Realidad y propósito

 

“No existe ninguna situación en la vida que carezca de auténtico sentido. Este hecho debe atribuirse a que los aspectos aparentemente negativos de la existencia humana, y sobre todo aquella trágica triada en la que confluyen el sufrimiento, la culpa y la muerte, también pueden transformarse en algo positivo, en un servicio, a condición de que se salga a su encuentro con la adecuada actitud y disposición”.

Estas palabras de Viktor Frankl (Ante el vacío existencial, 1980) nos colocan frente a un gran desafío, porque no es posible decir que nacen de una inspiración alejada de la realidad, ya que provienen de alguien que vivió una experiencia dramática durante el holocausto. Es por ello que es necesaria “la adecuada actitud y disposición” que tengamos frente a la realidad, más aún cuando comenzamos un nuevo año lleno de propósitos e ideas tanto personales, organizacionales o comunitarias en un país como Venezuela, donde no podemos distanciarnos de la difícil situación que estamos pasando.

De este planteamiento surgen dos interrogantes claves: ¿Cómo mantener la postura y actitud adecuada frente a la realidad? y ¿de qué manera se puede transformar todo esto en algo positivo?

Sin ser exhaustivos en la respuesta, quisiera subrayar dos aspectos a tomar en cuenta: el primero, es que el punto de partida es la misma realidad, observándola más como aliada que como un rival al cual vencer; porque “la realidad es más importante que la idea. Existe también una tensión bipolar entre la idea y la realidad. La realidad simplemente es, la idea se elabora. Entre las dos se debe instaurar un diálogo constante, evitando que la idea termine separándose de la realidad”, papa Francisco (Evangelii Gaudium, 231). Por ello, en una realidad tan dramática y cambiante como la nuestra, es requisito que nuestras ideas (proyectos, programas, etc.) no sean estáticas, inflexibles e impositivas, sino que surjan como respuesta y servicio a las necesidades que más urgen en nuestra sociedad.

En segundo lugar, es importante entender que aunque demos lo mejor de nosotros mismos la voluntad del hombre es finita, y por más que intentemos tener la postura más adecuada, llega a un punto donde es imperante hacer cuentas con la alteridad. Eso nos pone claramente frente al valor del otro, desde su necesidad hasta su capacidad como compañero de camino, colaborador o maestro para dar pasos juntos que permitan ofrecer respuestas a las provocaciones que la realidad nos plantea. El reto es trabajar y construir juntos escuchando al Otro, que es quien le puede dar sentido no solo a nuestra vida sino a toda la existencia de manera gratuita.

“Lo que una vez fue una herida,
lo que una vez fue fricción,
lo que dejó una marca,
ya no picará más,
porque la Gracia hace bellas las cosas feas”
 (U2, Grace).

 

Alejandro Marius

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