Diosa

Diosa

Ni la ducha ni el aire del metro han conseguido refrescar mi cuerpo.  Mi piel sigue expulsando lo que queda de alcohol en mi cuerpo de la noche anterior, mientras subo las escaleras del edificio donde vive Marcos.

El timbre de su puerta no funciona, golpeo con el puño porque suele escuchar la música alta y no le deja adivinar mi presencia tras la puerta.

Como siempre me recibe con su aire oscuro. –Llega tarde, señorita.

Durante por lo menos una hora, esa será la única frase que escucharé de su boca. Marcos no habla, aún no he entendido si es que no le gusta o no tiene nada que decir.

Cierra la puerta detrás de él y arrastra los pies por el pasillo.

Conozco el camino y voy directa a la cocina.  Él se detiene para bajar el volumen de la radio. Me sirvo un vaso de agua fría de la nevera. Me lo bebo de golpe con los ojos cerrados. Noto su presencia detrás de mí. –¿Por qué no te quedaste anoche?

Dejo el vaso en el fregadero y sorprendida por la locuacidad de Marcos, me doy la vuelta para contestarle –No me acuerdo de nada, no me acuerdo ni cómo llegué a casaCreo que bebí demasiado, no estoy acostumbrada.

Marcos se da la vuelta y empieza a cortar zanahorias.

Silencio. No soporto el silencio entre nosotros, me pone nerviosa. Marcos debe de tener algún problema con las conversaciones normales, él solo habla cuando follamos.

-¿Se quedó hasta tarde? Quiero decir…la gente, si se fueron tarde. Bueno, qué más da, tampoco yo sé a qué hora me fui. ¿Te ayudo?

Sigue cortando las zanahorias sin levantar la mirada. Si no le conociera de hace tiempo, entraría en pánico pensando que me ha leído los pensamientos.

Me acerco por detrás y le beso el cuello por debajo del pelo. No entiendo cómo puede soportar el pelo suelto con este calor. Huele a recién duchado. Aparto su pelo y paso mi lengua detrás de la oreja izquierda.

Marcos me gusta, llevamos tiempo acostándonos sin hablar de lo que hay entre nosotros, a lo mejor porque en realidad solo hay buen sexo…y de eso no se habla, solo se hace.

Me alejo para mirarle, me encanta su silueta, tan delgado que los calzoncillos solo los llena por la parte delantera.

La camiseta blanca, casi gris y desgastada de tanto lavarla, le queda grande…dice que no soporta las cosas apretadas.

Me acerco con paso felino, le acaricio los brazos, no suelta el cuchillo, sigue cortando zanahorias.

Mis manos frotan su piel, desde los brazos pasan al vientre, los dedos se abren camino entre la goma del calzoncillo y sus pelos rizados. Puedo sentir su rigidez debajo de las palmas de mis manos que no paran de acariciarle.

Aquí está, la he encontrado…creía que no iba a salir a saludarme. Ven aquí pequeña mía, enséñame qué grande estás hoy.

La agarro fuerte, empieza a crecer tanto que ya no cabe en mi mano. La suelto y la acaricio, desde arriba hacia abajo recorriendo su curva y su pendiente hasta llegar a llenarme la mano con sus bolas.

Suelto el tesoro para darle la vuelta. Se deja.

Beso sus labios cerrados, los acaricio con mis dedos y mi lengua a la vez.

Sigue con el cuchillo y la zanahoria en sus manos. Me ha dejado claro que él es el invitado de este banquete.

Sin perder de vista sus ojos me arrodillo delante de su templo. Dejo al descubierto su altar bajándole lentamente los calzoncillos.

Nos volvemos a ver…vamos a jugar un poco ahora…

La agarro fuerte y retiro su pellejo dejando desnudo el capullo con su piel tersa y brillante.

Acerco mis labios y lentamente los froto sacando la lengua húmeda como una madre queriendo quitar una mancha de chocolate de la mejilla de su hijo, más saliva, necesito más saliva.

Su capullo ahora reluce delante de mis fauces, mi lengua no para de mojarle de arriba a abajo, por los laterales, le miro, aquí de pie delante mío y sin inmutarse, sin soltar el cuchillo y la zanahoria.

Me quedo quieta, le miro, le desafío.

Su verga a un milímetro de mi boca, a un segundo de estar dentro de ella, quieta…no te muevas Lilit.

Mírame estúpido, cuánto más puedes aguantar antes de agarrarme por el pelo y metérmela a la fuerza en la boca.

Eres la pelirroja más caprichosa que haya conocido nunca. Termina lo que has empezado.

Me ha pedido que acabe con él, abro la boca, cierro los ojos, es mía, toda mía.

La aprieto con los labios, la dejo apoyada en el hueco de mi lengua, hasta al fondo. Veo caer el cuchillo y la zanahoria, con una mano agarra mi pelo, quiere mirarme…quiere ver cómo desaparece su nabo duro en mi boca. Le tiemblan las piernas.

Me la saca de la boca tirándome del pelo, se la agarra con la otra mano pasándomela por los labios, por los ojos –eres guapa mi Diosa, envuelta entre llamas del fuego de la pasión, mi Diosa, te vas a tragar mi placer, te lo vas a tragar todo. 

Me libero y retomo el control de los movimientos, de los tiempos, y mientras tanto mis bragas se mojan.

Agarro su polla con las dos manos, vuelvo a mojarla con mi lengua y empezando por el capullo, voy lamiendo cada milímetro de su piel. Al mismo tiempo mis manos suben y bajan su piel.

Por favor, no paréis. Como si no estuviera, solo quiero un vaso de agua.

Una voz, aquella voz, estalla en mi cabeza.

Suelto todo cayendo de culo al suelo.

No doy crédito, qué coño hace ella aquí en bragas y camiseta paseándose por la cocina de Marcos

Desde el suelo levanto la cabeza mirando a Marcos. Su polla sigue dura y me impide mirarle a la cara.

Me levanto de golpe y lo único que se me ocurre decir es “hola”.

www.eldiariodelilit.com