¿Para nuestro destino, por favor?… “Siga por ahií ¡Derechoo!” (I)

… y así fue como la madrugada del jueves 12 de diciembre del 2019 partimos hacía donde nace el sol de Venezuela, para recorrer 6 estados, en un periplo que duraría 36 horas cubriendo una distancia terrestre de 1.300 kilómetros.

Eran las cinco de la mañana cuando el motor de la camioneta Bronco de nuestro gran amigo Pier Luigi Michelangelo comenzó a roncar con fuerza para calentar sus componentes que llevaban acumulados ya poco más de 30 años, y cuyo sonido nos daba la confianza necesaria, tal si fuese el relincho del más fiel de los caballos, para garantizarnos la seguridad que tendríamos al recorrer los llanos del oriente venezolano.

Desde Aragua, atravesando los estados Miranda, Distrito Capital, Anzoátegui, Monagas y Guárico, llevaríamos el mensaje de la institución que representa al padre de la lengua italiana en el mundo: Primero a la ciudad de Puerto La Cruz, y de regreso a la ciudad de Valle de la Pascua, pero en el intermedio compartiríamos en Maturín, nuestro Viaje Onírico al Mundo de Dante invitados, a través del vice consulado de Italia local, dirigido por Giovanni Salvador Fiorello Perugini y que tiene bajo su jurisdicción también el estado Delta Amacuro.

Más sin embargo, el verdadero combustible de esta iniciativa fue, el representante de los friulanos en el mundo Marco De Franceschi, un joven de 26 años por demás talentoso y que viene realizando un trabajo excepcional en cuanto a aglutinar a nuestra colectividad alrededor del legado dejado por nuestros padres y abuelos, a través de ese proceso de transformación que significa pasar del concepto de la nostalgia al de la simpatía por todo aquello que lleve sello italiano, integrando a todo aquel que se sienta itálico (no es necesario ostentar el ius sangunis, es suficiente amar el mundo en italiano, es albergar en el alma una verdadera y sincera italsimpatía).

Muestra de ello es que su iniciativa permitió concretar un deseo, nacido hace tres años, cuando la profesora Alfonsina Zapata nos contactó expresando su interés de establecer un Comité de la Dante Alighieri en esa ciudad, ya que estaba dando clases de italiano en la sede de la recién instituida seccional de la Cámara Venezolana Italiana CAVENIT, dirigida por el amigo Constantino Bordone.

Guiaba nuestro camino por la Autopista Regional del Centro el hermoso reflejo del último plenilunio del año, conocido también como la “Luna fría” ya que da inicio a la temporada en el hemisferio norte de las noches largas y donde comienza a bajar abruptamente la temperatura nocturna. Otro fenómeno celestial que tiene su clímax precisamente entre el 11 y el 13 de diciembre es la llamada lluvia de las estrellas Gemínidas y que llega a alcanzar un promedio de 120 meteoros por hora. La luz artificial que emanaba de la ciudad de Maracay junto al intenso reflejo de luz solar que proyectaba el disco lunar nos impidió poderlas disfrutar, además la ansiedad por conseguir gasolina nos tenía en tensión ya que eran días que escaseaba, generando enormes colas en las bombas. Confiados por demás que en la capital no tendríamos problemas para surtirnos y completar así el tanque de 120 litros de nuestro vehículo, llegamos cerca de las 6 y 30 de la mañana a la bajada de Tazón y frente a la intersección con la entrada del hipódromo nos conseguimos con una retención que parecía sacada del álbum de los recuerdos, con paciencia fuimos lentamente circulando, especulando que si el “tapón” lo generaba el flujo vehicular que bajaba de la capital mirandina, o si eran trabajos de mantenimiento que se estaban realizando en algún canal de la Valle-Coche, para finalmente darnos cuenta que la lentitud en el desplazamiento se debía a las columnas de automóviles que crecía a golpe de ojo, para optar un turno en la estación de servicio de Fuerte Tiuna.

Resignados, nos adentramos en la ciudad para tratar de ubicar la fila más corta y perder el menor tiempo posible, cosa que logramos hacer en la de Santa Fe y cuando eran las 8:30 de la mañana nos encontrábamos listos para enrumbarnos por la autopista Gran Mariscal de Ayacucho. Café en mano y unos deliciosos alfajores caseros nos dieron las energías necesarias para despertarnos y animarnos para alcanzar nuestro primer destino y cuyo encuentro estaba pautado para las 11 de la mañana.

Un buen ritmo llevábamos en nuestro recorrido que desde Petare nos llevó hasta la bifurcación de Higuerote donde terminan los tramos ejecutados y nos obliga a incorporarnos nuevamente a la carretera nacional a partir de la emblemática localidad de El Guapo, no sin antes “divertirnos” un poco por el laberinto que representa el pueblito que nos conecta con Rio Chico, en ese jueguito de encontrar la calle correcta, nos topamos con un secador improvisado de cacao en la acera, haciendo que recordásemos como el estado Miranda es uno de los principales productores de este preciado rubro y que según datos oficiales durante el 2019 se exportaron desde aquí cerca de mil toneladas, será cuestión de conversar con nuestro amigo Alejandro Marius quien dirige la fundación Trabajo y Persona y junto a CAVENIT llevan adelante un proyecto de empoderamiento nacional con el cacao.

A pesar de que el reloj marcaba inexorablemente las horas aprovechamos que en el sector de Cupira nos topamos con un surtidor de gasolina sin ningún tipo de congestión vehicular y llenamos nuevamente los depósitos para seguir nuestro camino con algo de tranquilidad, hasta nuestra primera parada ubicada en el límite mismo entre la ciudad de Barcelona y el sector de Lecherías. Para calmar la ansiedad por el atraso acumulado, conversábamos sobre la red de centros italo que se desparrama por todo el territorio nacional, de hecho, a esta altura del viaje eran al menos cuatro centros que habíamos dejado atrás empezando por la Casa de Italia de Maracay, siguiendo por la Casa de Italia de los Teques, El Centro Italiano Venezolano de Caracas y la Casa Sicilia de Mampote.

Eran casi las trece horas cuando finalmente pudimos abrazar a nuestro gran amigo y presidente del Centro Italo Venezolano de Oriente, Miguel Millán quien inmediatamente nos dirigió al salón donde pacientemente nos esperaban los alumnos de la academia de italiano dirigida por el profesor Erminio Somma, sin mayores preámbulos comenzamos a compartir inquietudes y aclaratorias en cuanto a la Certificación de la Competencia en el idioma italiano, que desde el 01 de diciembre del 2018, el Gobierno Italiano exige como parte de los requisitos para tramitar la nacionalidad italiana vía matrimonio. Explicamos el Cuadro Común Europeo de Referencias para las Lenguas y sus 6 niveles de capacitación: A1, A2, B1, B2, C1 y C2. Cuáles eran las sedes oficiales donde se podía presentar el PLIDA, así como mencionamos las otras instituciones que funcionan en Venezuela donde se puede aplicar para obtener el certificado B1 (además de la Sociedad Dante Alighieri-Universidad de La Sapienza, la Universidad de Perugia, la Universidad de Siena y la Universidad Roma 3 son las otras Alma Mater autorizadas por Italia para avalar la competencia).

 

Muchas preguntas, muchas inquietudes se evidenciaron en este encuentro lo cual nos indica que hay que seguir realizando este tipo de trabajo de campo e ir considerando la posibilidad cierta de abrir nuevos Centros de Certificación que puedan darle respuesta a todos aquellos que busquen el requisito necesario para obtener la nacionalidad o el permiso de residencia o que quieran estudiar en las universidades italianas. Se habla que, en Venezuela, al menos un 10% de su población residente tiene sangre italiana, por lo que la integración multicultural no es un evento aislado y esporádico, sino todo lo contrario derivando en la conformación de núcleos familiares que son el sello que ha caracterizado a ambos países, convirtiéndolos en verdaderos crisoles donde se mezclan razas y religiones, transformando nuestros pueblos (el venezolano y el italiano) en ejemplos de tolerancia y universalidad.

 

Lamentablemente el tiempo conspiraba en contra de nosotros porque teníamos pautado para las cinco de la tarde un encuentro en la capital del estado Monagas, por lo que, a pesar de la amable insistencia de nuestro anfitrión por no dejarnos partir con el estómago vacío, sólo pudimos aceptar un pequeño refrigerio a base de cebada que nos supo a gloria y que contrarresto el inclemente calor oriental, mientras degustábamos nuestras bebidas llegó la llamada del presidente de la Federación de las Asociaciones Italo Venezolanas-FAIV, el ingeniero Carlos Villino que se comunicaba con el amigo Millán para confirmarle la Asamblea del sábado 14 que se llevaría a cabo en el Centro Italiano Venezolano de Caracas para elegir los nuevos integrantes de la Comisión que regirá el proceso electoral de esta importante institución de la colectividad italo venezolana. Tomamos el teléfono para saludarlo y el amigo Carlos nos indica que muy probablemente para la primera asamblea del año que viene estaremos siendo invitados para que podamos discernir sobre el PLIDA con los representantes de los más de 20 clubes, casas y centros italo-venezolanos que aún se mantienen activos en el país. Sin mayores retrasos nos despedimos y tomamos nuevamente camino, no sin antes repostar combustible en esta ciudad donde no había absolutamente ninguna evidencia de escasez de gasolina y, por supuesto, comernos unos sandwichitos caseros que nos estaban esperando desde nuestra salida a las cinco de la mañana de Maracay.

Me quede pensando sobre la reunión del viernes 13, a la cual había sido invitado por el agregado comercial italiano, el doctor Placido Vigo para compartir experiencia e ideas en la consolidación del Sistema Paese, según fue establecido en el Consejo de Ministros del primero de agosto del 2008; la reunión estaba pautada para las 10 de la mañana junto con el resto de los representantes de la colectividad italo venezolana organizada: CGIE, COMITES, FAIV, CAVENIT, Sociedad Dante Alighieri, etc. Lamentablemente, por el compromiso con Oriente, no iba a poder asistir, tal y como se lo manifesté por escrito a nuestro Embajador, pero que nos poníamos completamente a su disposición para coordinar y afianzar las ideas y proyectos que de esa reunión emanarían.

(Foto cortesía Federico Olioso. Relaciones Públicas CAVENIT)

Durante el trayecto, mi compañero de viaje Pier Luigi Michelangelo, que representa a los ciudadanos de la región Abruzo en Aragua, me comentaba como entre los asistentes se encontraban oriundos del mismo pueblo natal del papá confirmando, una vez más, esa enorme capacidad de adaptación y dispersión que aquellos emigrantes italianos de la postguerra tuvieron en este país y que hicieron próspera Venezuela y ayudaron a levantar nuevamente la Madre Patria que estaba a 10.000 kilómetros de distancia. Dicen que la historia es cíclica y hoy pareciera que esta se repite, pero a la inversa, actualmente son miles los jóvenes, muchos de ellos nietos de esos emigrantes, que salen de Venezuela en busca de respuestas que puedan satisfacer sus propias expectativas por un futuro mejor.

Con esa reflexión llegamos a los campos petroleros que inundan todos estos predios desde la población de El Tejero, Jusepín y más allá, donde la noche parece día por las impresionantes columnas de fuego que emanan de enormes antorchas llamadas Mechurrios. Son cientos de kilómetros cuadrados cubiertos de lenguas de fuego que desde los lejos recuerdan a las Malebolge del Infierno de Dante. Mucho se ha hablado de esto, en cuanto al aprovechamiento que podría hacerse de todo ese gas que se pierde y que bien se podría aprovechar para abastecer las necesidades de tantos hogares venezolanos. Se calcula que diariamente se quema el equivalente a 1.600 millones de pies cúbicos de gas no procesado, cantidad que ha sido comparada con los niveles de exportación que Bolivia hace de este rubro a países como Argentina y Brasil. Situación un tanto paradójica si se considera las penurias que se pasan al existir en el país un agudo problema de distribución de este preciado combustible fósil, convirtiendo en un verdadero calvario el cocinar y servir caliente la comida. Luego de filmarlos y tomarnos la foto junto a la Virgen del Valle, en la redoma de entrada de la población de Punta de Mata para exorcizarnos de la cohorte de los demonios de Malebolge. Llegamos al puesto de control de la Guardia Nacional El Furrial a unos 25 km de nuestro destino, contentos por demás porque estábamos a tiempo, eran las 4:20 de la tarde, y la actividad estaba pautada para las 17 horas.

Como corresponde, los funcionarios adscritos a esta alcabala, nos pidieron los documentos y nosotros diligentemente se los entregamos y fue cuando comenzó nuestra pesadilla. Ante la pregunta de dónde veníamos y el porqué de nuestra visita, le indicamos que estábamos invitados por la autoridad italiana local para llevar a cabo una conferencia sobre literatura clásica, incluso mostramos el documento que nos acreditaba como representante electo del COM.IT.ES. y donde reza claramente la consideración a tener en cuenta a nuestra persona: “se ruega a las autoridades civiles y militares prestar la colaboración necesaria para facilitar el cumplimiento de sus funciones” y que en la práctica se demostró letra muerta. Sin mediar razones y en una actitud totalmente desproporcionada y fuera de lugar, nos indican apearnos a la derecha y bajarnos del vehículo, para comenzar a revisarlo exhaustivamente sacando y abriendo todo lo que estaba allí: Bolsos, cajas, neveras, caucho de repuesto (desinflaron y sacaron el rin) y al no quedar conformes se llevaron la camioneta junto a su dueño, mi compañero Michelangelo que previamente ya se había identificado como el actual presidente de la Cámara de Construcción del estado Aragua y que tampoco sirvió de nada para suavizar la postura de estos funcionarios, argumentando que estaban haciendo su labor. Más bien la actitud asumida fue aún mucho más agresiva al comenzar a desmontar puertas, vidrios y alfombras en la supuesta búsqueda de sustancia ilícitas, incitándonos incluso a confesar. Alarmados por demás, procedimos a ponernos en contacto con las autoridades que nos esperaban en la capital de Monagas y que intervinieron prestamente llamando a los superiores para que verificasen el procedimiento que se estaba llevando a cabo en dicho puesto de control, y justo cuando estaban por tumbar el tanque de gasolina, que tanto nos había costado llenar, se generó un radical cambio de postura y es entonces cuando recibimos las debidas disculpas por el exabrupto cometido y que aceptamos, aún un poco perturbados por la experiencia vivida, y como demostración de haber superado el impasse les regalamos uno de nuestros libros publicados y que llevábamos de obsequio, así como una pieza elaborada por el escultor Benito Parra y que representa uno de los pasajes más sublimes del Infierno donde pagan sus culpas en eterno las almas pecadoras.

Emprendimos nuevamente viaje pero lo que sucedió a continuación lo contaremos en la próxima entrega.