Las presidenciales del 22 de abril: en el ojo de la tormenta

El Gobierno capitaliza casi del todo el poder de fuego. Eso le da cierta hegemonía puertas adentro. Pero ya la comunidad internacional comienza a torpedear las elecciones del 22 de abril: nadie cree que se trate de un proceso limpio y transparente. El país espera las próximas acciones de la MUD.
El Gobierno capitaliza casi del todo el poder de fuego. Eso le da cierta hegemonía puertas adentro. Pero ya la comunidad internacional comienza a torpedear las elecciones del 22 de abril: nadie cree que se trate de un proceso limpio y transparente. El país espera las próximas acciones de la MUD.

CARACAS – “El ministro argentino de Hacienda, Nicolás Dujovne, de visita oficial en España, opinó que las próximas elecciones presidenciales de Venezuela están ‘viciadas de nulidad’ porque la oposición ‘no es libre’ de participar, con numerosos candidatos proscritos”, se lee en un despacho de hoy del portal Analitica.com.

La nota precisa que el alto funcionario, al intervenir en la Tribuna EFE-Casa de América, disparó que la comunidad internacional está llamada a condenar de modo categórico las acciones “antidemocráticas” del “régimen” de Maduro.

“Es una situación que nos preocupa muchísimo. Pensamos que en Venezuela no rige una democracia, hemos pedido en numerosas oportunidades la libertad de los presos políticos”, alzó su voz el ministro Dujovne, en favor de los detenidos por razones de conciencia.

¿Malo conocido o bueno por conocer?

Sobre la IV República pesaban serias dudas y acusaciones, toda vez que –nadie lo niega- organismos como la extinta Corte Suprema de Justicia (CSJ) eran recurrentemente objeto de señalamientos por tráfico de influencias, por ejemplo. Sobre ese estribo puso el pie Hugo Chávez para ganar las presidenciales de 1998. Pero, más allá de la ilusión de cambio que generó en buena parte de la población, muy temprano voces de gran lucidez, como la del doctor Jorge Olavarría, vaticinarían que el caudillo de Sabaneta era nuestra perdición.

O sea, mientras el petróleo estuvo sobre los 100 dólares, con Chávez se mantuvo una ilusión de prosperidad y convivencia. Los venezolanos –no obstante- nos hemos tenido que ver finalmente a los ojos con el derrumbe del barril. Los sucesos de calle de 2017 fueron una forma grotesca de caérsele la careta al régimen, con una represión brutal por parte de las fuerzas del orden, que dejó un saldo que rebasa los 150 muertos (según el Foro Penal), y el centenar de detenidos.

El adelanto de las presidenciales para el 22 de abril ha venido a ser la gota que derrama la copa. Desde la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) a mediados de 2017, mandatarios como el galo Emmanuel Macron, o el español Mariano Rajoy comenzaron a hablar a rajatabla de una dictadura. Se sumaron voces como la de la canciller alemana, Ángela Merkel.

No obstante, hacía ya tiempo desde que publicaciones de prestigio más que probado, como la revista inglesa The Economist –especializada en Economía & Negocios- habían categorizado a Venezuela como un régimen híbrido, es decir, un autoritarismo que se legitima –cada tanto- por la vía electoral. “La sociedad internacional -insistió Dujovne- tiene que tomar nota de lo que está pasando y condenar las violaciones” en contra del Estado de Derecho, dice el texto de Analítica.

La semana pasada el Consejo Nacional Electoral (CNE) dio a conocer las garantías electorales, tema que fue punto de honor –y manzana de la discordia, a la vez- en el fallido diálogo de República Dominicana. Observación de la ONU, reubicación de los centros electorales (acá reinaba una verdadera dispersión, que generaba mucha desconfianza), y garantía de cobertura para la prensa así pública como privada.

Sin embargo, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) habló claro a principios de esta semana: no concurrirá a las urnas en abril. La Academia en pleno, más todo el movimiento estudiantil, manifestaron de inmediato su respaldo, y también metieron el freno. El país democrático no ha querido dejarse llevar al matadero.

Pero Nicolás Maduro hace oídos sordos. Sostendrá debates públicos con los candidatos a las elecciones presidenciales del 22 de abril. “La información la ofreció el jefe de Estado durante una alocución transmitida el jueves por Facebook y reseñada este viernes por la estatal Agencia Venezolana de Noticias (AVN)”, escribe el matutino El Nacional.

“Me comprometo ante la opinión pública a participar de cualquier debate presidencial que se convoque con los candidatos y candidatas que se inscriban. Desde ya me comprometo a debatir, de cara a las televisoras, redes sociales, debate público nacional”, dijo Maduro.

Burro contra tigre

Maduro plantará cara solo a dos contendores en las presidenciales: el pastor evangélico Javier Bertucci y el empresario -vinculado al chavismo- Luis Alejandro Ratti. Ambos son nombres bastante pálidos –por no decir nulos- en la arena política local. Ganar no será difícil para Maduro.

Pero ya gobiernos como el de Estados Unidos y el de Colombia han dicho que no reconocerán los resultados. El gigante del norte giró sanciones financieras a mediados de 2017, a las cuales siguieron las de Canadá y la Unión Europea (UE). El primero al mando en el Departamento de Estado, Rex Tillerson, consolida respaldos en contra de la gestión Maduro por toda Latinoamérica. También el Grupo de Lima pone su grano de arena, en esta labor. Recién el gobierno peruano retiró a Maduro –quien antes fue canciller- la invitación a la VIII Cumbre de las Américas.

“El oficialismo propuso convertir las votaciones de abril en unas generales parlamentarias que incluyan la elección de una nueva Asamblea Nacional, y de los consejos legislativos de los 23 estados y de los 335 municipios”, establece la nota de El Nacional. El politólogo Piero Trepiccione dijo esta semana que “entubar el voto” es lo más parecido a un sistema totalitario.

En su trinchera, el ex rector del CNE, Andrés Caleca, no ha querido quedarse callado. Expresó que la propuesta anterior “es un juego que dependerá de cómo actué la oposición”, dice Analítica.com. “Al gobierno le encanta jugar, todo depende de cómo actué dentro de ese juego la oposición”, apostó por conceder un punto medio.

“Pienso que el gobierno sube la puesta cada vez que la oposición se retira de un espacio político”, calibró al ser entrevistado por César Miguel Rondón. “Si nadie participa en las elecciones el gobierno tendrá el camino libre”, desembocó Caleca en lo más medular de todo esto.

Al decir esto, ha dado con el nudo gordiano de esta compleja trama. Si bien es algo muy loable, de parte del tinglado opositor, no participar en unas elecciones que –vistas de muy lejos- ofrecen las menores garantías posibles, pues también tocaría elegir una estrategia paralela. Quede claro: no basta con retirarse de la contienda.

Dejarle el camino libre a Maduro, es regalarle lo que queda de país. Mandaría hasta 2025. Nada menos. Esto sería hacerle las cosas tan sencillas como quitar el biberón a un lactante. Todos esperamos las acciones que la MUD pueda anunciar en las próximas horas. Es seguro que las habrá. ¿O no?

Alejandro Ramírez Morón