Reviven el pasado italiano en Caracas

CARACAS – La Delegación de la Unión Europea en Venezuela ha venido desarrollando un programa de recorridos históricos y culturales para descubrir “las huellas europeas en Caracas”, actividad que este año se ha llevado a cabo de forma virtual, resultando, a pesar del confinamiento, muy interesante y concurrido.

El aniversario de la fundación Caracas, el pasado 25 de julio, fue la ocasión perfecta para organizar dos nuevos recorridos, y uno de ellos fue sobre “los tiempos italianos en Caracas”, donde se pudo conocer sobre la influencia de Italia en la arquitectura, costumbres, comida, así como el valioso legado que la inmigración trajo para quedarse.

El gran conocedor y experto que compartió sus vivencias fue el arquitecto Nikolajs Sidorkovs, también inmigrante nacido en Letonia (1944,). Llegó a Venezuela cuando era un niño, se graduó de arquitecto (UCV) y ha permanecido toda su vida en una nación que hizo suya.

Este amante de Caracas, quien conoce muy bien cómo se fue desarrollando la capital a raíz de la llegada de las diferentes comunidades europeas, comentó que luego de la Segunda Guerra comenzó el arribo de inmigrantes a Venezuela de diferentes naciones, pero con los italianos fue muy particular debido al plan Marshall.

Explicó que el sur de la bota se quedó desasistido porque a Italia era considerada traidora por su condición de aliada y en 1946 la situación se había complicado. Había mucha pobreza, hambre  y miles de fallecidos. En ese momento surgen dos países prósperos que necesitaban mano de obra, uno fue Libia, cuyos migrantes después resultaron muy maltratados y el otro fue Venezuela.

Para ese momento la inmigración hacia la nación suramericana era controlada y con cuarentena, porque el gobierno de Rómulo Gallegos quería traer familias europeas para garantizar la raza blanca en el país, porque solo había 2% de blancos en la población. Pero con la llegada de los militares que derrocaron al presidente y con la intención de formar un país petrolero, se abrieron todos los canales para que viniera quien quisiera trabajar, sin restricciones ni cuarentena, de manera que simplemente llegaban los barcos llenos a la Guaira y la gente buscaba dónde ubicarse.

Sidorkovs relató que el modo fue muy brutal porque la gente no dominaba el idioma y tuvieron que trabajar arduamente para poder subsistir “algo que los jóvenes no saben, pues fueron sus abuelos quienes construyeron a Venezuela “.

A la Guaira llegó un barco…

“Al final eran 17 barcos que llegaban todo los meses y en cada buque venian  como 1000 personas. En una mes son 17 mil, en un año 200 mil y en 10 años son 2 millones de inmigrantes, por eso es que la migración italiana incumplió con lo que quería Rómulo Gallegos. El resultado fue una mezcla bellísima de italianos con venezolanos y mujeres muy hermosas”.

El experto comentó que había 3 clases de viajeros que se acomodaban en los barcos por categorías, según el número de camas literas. La gente viajaba como podía. Traían maletas de cartón, algo que no es criticable, pues venían con deseos de empezar una nueva vida y hacer lo que pudieron. Gracias a ellos,  hoy Venezuela cuenta con lo que tenemos”.

Venían en cargueros grandes y muy famosos procedentes de Italia, España, Portugal y Francia. Se crearon compañías para trasladar a los pasajeros, quienes debían hacer diferentes itinerarios marítimo con paradas previas ante de llegar a la Guiara. Esos cargueros, luego, partían de regreso hacia Europa. Uno de los buques más conocido fue el Marco Polo, que en su rutas pasaba hasta por el canal de Panamá hacia el pacifico, antes de tocar suelo venezolano.

Los italianos que llegaban a Caracas se instalaban por la zona del Panteón, donde Filippo Gallardi, constructor y empresario, tenía el hotel Roma para alojar a quienes podían pagarlo. Los que no, iban a casas de amigos y familias cuyas viviendas luego se fueron convirtiendo en pensiones.

Para 1947 eran tantos los extranjeros, que Ugo Ulive, dramaturgo y empresario fundador de Cines Unidos,  construyó el cine Roma, justo al lado del hotel del mismo nombre, diagonal al Panteón Nacional. Fue el primer cine con una edificación tipo palacio que trajo películas italianas a Caracas. Un año después, el Anunciador Marítimo aparecía a diario en la prensa al lado de las cartelera de cine, para que la gente pudiera escoger y prepara en qué barco quería viajar.

Este maravilloso recorrido a través de Instagram que rindió homenaje a los 453 años de Santiago de León de Caracas, estuvo complementado con fotos que son parte de la historia de una ciudad que quedó atrás. La nostalgia y gratos recuerdos hicieron participe al público que se fue integrando a la magistral explicación de Sidorkovs, a través de la red social de la UE.

Italia traída a Caracas

Las comunidades que se asentaron en la capital se fueron ubicando en algunas urbanizaciones y dieron un toque particular a sus edificaciones, las cuales se erigieron con una marcada influencia en el diseño y arquitectura. Sus fachadas impusieron un novedoso estilo para la época y replicaron una ambientación muy europea. Así sucedió con zonas como la avenida Victoria, las Acacias, San Bernardino, Campo Claro, Colinas de Bello Monte, Sabana Grande y muchas otras áreas de la urbe.

La avenida Victoria es una de las más peculiares  porque fue construida en un solo momento con la misma arquitectura y edificios de 3 pisos. Evidentemente había una recuperación económica que permitió que la gente pudieran vivir en edificios pequeños, muchos de ellos con ascensores y canales laterales entre el edifico y la calle.

“Es como ver una Italia traída a Caracas en sentido urbano, pues es una representación perfecta” advirtió, recordando que en esa época llegaron también grandes arquitectos traídos para trabajos especiales y para modernizar la ciudad. Ocurrió con un conjunto en los Palos Grandes, que luego fue paralizado a causa de la caída de la dictadura de Marco Pérez Jiménez.

Entre canciones italianas entonadas a capela y simpáticas anécdotas, Sidorkovs compartió algunos cuentos y vivencia producto de su contacto por tantos años con la comunidad italiana, pues durante buena parte de su vida vivió en la urbanización Campo Claro. Tuvo la oportunidad de crecer, convivir y conocer la cultura italiana, sus tradiciones, costumbre y hacer grande amigos, además de aprender el idioma. La mayoría de los residentes de la zona y dueños de comercios eran de origen italiana.

Relató que el caso de San Bernardino fue interesante, pues allí estaba ubicada la Embajada Americana y también una importante comunidad judía. Entonces Ugo Ulive se dio cuenta que había una población con mucho poder adquisitivo. Decidió en 1953 construir el cine San Bernardino, lo que resultó ser muy lujoso, con alfombras persas y gente muy elegante.

   

Entonces los empresarios italianos dijeron que si Ulive hacía el cine, ellos harían la Casa Italia. Lamentablemente, años después cuando hacen la avenida Urdaneta, cortaron la urbanización en dos y la Casa Italia, junto al gran hotel Waldorf, quedaron del lado de la Candelaria. Con el tiempo los norteamericanos decidieron mudar la Embajada a la Floresta y poco a poco todo se fue trasladando hacia el este de la capital.

Sopra la tavola

Sidorkovs , quien está especializado en arquitectura interior, hotelería y museística, es profesor de diseño arquitectónico,  de historia de la arquitectura contemporánea y tiene en su haber importantes logros como la creación del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas , la sala Tac del Paseo las Mercedes, además de premios y reconocimientos nacionales e internacionales. Compartió algunas interesantes experiencias que atesora en su memoria y  ha plasmado en varios libros de su autoría, como cuando fue testigo en 1951 de la llegada del primer queso partisano al abasto cerca de su casa.

“Era de color negro y tenían un cuchillo especial con el que le daban golpe hasta que el queso se partió por la mitad. Me impresionó porque era rugoso y lloraba. Al probarlo fue algo inexplicable a nivel gustativo en ese momento. A Campo Claro también llego el prosciutto de Parma, los salami, la mortadela , encurtidos, el panettone que se volvió un clásico de las navidades caraqueñas, el aceto, el chianti que venía en cesta de paja y era una bebida para acompañar la pasta asciutta… todo fue gracias al aporte de Italia en la gastronomía”.

A partir de ese momento, este amante de la buena mesa se planteó hacer realidad tres deseos de vida cuando fuera a Italia: comer milanesa en Milán, pasta Bologna en Bologna y queso parmesano en Parma, cosas que logró hacer y lo reafirma con satisfacción.

Campo Claro

El este de la capital se fue urbanizando en las zonas más elitescas como Altamira y la Castellana y había una cantidad de gente que necesitaba vivienda, pues todos estos migrantes compartía las casas porque era otro estilo de vida, pero empezaron a surgir oportunidades de  que cada familia pudiera tener su apartamento y Campo Claro fue una de las zonas que tenía una hacienda antes de llegar a Petare.

“Campo claro fue el perfecto ejemplo de edifico sin ascensor, tenían 3 pisos, sótano y contaban con una arquitectura muy particular que le dio uniformidad urbana a todo el sector. Nosotros nos mudamos al edificio San Carlos, abajo estaba el abasto Padova y residían rusos, alemanes, franceses, italianos, checos y ningún venezolano. Ese era el componente étnico del nuevo este de Caracas”, asintió.

“Al lado del edifico San Carlos donde vivía estaba el café Vomero,  el primero en introducir la máquina Gaggia en Venezuela, porque los italianos trajeron al país una nueva forma de tomar café”.

Destacó siempre la existencia de un gran tanque de agua en medio de Campo Claro y la Carlota, urbanizaciones separas sólo por una calle que lleva a un hermoso boulevard, similar al de San Bernardino y diseñado bajo el mismo concepto.

El recorrido virtual organizado por la UE, permitió mostrar muchas fotos, compartir comentarios y entender algunas explicaciones precisadas por Sidorkovs, quien destacó  que los edificios son joyas arquitectónicas y muchos se han mantenido iguales u originales, al tiempo que dio detalles de las edificaciones, sus fachadas, decoraciones, pisos, particulares barandas y algunas anécdotas, como las del delicioso helado de ron pasa de la heladería Dolomiti el cual asegura, nunca ha sido igualado.

En esa época los nombres de los edificios se los ponían en letras cursiva y los italianos inventaron un tipo de piso muy particular llamado “veneziano”, que era hecho con el reciclaje de todos los pedazos de mármol que sobraban y para no botarlos, hacían un ensamblaje artístico muy interesante como lo hay en el Club Táchira y en el cine Radio City (ambos en Caracas), que al estar seco lo pulían como si fuera mármol y hoy en día se mantiene perfectos a pesar de ser de 1956.

Otra novedad urbana de la época fue convertir la carretea del este en la avenida Francisco de Miranda, lo que resultó un alivio a pesar que las uniones entre las distintas haciendas nunca se resolvieron y hasta el día de hoy , no han logrado integrarla en una sola vía, ya que hay partes que no comunican el norte y sur, como ocurre en Altamira donde está la plaza, y donde funcionaba la famosa fábrica de chicles Adams  que imprimía in aroma muy particular a la zona y al pasar, la gente reconocía el sabor del chicle que estaban preparando.

Los grandes en vivo

El también apasionado del espectáculo, la ópera  y la cultura, y autor del libro sobre los cines de Caracas, fue testigo de la construcción del cine la Carlota, el cual en su época era una especie de templo con muchas funciones al que acudían cientos de italianos y costaba Bs 3 en patio y Bs 2 en balcón.

   

Como dato curioso, el arquitecto agregó que en 1956 Caracas contaba con 80 salas cines y habían espectáculos con los más grandes artistas que venían porque había una gran agenda cultural y todo era posible, lo que le permitió con apenas 17 años, tener el privilegio de ver a Mina en el teatro Altamira y años más tarde (1970), escuchar a Gabriella Ferri en vivo cantando en español cuando la presentaron en la radio.

Citó que el 8 de noviembre de 1956 a la mismo hora se presentaban en el Teatro Nacional la obra Aida con Mario Filipeschi cantando Rigoletto, bajo la dirección del maestro Pedro Antonio Ríos Reyna, uno de los músicos más increíbles que ha tenido Venezuela, y a una cuadra estaba Nilla Pizzi ganadora de San Remo, lo que reafirma el nivel cultural y vida nocturno del momento.

“Nilla Pizzi llegó a la Carlota y el 15 de noviembre pude verla bajar del automóvil de Ugo Ulive. Era como una reina. En ese tiempo llegaron otros artistas  importantes como Amalia Rodríguez, reina del fado, quien vino de Portugal a presentarse en el teatro Municipal”.

Agregó el eterno fascinado de la época, que en la cartela cinematográfica proyectaban una película diferente cada día y los viernes y fines de semana estrenos, de manera que fue posible ver todo el neorrealismo italiano en los cines caraqueños.

Para 1960 estaba sonando “Volare” y fue el año de la olimpiadas en Roma, en las que participó  por Venezuela el italiano Enrico Forcella (Pompon), quien ganó medalla de bronce por tiro en 50 mts.

Al sur del Guaire

La clase media y media pudiente italiana había comenzado a mudarse a Colinas de Bello Monte y Ugo Ulive como había hecho en otros lugares, decidió construir el Teatro Colinas, el primero que se hizo al sur del río Guaire en 1957, porque los demás estaban hacia el lado del Plaza Venezuela.

Otra construcción muy particular fue la iglesia San Pedro en los Chaguaramos, réplica de la basílica de San Pietro en Roma y realmente una belleza que se impone en la zona.

Finalmente, lleno de anécdotas y maravillosos relatos,  mencionó que con la aparición de las líneas aéreas que tardaban 24 horas para llegar procedentes de Europa, debido  a las paradas necesarias para surtir combustible, los grandes trasatlánticos que duraban 14 días fueron eliminados paulatinamente.

Cambios importantes y avances que se fueron produciendo en la ciudad a raíz de la inmigración italiana y su influencia, al tiempo que en distintas ciudades fueron construyendo sus centros para congregarse, al igual que lo hicieron las distintas comunidades de españoles, portugueses, libaneses, alemanes y demás migrantes que se asentaron en el territorio.

Pero sin duda, los italianos llegaron para quedarse y con ellos sus tradiciones, trabajo, sabores, cultura, arquitectura,  música y un particular legado, puntualizó el experto.

El encuentro virtual organizado por la UE con el valioso arquitecto @nikolajssidorkovs, además de ser un regalo único a Caracas por su cumpleaños, sirvió para siempre recordar los lazos de hermandad que unen a dos fraternales naciones como son Italia y Venezuela.

Letizia Buttarello Lavarte