Breve historia del cine italiano (Parte II)

Roberto Rossellini

Como se mencionó en el artículo anterior, el cine italiano partió, como todas las industrias cinematográficas alrededor del mundo, de una visión experimental y la necesidad de ofrecerle al público contenido acorde a sus exigencias.

Fue en Italia también en donde comenzó a gestarse una nueva corriente procedente de la escuela de Giovanni Verga: el cine verista y naturalista, que años más tarde se conocería como neorrealismo italiano y al cual pertenecieron figuras como Michelangelo Antonioni o Luchino Visconti.

Por desgracia una de las obras más importantes de ésta época: Perdidos en la oscuridad (Sperdutti nel buio, 1914), se perdió casi por completo, actualmente sólo se conservan algunos fotogramas. Sin embargo, existen otras películas importantes que caracterizaron a la escuela del verismo y naturalismo, tal es el caso de Assunta Spina (1916) de Gustavo Serena, interpretada por Francesca Bertini.

Luego de esta etapa dorada, que acabaría en 1922, el cine italiano sufrió un terrible golpe. La falta de una definición correcta del estilo que querían seguir los cineastas, el acaparamiento de las salas por películas extranjeras (principalmente alemanas, norteamericanas y francesas) aunado a los conflictos bélicos que comenzaban a suscitarse, sumieron a la industria cinematográfica italiana en un oscuro vórtice del que no pudo escapar sino hasta 1942.

Durante esta etapa oscura se formaron grupos en los que incluso los jóvenes de los Grupos Universitarios Fascistas (GUF) se reunían para ver películas francesas o soviéticas prohibidas por el fascismo. fue también en esta fase que surgió Alessandro Blasetti, quien si bien parecía un joven prometedor en el ámbito del cine, no se salvó de crear obras superfluas y banales. Sin embargo en 1934 rodó la que se considera la obra maestra del cine italiano durante el fascismo: 1860. Después de esta cinta la carrera de Blasetti descendió gradualmente. Mas las legislaciones introducidas con la ley 6 de noviembre de 1923 redujeron por completo el auge del cine italiano de principios de siglo.

En 1945, un genio nacido en Roma vendría al rescate de la industria con su obra maestra: Roma, ciudad abierta (Roma, cittá aperta), nada menos que Roberto Rossellini, quien retomó la ola neorrealista que comenzaba a germinar antes de la guerra. Esta corriente surgió de la necesidad.

La falta de recursos y medios llevó a los cineastas a improvisar los escenarios en las calles con actores desconocidos, otorgándole a las películas producidas en esa época una estética por completo realista. En 1949, Rossellini volvió a sorprender al mundo con su cinta Stromboli, terra di dio. Interpretada por Ingrid Bergman, es una de las películas menos comprendidas de su carrera y a la vez uno de los retratos más importantes sobre el alma femenina.

La corriente neorrealista del cine italiano creció a la par del neorrealismo literario representado por grandes figuras como: Césare Pavese.

De esta corriente surgieron directores que poco a poco crearon su propia forma de hacer cine, entre ellos Federico Fellini y Luchino Visconti. Éste último realizó un filme considerado corruptor del orden fascista: Obsesión (Ossessione, 1942), basado en el libro El cartero llama dos veces de James Cain, con la que abriría el camino a otra serie de películas en las que su desbordante pasión, críticas y denuncias quedaban al descubierto.

Fue en esta misma época que comenzaría la era dorada de Fellini con sus cintas llenas de expresiones estéticas y a la vez críticas de la sociedad italiana.

Este es sólo un pequeño esbozo del desarrollo del cine italiano hasta mediados del siglo pasado. Sin embargo, la industria en ese país ha crecido considerablemente y sigue contando con genios que renuevan cada día la forma de crear películas, como Bernardo Bertolucci y su película El último emperador (1987), o Giuseppe Tornatore con Nuevo cinema paraíso (1988), sin contar a quienes se han incorporado a la lista de afamados directores italianos en años recientes como Matteo Garrone con su cinta Gomorra (2008).

Mas tendríamos que preguntarnos qué pasa con el cine italiano actual. ¿Realmente siguen existiendo directores que transmutan la realidad como Pasolini o se han transformado acaso en un fantasma de lo que fue antaño?

Azucena Mecalco