Breve historia del cine italiano (Parte I)

El cine italiano es referente de arte, sensualidad, creatividad y talento. Sin embargo estas representaciones parten de un pasado ya muy lejano en el que figuras como Fellini se atrevían a desafiar el orden establecido para crear historias que le robaban el aliento al espectador. Mas, antes de Fellini existió todo un desarrollo industrial que permitió que el cine italiano, como lo conceptualizamos hoy en día existiera.

Con la llegada del cinematógrafo Lumiére en 1898 y las exhibiciones en el parque Valentino Turín comenzó una era en el cine italiano. Tal como en otros países, los italianos se limitaban a mostrar en sus exhibiciones la cartelera de los Lumiére. Mas en el año de 1905, las cosas comenzaron a cambiar debido a las exigencias del público. Ese año el director Filoteo Alverini decidió grabar La toma de Roma, película de 230 metros basada en un hecho histórico, gracias a la cual surgiría el genero de reconstrucción histórica.

Al año siguiente Alverini y Santoni se convertiría en una compañía de cine. del mismo modo, Arturo Ambrosio, quien fuera el responsable de filmar La primera carrera de automóviles de Susa-Moncenisio, creó su propia compañía para comenzar a filmar reconstrucciones como: La caballería infernal. A partir de ese momento Italia despegó en el ámbito cinematográfico convirtiéndose en una de las industrias más importantes.

El auge del cine mudo italiano abarcó prácticamente desde 1904 hasta 1918. Entre los principales éxitos de los años 1907 a 1911 destacan las historias de: Catalina, Corazón de abuelo, Anita Garibaldi, Nerón y Macbeth. Sus tramas estaban llenas de muertes imperiales, tragedias amorosas, óperas mudas, etcétera. Se explotaron hasta el cansancio las tragedias de folletines con historias de alcoholismo, gitanos y canallas extorsionadores. Claro que no todo eran folletines.

La película que marcó todo un hito en los primeros 20 años del cine italiano fue La rosa de Tebas (1912), ello debido a la aparición de una de las grandes divas del cine: Francesca Bertini, quien con sólo 20 años de edad se posicionó rápidamente dentro de la industria y claro dentro de los sueños de los amantes del séptimo arte.

La filmografía de Bertini asciende alrededor de 90 filmes entre los cuales destaca su participación en: Histoire d’un pierrot (1913), de Baldassarre Negroni o Fedora en 1916.

Después de la aparición de Bertini, el cine italiano fue una fábrica de divas que se dedicaban a interpretar papeles de mujeres fatales que impregnaban las pantallas de erotismo. Entre ellas: Lyda Borelli, Pina Menichelli, María Jacobini y una larga y casi interminable lista. La fórmula secreta que catapultó a estas mujeres a la cima era la trasmutación de la mujer clásica del idealismo, por un ser pasional que luchaba contra las convenciones, absorbiendo el alma de los coestelares una y otra vez en cada cinta en la que se presentaban.

Ya en 1913, apenas 15 años después de las primeras exhibiciones hechas en Italia, surgían directores como Piero Fosco, cuyo nombre real era Giovanni Pastrone, y quien fue el artífice detrás de Cabiria, cinta de tres horas de duración en la que se narraba de forma detallada el choque cultural entre las civilizaciones de Roma y Cartago.

Esta película gozó de gran fama no sólo por la participación de la diva Italia Almirante Manzini y Bartolomeo Pagano; sino también por la participación del famoso escritor Gabriele D’Annunzio, quien recibió una cuantiosa cantidad de dinero no por escribir el argumento, como se hacia creer en las esquelas publicitarias, sino por hacer los subtítulos y sobre todo, por permitir el uso de su nombre para la promoción.

Pastrone compartiría la fama con directores como Enrico Guazzoni, creador de cintas como Marco Antonio y Cleopatra, Jerusalén libertada o Quo Vadis.

Azucena Mecalco

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