Lina Bo Bardi en la Fundación Juan March de Madrid

Un cuadro de Lina Bo Bardi en la Fundación Juan March de Madrid
"Tupi or not tupi" de Lina Bo Bardi en la Fundación Juan March de Madrid

Mara Sánchez Llorens

MADRID. – Esta exposición, que quedará abierta hasta el 13 de enero de 2019 en la Fundación Juan March de Madrid, es un viaje por Brasil y los lugares que tanto amó Lina Bo Bardi. Nacida en Roma en 1914 y graduada como arquitecta en 1939, Lina Bo Bardi llegó a Brasil en 1946 junto a su marido, el crítico y coleccionista de arte Pietro Maria Bardi. Pronto se entusiasmó con su país de acogida, y con un dinamismo multifacético se sumó a la renovación de las artes en Brasil.

El trabajo de Lina Bo Bardi está repleto de una poética de la simplicidad entendida como la certeza de que un modo generoso de pensar es posible y puede sorprender frente al espectáculo tecnológico. Su propia colección y que podríamos llamar “mesa de trabajo” así lo demuestra.

Para Lina, el arquitecto debería entender e interpretar las condiciones sociales y humanas de cada lugar en el cual va a proyectar y construir un espacio para ser vivido. Y una parte significativa de esas condiciones sociales y culturales del Brasil, de las décadas de los ’40 al comienzo de los ’90, son las que narra esta muestra a través de su trabajo y del de otros artistas que compartieron esas mismas preocupaciones.

Por eso esta exposición es de arquitectura, pero no solo de arquitectura. Nos aproxima a lo que puede suceder en la arquitectura. Nos aproxima a esas otras realidades sociales, culturales y artísticas que Lina encontró en Brasil y que son como una manifestación cultural, donde lo local y lo universal, lo popular y lo moderno se encuentran.

Lina nos habla literalmente de la cuestión americana y de cómo nos situamos en el mundo. Es un discurso sobre el destino de la especie humana como algo que puede resolverse mediante nuestras decisiones. Todo lo que creó Lina parece haberse construido dentro de la misma atmósfera de admiración por Brasil, la grandiosidad de América y una visión de esperanza con relación al futuro.

Cada una de estas secciones son las paradas que Lina realizó en Brasil, los lugares en los que vivió. La llegada a Brasil y la Casa de Vidrio, São Paulo (1949-1951)

Venían del universo destrozado de Europa. Podemos imaginar la visión del foráneo que desembarca. Lina recordó muchas veces ese encuentro y su llegada a Río.

São Paulo alcanzó un crecimiento económico notable gracias a la política denominada “del café con leche”

Chateaubriand invita a Pietro a fundar y dirigir un “Museu de Arte” en Brasil: en Río o São Paulo. Yo aposté por Río, pero el dinero estaba en São Paulo.

Lina construyó su vivienda en 1951 en Morumbi, su primer sueño: se hace una casa de vidrio tan transparente para poder vivir en la selva atlántica, para vivir como si ella fuera un árbol del paraíso, un pájaro de los bosques amazónicos; así quería vivir ella, en un entorno donde el rumor de las leyendas indígenas convivía con los sonidos de los animales. A Lina le gustaba escuchar y observar ciertos bichos desde su residencia, analizando sus morfologías y sus maneras de posarse sobre el terreno. Inspirada en esos seres, materializó un objeto con forma de insecto reciclando una bombilla, plumas tropicales y alambre –los materiales con los que construyó su primera obra arquitectónica, la casa de vidrio y diseñó ese mismo año su más celebre mueble, la Bowl Bardi.

Los Bardi iniciaron desde el recién creado Museo de arte de Sao Paulo donde inicialmente trabajaron juntos Lina y Pietro, conocido como MASP, un diálogo polifónico con artesanos –maestros reconocidos y anónimos–, intelectuales y artistas no eruditos o académicos locales e internacionales. Allí, Alexander Calder, Max Bill, Saul Steinberg, Macaparana, Lasar Segall o Burle Marx –entre otros artistas que expusieron en el Museo de Arte de Sao Paulo– continuaron el debate en torno al arte promovido desde el ya mencionado MASP, en la casa de vidrio, lugar de encuentros y pequeño museo en el cual convivían muchos de los objetos expuestos en la sala.

El Museu de Arte de São Paulo (1957-1968)

El MASP trasladó su sede en 1968 a un edificio concebido por Lina emplazado sobre el demolido mirador Trianon de la principal avenida de la ciudad, la Paulista. El MASP es un icono hoy de la ciudad de Sao Paulo con su imponente estructura concebida en rojo y un lugar donde festejar que era también un paisaje.

Brasil es un país maravilloso ¿dónde hay otro país en el que encuentres piedras preciosas por la calle? Cuarzos, amatistas… allá donde vayas… cristales maravillosos, plantas formidables, valiosas; un clima maravilloso y gente formidable.

La colección del MASP –inicialmente europea– creció con obras de artistas brasileños: figurativos o abstractos, académicos o “autodidactas”. Los Bardi siempre promovieron sendas aproximaciones que incluían exposiciones didácticas de arte indígena, arquitectura o moda.

Un persistente espíritu festivo estuvo presente en las exposiciones del MASP, que a veces salían a la calle. El dibujo de Playground. El circo.

Lo popular y Salvador de Bahía

Entre 1958 y 1964 Lina vivió en la ciudad de Salvador de Bahía.

Esta estancia en Bahía fue fundamental para la transformación de su pensamiento. Era una arquitecta antropóloga, movida por una idea poética de resignificar la construcción del espacio habitable, atenta a los saberes populares.

Lina trabajó junto a un ecléctico grupo de creadores locales e internacionales –que, como ella, estaban fascinados con la cultura afro-bahiana–como el cantautor Dorival Caymmi, el escritor Jorge Amado, Glauber Rocha (cineasta), Walter Smetak (músico) o Marcel Gautherot (fotógrafos), entre otros. Pero más importante que todo esto, el acontecimiento principal, fue la llegada de Lina Bo Bardi a Bahía, ciudad rebautizada como la “Roma negra”, que vivió en este periodo el esplendor surgido de un encuentro de iniciativas culturales y que representó una esperanza para todo el país.

Lina puso en marcha la transformación del Museo de Arte Moderno de Bahía (MAMBA) en la construcción colonial conocida como Solar de Unhao. Bajo la dirección del MAMBA presentó la exposición Bahía en Ibirapuera en Sao Paulo y Nordeste en Bahía.

Desde Bahía recorrió los territorios nordestinos y quedó fascinada con las facturas populares encontradas en aquellas expediciones que representaban algunos de los valores espirituales más genuinos de esta zona del país. Lina ordenó en cierta manera las hermosuras que ya había aquí, lo que identifica inmediatamente a la gente con su obra.

Cuando Lina regresó a São Paulo e inauguró la nueva sede del MASP–que ella misma había diseñado sobre la Avenida Paulista– celebró una exposición que tendría gran trascendencia: La mano del pueblo brasileño en la que se expusieron objetos que describían los cuatro paisajes humanos: el indio, el negro, el nordestino y el ibérico: todo aquello era Brasil.

Todas estas “naturalezas culturales” mencionadas, que iban completando la visión que Lina tenía de Brasil, son las que alimentan e integran ríos como el São Francisco, historias rurales inmortalizadas, entre otros, por Borjes Oliveira, Lasar Segall, José Antônio da Silva, Marcel Gautherot o Maria Auxiliadora da Silva, dialogan con las preocupaciones de Bo Bardi en torno al mundo rural brasileño.

El SESC Fábrica da Pompéia, São Paulo (1977-1986)

En un degradado barrio industrial de Sao Paulo hasta los años setenta, la Vila Pompéia, Lina recuperó una antigua fábrica y la convirtió en un centro de cultura, ocio y deporte: un espacio de convivencia y lugar de paseo.

El SESC es un paisaje en el que se puede comer, conversar, exponer, fabricar con las manos, jugar al fútbol, nadar, tomar el sol, tomar una copa, cantar o danzar. Todas estas acciones fueron representadas en dibujos en los que Lina se preocupaba por dar respuesta a las inquietudes de los vecinos.

La multiculturalidad rural tan desconocida por el propio Brasil también fue mostrada por la arquitecta en el SESC como Caipiras, ca-piaus: pau-a-pique[Campesinos: cañas y barro] (1984).

En el SESC también se acercó al mundo del niño, con tres exposiciones: Pinocho, historia de un muñeco, Mil juguetes para el niño brasileño y Entreacto para niños. Lina sería la mujer de la tribu o algo así, que sabe cómo agasajar a los niños, cómo amparar los sueños de la juventud.

Una idea del paraíso. La Nova Prefeitura de São Paulo (1990-1992)

Los sueños se fueron haciendo mayores: de lo doméstico a lo urbanos de la avenida Paulistas, al barrio de Pompéia y de ahí… a la Gran Sao Paulo. De la naturaleza de la Casa de Vidrio a la ciudad y después fue que llevó a la escala urbana de la metrópolis la naturaleza.

En 1990 Lina recibió el encargo de recuperar el histórico Palacio de las Industrias para alojar en él la nueva sede del ayuntamiento de São Paulo. Para que los ciudadanos se identificaran con el proyecto, propuso completar el encargo con un gran edificio en exedra frente al palacio envuelto por un jardín. “La idea del jardín vertical, que es una aldea indígena, es el conocimiento europeo ante el conocimiento indígena”.

En esa última obra del ayuntamiento, el Palacio de las Industrias, la simbología alcanza su punto máximo. Era el encuentro de Europa con América de Bo Bardi.

Desde sus inicios en Brasil su obra parecía dirigirse hacia este gran jardín de la Prefeitura en el que, además, se alojaban bichos de exóticas morfologías –representadas, en una transformación fantástica, por la cultura más auténtica de Brasil y por artistas coetáneos a la propia arquitecta como Nino o Dicinho. Ella imaginó que toda esa “bicharada” habría vivido en la Nueva sede del Ayuntamiento de Sao Paulo de São Paulo.

Para la inauguración del Palacio de las Industrias, Lina Bo Bardi propuso que este fuera iluminado con una penetrante bruma de colores evocando la multiculturalidad brasileña. Esta festiva inauguración era una manera de hacerla propia de Brasil y era una “verdad tropical” con la que Lina Bo Bardi consumó su discurrir vital.  Lina tenía conciencia de la proyección del futuro, de la naturaleza. Sólo una mujer podría haberlo hecho, un hombre no se habría atrevido.

Todo esto y muchísimo más es Lina Bo Bardi: tupí or not tupí. Brasil, 1946-1992, en la sala les espera.  En estos días de montaje he escuchado algo muy hermoso sobre la muestra: Un espectáculo para los ojos y para el corazón. Obras de varios museos y coleccionistas privados generan un gran mosaico del arte que rodeaba la vida de Lina y que – añado yo misma- formaron parte de los sueños de esta gran mujer.