El valor de una gota

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¿Cuántas veces sentimos que aramos en el mar?, como si los problemas que tenemos delante de nosotros fueran de tal magnitud que todo esfuerzo es insuficiente. Existe una natural desproporción entre nuestra capacidad de “hacer” y los buenos deseos de tener un mejor planeta, país y comunidad.

“A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara esa gota”. Esto no solo lo dijo la Madre Teresa de Calcuta, sino que lo demostró con su vida. Nosotros no somos ni tan santos ni tan sensibles como esa pequeña (gran) mujer, pero cada uno formamos parte del todo.

Esas gotas son cada una de las personas que formamos y acompañamos, los muchos voluntarios que cada vez se incorporan a darnos una mano, nuestros aliados y lo que veo en cada uno del equipo de Trabajo y Persona.

Esa conciencia del SER de cada uno de nosotros tiene que ir de la mano con la atención suficiente para CONECTAR con todo lo bueno y malo que nuestra realidad nos llama y provoca a HACER. Si perdemos uno de estos tres pilares las consecuencias son terribles: hacer por hacer lleva al cansancio o a la violencia si no estamos conectados con las necesidades nuestras y la de los otros; pero si conectamos nuestro hacer con la realidad es posible que descubramos el significado de nuestro ser. La verdadera conciencia de nuestro ser y su conexión con la realidad nos permite hacer todo con sentido y un propósito.

Luego de vivir estos dos primeros meses del año 2018 y habiendo encontrado tantas personas en busca de significado dentro de esta dramática realidad que nos toca vivir, constataba el valor de cada gota en el mar y la responsabilidad que tenemos de juntarnos, identificar dónde podemos colaborar y trabajar juntos.

El valor de la gota en el mar se entiende aún mejor cuando la misma Madre Teresa nos dice que “lo que tú haces yo no puedo hacerlo, y lo que yo hago tú no puedes hacerlo, pero juntos estamos haciendo algo hermoso para Dios… tú en tu lugar, en tu trabajo, y yo y los demás, cada uno de nosotros, en el trabajo, en la vida es donde hemos prometido honrar a Dios”.

Y luego continúa resaltando el valor del trabajo de cada uno cuando dice que “No podemos hacer grandes cosas, pero sí cosas pequeñas con un gran amor” porque “lo que importa es cuanto amor ponemos en el trabajo que realizamos.”

Cuando comencemos a amar y valorar más esta relación entre nuestro ser (conexión trascendente), el hacer (trabajar) y su conexión con la realidad podremos también generar lugares de libertad y esperanza para todos.

Alejandro Marius

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