Betty Amadio modelo de resiliencia

VALENCIA – Betty Amadio médico veterinaria, empresaria y escritora, nacida en la tierra donde llegaron sus padres emigrantes italianos, quienes lograron crear sus empresas con mucho esfuerzo y generar un capital humano consolidado que a pesar de la crisis, sigue apostando por este país.

“Soy hija de emigrantes italianos, mi papá se llamaba Tommaso Amadío, el falleció hace 4 años, mi mamá se llama Elisabetta. Mi padre llegó a Venezuela el 12 de octubre de 1950 en el barco Americo Vespuccio, vino sin nada en el bolsillo con una maleta de cartón llena de esperanza y con muchas ganas de trabajar”.

Amadio relató a la Voce D´ Italia las andanzas de su padre, y comentó que Tommaso dejó  su tierra natal, sus padres y hermanos muy joven, siendo el mayor de 6 hermanos. Arribó por el puerto de la Guaira sin destino fijo, conoció a unos paisanos y estos lo invitaron a irse a Valencia.

A su llegada a Venezuela su padre contaba con 20 años, era “marchigiano” y su esposa también, a quien conoció cuando regresó a Italia muchos años después de su estancia en Venezuela, manifestó Amadio.

Su padre siempre trabajó con ganado y sabía mucho de carnicería porque era lo que había trabajado  toda su vida en Italia.

“Primero trabajó en construcción pero no le gustaba, hasta que encontró un empleo en una carnicería que era lo que dominaba, el dueño no tenía hijos y prácticamente le regaló la carnicería a Tommaso, quien junto con un hermano la sacaron adelante”.

Sin embargo, Tommaso cuando llegó a Venezuela ya tenía un proyecto bajo el brazo que era montar una fábrica de embutidos, hasta que en 1967 se materializó el sueño y fundó la empresa de embutidos Productos Amadio.

Posteriormente adquirió una finca, pues él era ganadero, la finca está en Cojedes y se llama El Totumo, “allí crecimos mis hermanos y yo, trabajamos y pasamos vacaciones, no había viajes, solo trabajo”, detalló  la empresaria.

Volver a nacer

Hoy día, Betty Amadio es la directora ejecutiva suplente de la fábrica. “En 2017 la empresa fue saqueada, lo que no se pudieron llevar lo dañaron, máquinas, oficinas y finalmente se llevaron la comida”, dijo.

Los hijos con el compromiso moral hacia sus padres y respetando todo el sacrificio de la creación de la fábrica, que para ese momento cumplía 50 años de establecida y se estaba preparando la celebración y condecoraciones de los trabajadores, solo pudieron realizar una misa, porque la empresa estaba cerrada y continuó así durante 5 meses.

Gracias a excelentes trabajadores con sentido de pertenencia único, la empresa despegó nuevamente. Fue muy duro porque la destrucción fue total, solicitaron créditos bancarios a través del gobierno que les fueron aprobados, aunque cuando la empresa arrancó no los habían abonado.

“El slogan de mi papá era trabajo, trabajo y más trabajo”, fue un campesino que laboraba de lunes a lunes. Cuando falleció tenía 84 años y hasta un año antes iba a la finca a supervisar el ganado, las instalaciones de la fábrica de embutidos, todo lo que fuese necesario, relató.

La familia también atiende el sector agropecuario, Betty y su hermano son médicos veterinarios y se dedican a la actividad ganadera a la par de la fábrica, la cual les apasiona. Ella se siente orgullosa de ser hija de italianos pero siempre agradece a sus padres haber nacido en Venezuela.

Un alto costo

“Ser ganadero y tener una empresa reconocida, hace que lamentablemente tengas en contra algunas cosas, a mí me tocó vivirlo en carne propia, porque el 30 de abril de 2003 fui víctima de secuestro, porque somos un apellido conocido en Valencia”. Betty estuvo 40 días secuestrada,“y te podrás imaginar el trauma y el trago amargo que tuvo que pasar mi familia”, indicó.

Nueve años después de su secuestro, también secuestran a su mamá y a una tía, ellas estuvieron 9 días en cautiverio y fueron rescatadas por el DAES.

Relató que de todas estas experiencias  que te pone la vida en el camino, cuando te ocurre algo negativo, tienes dos  opciones, o te hundes y te quedas en ese hueco, quejándote por lo que te pasó, o usas esa experiencia para convertirla en energía positiva y ayudar a otros que hayan pasado por lo mismo, y que no tengan la misma  fortaleza para afrontarlo.

“A mí el secuestro, me convirtió en otro ser humano,  todo el potencial que tienes sale a flote, sea bueno o malo, soy una persona mucho más humana y cariñosa, muy sensible para unas cosas, aunque para otras me volví un tanto dura, hoy soy una persona más guerrera, más valiente, más echada para adelante, con ganas  de comerme al mundo, en fajarme en lo que me toque”, expresó.

Amadio escribió un libro durante su cautiverio  llamado “Cuarenta días: Diario de Mi Secuestro”. Ella no tenía reloj, sus cuidadores le facilitaron unos papeles, allí anotaba lo que le sucedía todos los días,” las condiciones no eran muy cómodas” detalló. Para ese momento tenía 3 hijos y era la primera vez que se ausentaba de la casa y se sentía culpable, de esta forma podía contarles a su regreso todo lo que le pasó.

Así que les escribió un cuento que se llama “Mamá Bianca y su Aventura”, explicando a los hijos que no los había abandonado ni que los había dejado de querer, así todos los días anotaba lo que comía, como dormía, que pasaba…

Paralelamente su hermana le escribió un diario de todo lo que acontecía con sus hijos, porque ella sabía que a Betty le gustaban los diarios, entonces anotaba todo lo que ocurría en la casa familiar, pues su esposo y los niños se fueron a vivir con la abuela materna, por medidas de seguridad y negociaciones.

La empresaria también tenía grabadas todas las conversaciones de negociación de su esposo y hermano con el comandante que la secuestró, así que con todo ese material decidió hacer el libro y contar su experiencia, donde también describe algunas herramientas que se pueden utilizar para evitar lo que a ella le sucedió.

Una historia con voz

Posterior a esto la escritora comenzó  a dar charlas y contar su experiencia, saliendo a relucir la palabra resiliencia, “donde sacamos nuestras capacidades para salir fortalecido de las experiencias negativas”. Transmitiéndole a las personas que “la vida es bella y que uno no puede entregarse”.

Venezuela vive una época de inseguridad e incertidumbre, sin embargo este país significa mucho para la empresaria y su familia, una mujer guerrera que sigue apostando al trabajo, donde aprendió a dar valor a las cosas que realmente son importantes y que le inculcaron sus padres.

“Está permitido sentir rabia, llorar, sentir  impotencia, pero lo que no está permitido es rendirse ni entregarse, nosotros como  empresa seguimos trabajando aunque no haya materia prima, aunque suban los costos, etc. Pero aquí estamos trabajando y echándole pichón, no podemos entregarnos y no podemos permitir que nos arrope el desánimo”, afirmó.

La Colonia italiana es importante en el estado Carabobo y en Venezuela, muchos italo-venezolanos han decidido irse del país o cerrar empresas. “Yo pienso que debemos seguir trabajando y cuando pase esto, vamos a ser los héroes de esta historia tan ruda que atraviesa nuestro país, porque ya hemos superado mucho y hay que tener mucha fe y muchas ganas de trabajar”, concluyo la empresaria.

María Elvira Bargiela