necesaria…

– ¿Nos entrampa en que? – continúa nuestra entrevistada – En separarnos como Ethos. Más allá de esas disquisiciones que podrían interpretarse como muy filosóficas, esa carga peyorativa que considera que el filósofo se queda encerrado en sus disquisiciones que no se traducen en nada concreto, podríamos decir que, como sociedad, darnos nombres que nos separan no nos ofrece una posibilidad de construcción compartida. Al contrario, en mi opinión, favorece el enfrentamiento y la hostilidad.

– Calificarnos para descalificarnos…

– La “Perspectiva Itinerante” – explica – pretende itinerar hacia un modelo valorativo cultural, con la pretensión de querer alcanzar un acuerdo operativo. A la luz de Richard Rorty, en su obra “Contingencia, ironía y solidaridad”, es la pretensión que tengo, desde la “Perspectiva Itinerante”, es reducir, disminuir el dolor social.
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Estamos en uno de los centro comerciales del “este” de la capital, sentados en una de las mesas de una “fuente de soda”. Nuestra conversación se desarrolla entre el vaivén de gente. Nosotros dialogando y los demás atrapados por una ciudad en la cual todo es prisa y apresuramiento. Nosotros en un mundo que pareciera haberse detenido mientras otros corren para alcanzarlo.

Guevara Riera nos confiesa que su ambición es avanzar, cimentando una propuesta que “intente superar la oposición que hoy existe entre dos modelos culturales que llamamos modernos y subalternos”.

– La modernidad construida sobre un proyecto racional – profundiza en su explicación -, sobre el proyecto de progreso y felicidad; sobre el uso de la racionalidad científica que promueva y garantice el progreso moral. Eso es lo moderno.

En cuanto a lo subalterno, la docente nos dice que, “a partir de las teorías de la dependencia que se incluyeron en América Latina, supone que todo el mal que padece nuestro hemisferio de exclusión social” es producto de una racionalidad colonialista.

– Es la racionalidad de la modernidad que ha colonizado América Latina – sostiene -. Es la racionalidad hegemónica que dominó América latina impidiéndole no solamente el desarrollo económico sino también el progreso moral de la sociedad.

– ¿Después de más de medio siglo y a la luz de la globalización, se justifica todavía hablar de dependencia y colonialismo? ¿Por qué no librarnos de esa mentalidad de subalternos?

– La globalización – comenta – sigue favoreciendo la metrópolis. En consecuencia, seguimos en condición de dependencia. No hemos alcanzado el desarrollo requerido. El chavismo bebe de ahí.

– ¿No crees que, a estas alturas, hay que tratar de ir más allá?

– Las teorías – comenta – son para tener posturas éticas.

– La globalización permite romper fronteras, las torna líquidas, hace que los conocimientos fluyan libremente. No hay barreras…

– Precisamente esa disolución de las fronteras – nos dice para concluir -, esa noción de “no puedo llegar”. Nadie debe indicarme dónde llegar. Las teorías coloniales te dirían que occidente, con su logocentrismo, niega formas que son propia de América Latina.
Bafile Mauro