Dante Furcolo: “Me gusta estar detrás del mostrador para cortar y confeccionar”

CARACAS – Con más de cincuenta años ubicado en Colinas de Bello Monte, Dante Furcolo mantiene operativa su sastrería, negocio por donde han pasado innumerables clientes que lo acompañan desde sus inicios y para quienes, ha elaborado trajes a la medida y confeccionado prendas, con el clásico corte italiano.

Conocido por los vecinos por ser un hombre conversador, alegre y muy trabajador, este italiano nacionalizado venezolano en 1966, según decreto firmado por el entonces presidente Raúl Leoni, no ha perdido ni sus raíces ni el acento característico del sur de la bota.

Con puertas cerradas pero siempre activo frente a su máquina, la Sastrería Dante concedió una entrevista exclusiva a la Voce d´Italia, para compartir algo de la historia y vida de un profesional dedicado al oficio de confeccionar y coser trajes para caballeros.

Nacido en 1940 en Fontanarosa, provincia de Avelino, a casi 80 kilómetros de Nápoles, el hijo de Nicola y Margherita junto a 6 hermanos, comentó que cuando estaba pequeño en la Italia  de la posguerra se vivía una situación muy difícil. Por lo que sólo uno de sus hermanos pudo estudiar y graduarse de profesor, mientras que él se vio en la necesidad de empezar a trabajar desde los 6 años como aprendiz de sastre, primero con su tío y gran tutor Luigi Furcolo y luego con Antonio Sessa, su segundo maestro.

Relató que en 1952 su padre se vino junto a su hermano mayor a Venezuela, gracias al convenio “CIME” firmado en el año 1950 entre los gobiernos de Italia y Venezuela, mediante el cual a los inmigrantes italianos le daban ingreso y boleto gratis para venir a este país a trabajar.

Su tío Cirico ya había venido en 1950 y pidió a sus hermanos, entre ellos a Luigi, el sastre, y a Nicola, el papá de Dante,  quien a su vez lo pidió a él en 1955.

El resto de su familia, madre y hermanos Furcolo di Nicola se vinieron a Venezuela en 1959 y todos tuvieron una formación práctica, pues no tenían dinero para estudiar, menos su hermano Giuseppe, único que permaneció en Italia y hoy es un prestigioso catedrático.

El comienzo

“Me llegó el ingreso del CIME y el jueves 3 de noviembre de 1955 partí de Nápoles en el barco llamado ´Napoli de la ´Flotta Lauro¨ y llegué a Venezuela por el puerto de la Guaira un viernes 25 de noviembre (…) y el lunes 28 de noviembre empecé a trabajar con mi tío Luigi en Confecciones Dovilla, fábrica ubicada en San Martín, tenía apenas 15 años y allí duré aproximadamente 3 años”, detalló Furcolo.

“En 1959 luego de acumular valiosa experiencia, me abrí camino con mi propio esfuerzo, voluntad y capacidad de trabajo.  Tenía 18 años y abrí varias sastrerías; primero en la avenida principal del Cementerio, después en la Avenida Nueva Granada y por último en 1963, me mudé y fundé la Sastrería Dante en Colinas de Bello Monte, lugar donde hoy sigo trabajando”.

Dante, cuyo nombre se lo puso su padre por Dante Alighieri mientras que a su hermana morocha la llamó Beatriz (el amor del poeta italiano), simplemente porque le gustaban los nombres y sin poder precisar si a su papá le gustaba la “Divina Comedia”. Afirmó que tiene una clientela muy especial, desde políticos, artistas, gente famosa, e incluso le han pedido hacer el vestuario para algunas películas.

En su taller confecciona ropa moderna o clásica dependiendo del cliente, y les pone las telas, los modelos, el diseño, presenta el figurín y eligen lo que desean, porque son trajes a la medida, siendo su especialidad chaquetas y pantalones.

En ocasiones elabora trajes para niños, pues hay padres que piden piezas similares para sus hijos o para ciertas ocasiones como matrimonios o comuniones, pero no es lo habitual. Tampoco lo son los cortes femeninos, aunque hubo una época que estuvieron confeccionando trajes para damas, pero es otra área y prefirió no continuar en esa rama del negocio.

Un oficio de por vida

Con orgullo Dante destaca que está en el negocio de sastrería desde que prácticamente tenía 5 años, por lo que acumula 70 años cociendo y trabajando en lo que le gusta, pues aunque es un oficio duro, siente mucha satisfacción por lo que ha hecho durante toda su vida. “Hay que nacer para esto”.

Explicó que cuando se independizó siendo aún joven pudo hacerlo porque había un distribuidor que suministraba material y telas que daba chance de pagar a crédito semanal y eso, hizo posible poder adquirir su propio negocio, pero hoy la situación económica ha cambiado y ya no hay tantos pedidos porque la gente no sale como antes.

Por ello ha tenido que plegarse a la tendencia de arreglos de prendas porque los trajes cuestan mucho, sin embargo, destacó, siempre hay demanda y trabajo porque la gente quiere su flux a la medida, a pesar que en  estos tiempos de “cuarentena” no hay movimiento porque “estamos encerrados” y si acaso, puede presentarse un arreglo, pero es muy poco.

Devoción religiosa

Con ánimo jovial y siempre contento, mencionó tener una casita en su pueblo, a donde viaja con frecuencia para reunirse con sus amigos y hermanos que viven allá. Asimismo, se encuentran amigos de distintas partes del mundo que acuden para la fiesta a la Virgen María Santísima de la Misericordia que se celebra el 15 de agosto.

Gracias a la educación impartida por sus padres, Furcolo es un hombre religioso y en 1992 un grupo de paisanos se reunieron para hacer una escultura idéntica a la de su pueblo Fontanarosa.

Encargaron el trabajo al escultor Giovanni Cogliano para hacer la escultura y continuar la tradición de la fiesta en su honor, pero años después y en vista que la pieza era muy pesada, hubo la oportunidad de encargarla en Italia al escultor Salvatore Fucci, quien realizó la talla más liviana que pudo traerse a Venezuela para donarla a la iglesia de nuestra Señora de la Pompei en Caracas.

Sin embargo, indicó el sastre, durante los tres últimos años no se ha podido celebrar la fiesta religiosa debido a la situación económica del país.

Otros de los privilegios que ha tenido este creyente italo-venezolano, es haber recibido personalmente la bendición del papa Juan Pablo II durante su visita a Venezuela en 1996, hecho que lo llena de orgullo y refuerza sus creencias espirituales.

Su otra pasión

Con su charla amena, relató para la Voce que cuando su papá llegó a Venezuela compró una moto marca Aguzzi y su hermano mayor quien también la usaba, en 1955 le enseñó a manejarla, por lo que desde esa fecha hasta hoy sigue montando motocicleta porque es su gran hobby y le gusta pasear.

Dijo que compitió varias veces pero no a nivel profesional pero si compartía con sus amigos que en ese momento empezaron a surgir, entre ellos Cecotto, Tursini, Agustini, pero como no es mecánico sino sastre, siempre estuvo detrás de ellos y prefirió retirarse, aunque asistía a las carreras en Turagua. Actualmente sigue paseando por diversión e incluso fuera de Caracas cada vez que puede.

“Lo otra que me gusta hacer es el fútbol, jugaba poco pero fui director por 10 años de futbolito del Sport Colinas en la Concha Acústica donde hacíamos campeonatos”, afirmó.

Sin embargo, su sensibilidad hacia los problemas de la comunidad, lo llevó a presidir la Comisión de Deportes de Asocolinas (urbanización en la que también vive), donde logró reactivar algunos proyectos deportivos.

En el 2003 se postuló y ganó las elecciones de Juez de Paz en el Municipio Baruta y tres años más tarde volvió a postularse y gana una vez más como titular, con la mayor cantidad de votos de todo el municipio.

Eso le ha permitido tener 17 años en dicha labor e incluso fue invitado por los Jueces de Paz italianos a conocer en Avelino y Mirabello Eclano (Italia), el funcionamiento de la justicia, actividad que le fue muy enriquecedora para intercambiar experiencias.

Frente a la máquina

Destacó que en el negocio lo ayudan dos empleados, pero ninguno de sus (6) hijos ha seguido su camino, lo que tampoco le entusiasma porque trabajar en una sastrería es una esclavitud “para lo que hay que nacer”.

Destacó que en su caso se dedicó desde chiquito, pero es un trabajo fuerte y lo hizo porque necesitaba trabajar y no pudo ir a la escuela, además eran una familia numerosa y necesitaba producir.

“Mi aprendizaje de costura fue con la practica porque a los 15 años ya llegué de Italia con todos los conocimientos en la confección. En 1960 tuve la suerte que la fábrica Duvilla autorizó a un maestro italiano para que me enseñara a cortar y patronaje y me dio la oportunidad de aprender cómo se corta a la medida en Venezuela, porque en Italia hay diversos tipos de confección, en cambio aquí es básicamente uno solo: pantalón y chaquetas, porque hace calor y no se requieren abrigos para el frío”.

“Los cursos vienen solos, he asistido a desfiles aquí y en Italia y tuve la suerte de conocer. Las telas las consigo en Caracas con buenos proveedores y cada vez que viajo a Italia, aprovecho y me traigo un par de maletas con telas porque hay clientes que lo exigen, y los más exclusivos piden buenos cortes y telas especiales”.

“En Venezuela ya no somos muchos los italianos que quedamos dedicados a la sastrería, por eso prefiero dedicarme a los cortes de caballero, porque tampoco tengo tiempo para confeccionar para mujeres” y agregó que le acompaña Luigi Sposito, un sastre  de profesión oriundo de Nápoles, quien tiene 50 años trabajando con él y a quien todos conocen, para un total de 4 o 5 personas en el negocio.

Aseguró que su plan es seguir trabajando hasta que pueda, pues quedan a lo sumo 7 modistos buenos italianos y no hay quien emprenda una sastrería, ni fábricas,  “todos somos competencia y amigos”.

Recuerdos de infancia

Dante quien nació en 1940, manifestó que sus remembranzas de Italia son bastantes a pesar que era pequeño, pero recuerda siempre la necesidad que había, “vivíamos mal, no había nada, se sufrió mucho, pero eso cambió, ya Italia no es así, y cada vez que me reúno con mi gente de mi edad, compartimos nuestras vivencias”.

Lamentó que fueron momentos duros característicos de la postguerra, pero como niños se divertían simplemente con pelotas hechas con papel, jugaban fútbol y se entretenían también con botones y monedas viejas.

“Tuvimos fue formación práctica y no teníamos dinero para estudiar, pues los primeros 10 años después de la guerra hubo problemas de todo tipo, y ojala la gente lo sepa, y yo con apenas 7 u 8 años me acuerdo de cómo era y se movía todo”.

“Todos nos vinimos a Venezuela después de la postguerra porque en ese momento se podía y había que escoger entre Argentina y Venezuela y decidimos aquí. Actualmente mi familia en este país en grandísima, tengo primos, hermanos, nietos, sobrinos y bisnietos porque los Furcolo somos muchísimos”.

Comentó que su papá murió en Venezuela y lo llevaron a Italia, mientras que su madre falleció allá y siempre viajan en vacaciones y se encuentran amigos y familiares, pues el sastre de 80 años, único profesionalmente activo entre sus amistades contemporáneas, le encanta regresar a su pueblo y revive con su gente gratos momentos, juegan cartas y la pasa bien, a pesar que no tiene entre sus planes retirarse en Italia.

Con una dosis de optimismo, Dante Furcolo reconoce que no planifica a futuro y que actualmente debe estar  pendiente de su salud, por lo que no tiene proyectos para la sastrería, “simplemente como me gusta la confección, sigo allí”.

“Me gusta estar detrás del mostrador para cortar y confeccionar”, precisó al afirmar sentirse satisfecho con su trabajo por casi 70 años.

Letizia Buttarello Lavarte