Las reglas de tres 

Las reglas de tres
Las reglas de tres. (Lilith)

—¿Todo eso es tuyo…? ¿Puedo verlo?

Frota su mano en la entrepierna mientras él me mira sin pestañear.

—Vaya, qué dura la tienes, está lista para salir.

Le desabrocha el pantalón bajando la cremallera lentamente. Le deja en calzoncillos. Acerca sus labios al tejido, presionándolos con ligeros mordisqueos. Su polla golpea el envoltorio, quiere salir.

—Acércate, ven a jugar con nosotros— me sonríe.

Me siento en el sofá, coge mi mano y la lleva a la polla desnuda de Pedro, el que era entonces mi chico.

Mientras ella sigue de rodillas entre las piernas de mi chico, disfruta de su juego y de sus reglas viendo a sus marionetas obedecerle.

Mueve hilos…mi mano aprieta el falo y lentamente deja al descubierto el capullo brillante. La lengua de Pedro en mi boca, sofoca todo tipo de gemido.

—Oh sí, eso es, no paréis…

Sigue moviendo hilos.  La mano de Pedro sobre mi pecho, movida por la suya, busca el pezón por debajo de la camiseta. Lo encuentra, su polla se estremece en mi mano.

La titiritera rubia con tetas grandes posa sus manos en mis piernas y las abre con rapidez sin encontrar ninguna oposición de mi parte. Noto como el aire pasa a través de mi falda y sus dedos suben por mis piernas. Aprieta los muslos en búsqueda de mis nalgas frotando con sus pulgares mis rosados labios.

Pedro pasa de acariciarme el pelo a apretar fuerte mi cara contra la suya mientras la rubia sigue moviendo mi mano y la suya acariciando las partes íntimas y haciendo del movimiento rotatorio un vórtice de placer para los tres.

—Túmbate— me ordena.

Me deja desnuda en el sofá, Pedro sigue mirándome. Veo en sus ojos el miedo a que de un momento a otro pueda decidir dejar de jugar.

Pedro se desnuda rápido y aproxima su cara a mi sexo. Cierro los ojos y dejo que mis sentidos construyan las imágenes en mi cabeza.

La veo cerca de Pedro. La huelo cerca de mi cara. Siento sus dedos en mi coño mientras oigo a Pedro jadear detrás de ella en cada embestida. Su lengua me relaja, me asusta, me hace temblar y gemir. Pedro le aprieta el culo con las dos manos, ella le pide más, que sean más fuerte sus golpes, que la llene con toda su dura polla hasta el fondo.

Pedro se acerca, se pone de rodillas delante de mi y me penetra. Levanta mis piernas, me abre, me ofrezco. Ella nos mira sin participar esta vez. Se toca.

—Este coño necesita que sepa cuánto nos gusta. Tienes que dárselo todo para que después pida más— Sigue dando instrucciones a Pedro.

Se acerca a mi oído —Pídele que te dé más. Dile que estás gozando y que no pare.

Agarro con mis manos el culo de Pedro y le acompaño en sus movimientos empujándole hasta el fondo.

—No te corras aún pequeño, déjame ver cómo vas— Saca la polla de Pedro y la agarra con fuerza con su mano. Se la lleva a la boca, la limpia con su lengua de mi flujo. La acompaña a la entrada de mi cueva y Pedro empuja. Al tercer empujón, un flujo blanco caliente empapa mis labios y mis piernas.

Los dedos de la titiritera mezclan los hilos y el flujo entrando y saliendo de mi coño hasta provocarme el más extraño de los orgasmos. Me incorporo rápido ayudada por los espasmos, agarro su pelo y la beso.

—Ya está, ya vale. Lo habéis hecho genial.

Pedro se viste rápido. Un poco avergonzado busca en el bolsillo de los pantalones el dinero que le debe a la rubia.

—Tenéis mi número por si os apetece repetir— Se va.

Sigo en el sofá desnuda. El flujo ya está seco y cristalino sobre mi piel.

Pedro sigue de pie y sin mirarme.

Me levanto y me voy a la ducha.

El agua caliente cubre mi cuerpo y elimina los olores.

¿Te apetece jugar?

Así empezó todo. Con una simple pregunta que Pedro me hizo. Por aburrimiento, por curiosidad o por lo que fuera, decidimos compartir nuestros cuerpos.

—¿Y cómo piensas hacerlo? ¿Conoces a alguien? —Le pregunto.

—No. Nunca lo he hecho. Me imagino que si la pagamos va a ser más fácil.

—¿Y que pasa si no nos gusta o si nos ponemos celosos? —Mis dudas siguen siendo un obstáculo a la fantasía de Pedro.

—Tenemos que estar de acuerdo. Eso no va a cambiar nuestra relación. Solo es un juego— Me contesta cogiéndome la mano —En ningún momento voy a dejar que no lo pases bien.

—Creo que no voy a poder soportar la idea de que toques a otra mujer en mi presencia— Bajo la mirada.

—No la tocaré, ni la miraré y ella no me tocará. Me dedicaré solo a ti. Es un juego— sigue repitiendo.

—¿Y si nos gusta y lo que tenemos ya no es suficiente? ¿Si queremos más?

—Te daré más…pequeña.

Coge el móvil y empieza a buscar paginas de citas. Delante de nuestros ojos escurren caras y cuerpos medio desnudos.

—¿Te gusta esta? — me pregunta indicando a una rubia.

—Pedro, no me gustan las mujeres. No sé qué decirte. Prefiero que la elijas tú…No, mejor lo dejamos, me estoy poniendo nerviosa— Dejo de mirar a la pantalla.

—Vale, nada de presión. Yo lo organizo. Tú no te preocupes por nada…te va a encantar, ya verás— Me abraza y me besa.

A Pedro siempre le han gustado las rubias con tetas grandes, no tenía dudas sobre su elección.

Salgo de la ducha, con el pelo recogido y sin toalla recojo mi ropa. Pedro mira por la ventana dándome la espalda. Me visto. Salgo de su apartamento.

Lo que recuerdo de aquel día fue el juego sin reglas y a Pedro dando la espalda a nuestra relación.

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