¿Lo que siento es ansiedad? ¿Angustia?

Ansiedad? Como evitar la angustia.
Ansiedad? Como evitar la angustia.

La ansiedad puede definirse como una anticipación de un daño o desgracia futuros, acompañada de un sentimiento de disforia (desagradable) y/o de síntomas somáticos de tensión. El objetivo del daño anticipado puede ser interno o externo. Es una señal de alerta que advierte sobre un peligro inminente y permite a la persona que adopte las medidas necesarias para enfrentarse a una amenaza. Es importante entender la ansiedad como una sensación o un estado emocional normal ante determinadas situaciones y que constituye una respuesta habitual a diferentes situaciones cotidianas estresantes. Así, cierto grado de ansiedad es incluso deseable para el manejo normal de las exigencias del día a día. Tan sólo cuando sobrepasa cierta intensidad o supera la capacidad adaptativa de la persona, es cuando la ansiedad se convierte en patológica, provocando malestar significativo con síntomas que afectan tanto al plano físico, como al psicológico y conductual.

Las crisis de angustia pueden aparecer en cualquier trastorno de ansiedad, habitualmente en situaciones vinculadas con las características centrales del trastorno (la persona que tiene una fobia a las serpientes puede sentir pánico cuando ve una). Esas crisis de angustia se consideran previsibles. Las crisis de angustia imprevistas son las que ocurren espontáneamente, sin ningún desencadenante aparente.

La mayoría de las personas con un trastorno de angustia lo esperan anticipadamente y se preocupan por la aparición de otra crisis (ansiedad anticipatoria) y evitan los lugares y situaciones en los que han sentido angustia con anterioridad. Las personas con un trastorno de angustia se preocupan porque creen tener alguna enfermedad peligrosa del corazón, pulmón o cerebro y visitan repetidamente a su médico de familia o al servicio de urgencias en busca de ayuda. Por desgracia, en estos casos la atención suele centrarse en los síntomas clínicos generales, y a veces no se establece el diagnóstico correcto.

El trastorno de angustia se diagnostica después de haber descartado los trastornos físicos que pueden simular ansiedad y cuando los síntomas cumplen los criterios diagnósticos estipulados en el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, quinta edición (DSM-5). Los pacientes deben tener crisis de angustia recurrentes (no se especifica la frecuencia) en las que ≥ 1 ataque es seguido de uno o ambos de los síntomas que se menciona a continuación, durante ≥ 1 mes:

– Preocupación persistente de sufrir crisis de angustia adicionales o preocupación sobre sus consecuencias ( perder el control, volverse loco)

– Respuesta conductual inadaptada a las crisis de angustia ( evitar actividades corrientes, tales como el ejercicio o situaciones sociales a fin de prevenir nuevas crisis)

– Algunas personas se recuperan sin tratamiento, en particular si continúan enfrentándose a las situaciones en las que se han producido las crisis. Para otras, las crisis de pánico siguen un curso creciente y decreciente, en especial cuando no se tratan.

– Los pacientes deben saber que el tratamiento los ayuda a controlar los síntomas. Si no se desarrollan conductas de evitación, puede bastar con tranquilizar al paciente, educarlo para controlar la ansiedad y animarlo a quedarse en los lugares en los que han aparecido las crisis de angustia. Sin embargo, es probable que se necesite el tratamiento farmacológico combinado con una psicoterapia más intensiva en un trastorno de larga duración que implique crisis frecuentes y conductas de evitación.

Los problemas de angustia son muy frecuentes en nuestros días y, sin lugar a dudas, el tratamiento más efectivo para solucionarlo es acudir a terapia psicológica. Los psicólogos son profesionales preparados para tratar este tipo de problemas, que pueden ayudar a los pacientes a descubrir las causas subyacentes de sus preocupaciones y temores; y pueden facilitarles ciertas herramientas que les ayuden a relajarse y a mirar las situaciones desde una nueva perspectiva. Asimismo, pueden ayudar a éstos a desarrollar mejores habilidades de afrontamiento y resolución de problemas.

Ayudar al paciente a tolerar la incertidumbre es una de las claves: no se puede controlar todo, y es más, las cosas salen mucho mejor cuando no queremos controlarlas, cuando nos dejamos llevar. Nos ponemos ansiosos cuando no podemos ponerle palabras a las sensaciones que sentimos, la escucha atenta de un profesional, nos ayuda a aprender a hablar de nuestros conflictos, en lugar de sufrirlos en el cuerpo en forma de palpitaciones, ahogos, presión en el pecho, diarreas o vértigos.

Una vez que la persona comprende la raíz real de su problema, entendiendo con ello el que conozca cuáles son los aspectos psicológicos, ambientales e interpersonales que están presentes así como sus propias características de personalidad, se le entrena para que adquiera nuevas estrategias que le ayuden a afrontar las situaciones y sobre todo  para que adquiera habilidades que le permitirán no solo exponerse a la situación temida, sino que lo haga con seguridad y control. Para ello técnicas como la reestructuración, la relajación, la respiración o la exposición, entre otras, serán necesarias para el éxito del tratamiento.

Stefania Aguzzi

@stefaniaaguzzi