Detrás de la taza de Carbone Espresso

Después de 10 años dignificando al café venezolano y trabajando unidos productor, tostador, barista y consumidor, los nuevos proyectos con locales fijos y estaciones móviles son señales de que siguen apoyando y apostando por el café local. La academia ha formado 18 mil baristas y cuentan además con una marca propia de café artesanal
Después de 10 años dignificando al café venezolano y trabajando unidos productor, tostador, barista y consumidor, los nuevos proyectos con locales fijos y estaciones móviles son señales de que siguen apoyando y apostando por el café local. La academia ha formado 18 mil baristas y cuentan además con una marca propia de café artesanal

CARACAS – Uno de los emprendedores que más está trabajando para y por el café en Venezuela es Pietro Carbone, quien además de ser amante de esta bebida, empezó en el negocio casi como un juego. La pasión por un buen café, lo lleva a experimentar con una pequeña máquina que usaba para prepararle café a los clientes de la tienda de su padre.

Después de haber dañado cuatro cafeteras, producto de su curiosidad y buscando siempre un auténtico café expreso, decide junto con su padre, Nino Carbone, traerse de Italia una pequeña Giaggia, que al poco tiempo sustituye por una máquina profesional.

Justo en ese momento un amigo se acerca para venderle café verde de Boconó. Luego de adquirir un quintal (46 kilos), aprende a tostarlos de manera empírica con unos amigos italianos. De pronto, conocidos empiezan a comprárselo, y así quedó sellado el primer acercamiento con este prometedor negocio.

Actualmente tuestan dos toneladas al mes y ya están en un nivel profesional y avanzado.

Pietro Carbone

Carbone recuerda que todos los días, desde que tiene memoria, ha tomado café. Su nonna lo preparaba a diario en una grecca. Los domingos cuando era pequeño lo acompañaba con galletas, mientras los viejos veían televisión. Es algo que no olvida.

Hoy él hace lo mismo en su casa porque es un tributo a la crianza siciliana y el café está dentro de la cultura, igual que la pasta y el pan.

Nos cuenta que decidió estudiar en el Instituto del Espresso en Italia para aprender en donde se hace el café, y aunque la calidad ha cambiado, sigue prevaleciendo la cultura y la mística del bar italiano. Luego hace una pasantía en un bar donde descubre lo que eso significa y lo que envuelve.

“En Italia cuando se dice vamos a tomar un café, se toma un café, y solamente nos tomamos un café, es solo eso. Y lo disfrutan de pie, generalmente negro, tomado en barra, con mucho ruido de los molinos; es la manera de hablar del fútbol del fin de semana, es donde compartes, y te haces fiel al bar porque te gusta la marca del café, porque te queda cerca o por miles de otras razones”.

“En Venezuela somos más sociables, porque lo pedimos, hablamos, se nos enfría, lo campaneamos, conversamos y así lo disfrutamos por más tiempo”.

Evangelización con las aguas tintas del café

Señala que en uno de esos regresos a Venezuela se preguntó por qué teniendo máquinas y siendo productores, no se tomaba un buen café; al analizar vio que era un problema de transculturización y de generación la que echó a perder el café.

Y fue cuando se le ocurre hacer una pregunta por twitter hace 10 años: ¿qué tal si hacemos un curso de barista?

“El resultado es que llegamos a 18 mil personas evangelizadas con las aguas tintas del café. Me siento responsable de lo que ha pasado y de cómo hemos cambiado el gusto, la cultura y hemos ayudado a mejorar el mercado. Hasta creamos una moda, que no me gusta llamarlo así porque las modas pasan”.

“Hemos hecho un cambio como parte de nuestra economía cultura y pasión. La moda es abrir tiendas de café en todas las esquinas, la moda es traer maquinas atómicas”.

Carbone agrega que el trabajo que perdura es ese acercamiento con los productores y tostadores.

“Ahora todos estamos más involucrados y la academia cada día crece porque el mercado lo demanda. Ahora estamos dedicados al tostado para que el público entienda lo que está pasando”.

Nos dice que con la diáspora e inmigraciones mucha gente también quiere aprender hacer café para irse con algún oficio y conseguir trabajo.

“Lo importante es que aprenden hacer el café y respetan lo que hay detrás de la taza. Esa es la parte bonita de lo logrado”.

Clarissa, estación móvil de trabajo

Clarissa y Annabella

La marca ha crecido con el proyecto Esquinas Carbone que ya cuenta con dos establecimientos en Caracas y son la impresión de lo que es un “espresso” y cómo debe ser servido. Los baristas que atienden en las esquinas han trabajado al menos dos meses con Carbone y conocen sobre el tostado y el proyecto en general.

“Son mis ojos en la calle”, indica.

Otra de las novedades es un carrito Piaggio llamado Clarissa. Tras la búsqueda de cosas nuevas, Pietro quiso complacerse al unir la moto Vespa con una máquina Rancilio y el gusto por el buen café porque, al final del día, es la marca “Carbone Espresso” y un instrumento publicitario que lo sigue amarrando a Venezuela.

“Clarissa no es una franquicia porque no puedo estar en todos lados, -señala- . Ahí entra en juego mi nombre, es imposible de aceptar, por eso es limitado”.

Para las Esquinas Carbones si hay una sociedad, pero controlada, pues son conceptos de cafetería que actualmente funcionan en Celicor de la Castellana y en Plaza la Boyera, pero hay proyectos de abrir nuevas tiendas para tener mayor participación en Caracas.

Anuncia que en las ferias van a tener presencia con Clarissa y próximamente con Annabella, una bicicleta para complementar las estaciones móviles de trabajo.

Referente al café empaquetado, explica que tienen varias líneas dependiendo del tostado y la procedencia de los granos, pues trabajan directo con productores de Boconó, Sanare y Guarico del estado Lara, y de Caripe.

Destaca que suman esfuerzos para dignificar el café nacional y para que la gente aprenda. Muchos se han re-enamorados del café venezolano porque estaba como olvidado, pero es un trabajo del productor, el tostador, el barista y el consumidor, pues siguen apoyando y apostando por el café local.

“Estamos abriendo los ojos. Creo que la crisis ha impulsado muchas iniciativas. Antes ibas a cualquier bodegón y encontrabas muchas marcas de productos importados. Algunas eran malas, pero de marcas comerciales. Casi todos, tostados desde hace más de seis meses y de paso caro. En Venezuela se consigue café tostado fresco, muy bueno y mucho más económico. Eso es parte de la culturización”.

Por eso recomienda quien vaya hacer el sacrifico de comprar su paquetico de café, que evalúe bien el mercado; que elija algo bueno que le guste y que exija la calidad por lo que está pagando.

Carbone finaliza con orgullo diciendo que su papá ve su iniciativa con admiración y asombro porque vio crecer una idea que surgió dentro de la tienda como una diversión.

“Antes yo era el hijo de Nino, ahora él es el papá de Pietro. Seguimos ahí juntos, con la ventaja que él toma café gratis”.

Letizia Buttarello