Venezolanos en Colombia: ¿un problema de talla hemisférica?

El país vecino ya se ha saturado de venezolanos, pero parece que seguirán llegando. Colombia ha hecho gala de la mayor hospitalidad, pero también comienza a endurecer sus políticas.
El país vecino ya se ha saturado de venezolanos, pero parece que seguirán llegando. Colombia ha hecho gala de la mayor hospitalidad, pero también comienza a endurecer sus políticas.

CARACAS – “El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, llamó este jueves a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que comenzó su 167° periodo de sesiones en Bogotá, a centrar sus esfuerzos en la migración masiva de venezolanos al país andino”, establece una nota del matutino El Nacional. La presencia de venezolanos en tierra neogranadina ha comenzado a ser un genuino quebradero de cabeza para la Hermana República, que –no obstante- ha hecho gala como siempre de la mayor amplitud, sentido humanitario y profesionalismo en la atención de este problema.

“Hoy hago un llamado a la CIDH para que, en el marco de su tarea de promover la defensa de los derechos humanos en el continente, centre sus esfuerzos en este fenómeno que se ha venido agudizando en los últimos meses”, precisó el jefe de Estado. Es decir, la masa de venezolanos en Colombia ya no es una cosa normal. Adquiere fisonomía de problema continental.

Un nuevo reto, una nueva realidad

Como uno de los “nuevos retos y realidades” a los que Colombia planta cara. Tal fue a definición de Santos del asunto. Colombia no da la espalda, ni cierra la frontera a sus hermanos venezolanos. No. Es nada menos que un reto, una realidad. Puede leerse a partir de tal declaración una concepción integral de Colombia en cuanto su presencia hemisférica.

Juan Manuel Santos, llamó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a centrar sus esfuerzos en la migración masiva de venezolanos al país andino
Juan Manuel Santos, llamó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), a centrar sus esfuerzos en la migración masiva de venezolanos al país andino

Sin embargo, el país de Santander parece haber pensado: ni tan cerca que queme al santo, ni tan lejos que no lo alumbre. Si bien la hospitalidad colombiana en medio de esta cruda diáspora ha sido de excepción, “el pasado 8 de febrero, el jefe de Estado anunció el endurecimiento de los controles migratorios en la frontera con Venezuela ante la creciente llegada de ciudadanos de ese país que llegan en busca de medicamentos y alimentos o que lo abandonan definitivamente en busca de un futuro mejor”, dice El Nacional. Colombia trata de poner linderos.

¿Cuáles son las medidas concretamente? La obligación de sellar el pasaporte; no se expedirán más Tarjetas de Movilidad Fronteriza (TMF), y la creación de un grupo especial para garantizar el respeto del espacio público. Son tres medidas apenas, pero ya con ellas se restringe de modo importante una cierta anarquía que venía verificándose en el ingreso de venezolanos.

“Ese Grupo Especial Migratorio (GEM) reforzará el control y la seguridad en la frontera y está conformado por miembros de las Fuerzas Militares, Migración Colombia, Policía Nacional y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF)”, dice la nota en cuestión. Ha sido necesaria la asistencia policial, toda vez que la cosa –en cierto momento- llegó a tomar ribetes de página roja.

“Según un informe de diciembre pasado de Migración Colombia, en el país hay 550.000 venezolanos y el flujo migratorio de personas de ese país se incrementó en 110% en 2017”, remata el despacho de El Nacional. Expertos al tanto vaticinan que los venezolanos seguirán intentando colocarse en otras latitudes, ante el colapso económico del país, y Colombia –para bien o para mal- ha sido siempre uno de nuestros destinos naturales.

La diáspora ha crecido de manera exponencial. El estridente derrumbe de Venezuela ha hecho que sus nativos salgan allende las fronteras, a como dé lugar, y –a menudo- en las condiciones más adversas. Algunos creen que se trata de connacionales que ya nunca volverán. Otros, juran que algún día a patria de Bolívar los verá regresar por la puerta grande. Toda emigración es dolorosa. Un sentimiento de desarraigo se apodera de quien debe dejar atrás su terruño. No obstante, dicen que no hay profeta en su tierra, y son muchos los venezolanos que no veían horizonte alguno en su país, pero a esta hora protagonizan historias de mucho éxito en otras latitudes.

Alejandro Ramírez Morón