Pablo Simón, Psoe-Podemos una coalición “sui generis”

Pablo Simón, profesor universitario e investigador
Pablo Simón es profesor en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Carlos III en Madrid. Politólogo e investigador postdoctoral ha publicado recientemente el ensayo “Corona, Política en Tiempos de Pandemia”

MADRID – La experiencia de gobiernos de coalición en España es larga y es habitual. Lo ha sido en la esfera regional y local, pero nunca respecto al ámbito estatal. Esto porque los dos grandes partidos, cuando no lograban la mayoría, llegaban a pactos con los partidos territoriales. La fragmentación política, ahora, obligará a que los gobiernos de coalición sean una regla más que una excepción. A partir de ahora, ningún partido, en solitario, podrá encabezar un Gobierno. Tendrán que ser al menos dos. Ya veremos si del mismo bloque o no”. Pablo Simón es profesor en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Carlos III en Madrid. Politólogo, especializado en sistemas de partidos y sistemas electorales, investigador postdoctoral ha publicado recientemente el ensayo “Corona, Política en Tiempos de Pandemia”, un análisis ameno de las principales cuestiones políticas que evidencia la crisis provocada por la Covid-19. El todo, condimentado con precedentes históricos interesantes, oportunos y, a veces, poco conocidos.

La realidad política española se ha vuelto más compleja. Es un rompecabezas difícil de interpretar. Antes, la irrupción del Partido Podemos, en la izquierda del espectro político, y, ahora, la presencia de Vox, en el extremo opuesto, han hecho añicos el bipolarismo. España era el único país en el cual la derecha populista y euroescéptica no había logrado emerger. Decimos “era” porque ya no lo es. Vox, en las últimas elecciones parlamentarias, se impuso como tercera fuerza política. Su discurso, impregnado de populismo y demagogia, ha llevado a los partidos conservadores tradicionales – léase, Partido Popular y Partido Ciudadanos – a endurecer sus posiciones, a alejarse de los electores de centro y a mover su baricentro más y más hacia la derecha. Así que preguntamos al profesor Pablo Simón:

Los líderes de Vox

– ¿En qué medida la irrupción de Vox está condicionando la política española?

– Vox, en el año 2018, consigue su primera representación parlamentaria en las elecciones de Andalucía – explica -. Su aparición es producto de un cóctel de factores. El fenómeno está muy conectado con la coyuntura complicada por la que atraviesa el Partido Popular. Y a un electorado de derecha normalmente descontento con el tema territorial. En particular, el territorial catalán. El año anterior y el siguiente, vivimos un proceso de gran tensión, ligado a la declaración de independencia. A diferencia de lo que ocurre con otras formaciones de extrema derecha en el contexto europeo, Vox no es un partido que surja esencialmente asociado  a las cuestiones de la inmigración o del chovinismo del Estado de Bienestar, lo cual no significa que no defienda a esas políticas. Quienes votaron por Vox en Andalucía, y al año siguiente en las elecciones del 28 de abril y del 10 de noviembre, son básicamente electores que se sienten españoles, que manifiestan mucha preocupación por el tema territorial y que tienen un nivel de descontento muy alto con la política, con los políticos y con las instituciones en general. Vox intuye que hay una oportunidad para emerger en el contexto de Andalucía. Desde entonces, no ha dejado de sustraer cada vez más espacio mediático y político al Partido Popular, su principal rival en la derecha, y, hasta cierto punto, también al Partido Ciudadanos.

El 28 de abril, la irrupción de Vox en el Parlamento español sorprende a tirios y troyanos. El resultado es sobresaliente: alrededor de dos millones de votos que le permiten obtener 24 diputados. El politólogo señala que no faltó quien considerara aquel resultado por debajo de las expectativas.

– Vox, en los meses siguientes – precisa Simón –, va perdiendo espacio en la agenda mediática, aunque intenta marcar el tema de discusión. Es un partido que, a diferencia de otros de extrema derecha, se caracteriza no sólo por ser centralista y, en su esencia, profundamente español, sino también por ser muy reaccionario en temas sociales. En esto, se asemeja más a los partidos de extrema derecha de Europa del Este que a los del centro de Europa. Esto es por su comportamiento en términos combativos contra el feminismo, por su postura contra los derechos de los homosexuales y, por supuesto, por su posición en el tema de la emigración. El 10 de noviembre Vox, tras la repetición electoral, se convierte en la tercera fuerza de España con un 15% de los votos.

Simón señala que, “con 52 diputados, Vox se ancla como un partido claramente consolidado”. En su opinión, dos elementos ayudaron a que recuperara visibilidad y la capacidad de marcar la agenda: la exhumación de los restos de Franco y la sentencia del Tribunal Supremo en el caso de los líderes independentistas.

– Siendo el tercer grupo político de la Cámara – continúa -, Vox tiene una importante influencia. La tiene porque es capaz de marcar agenda. Además, es clave para la gobernabilidad en al menos Andalucía, Madrid y Murcia, tres comunidades autónomas importantes. Por lo tanto, es un reto para el sistema político español relacionarse con este partido. El Partido Popular tiene muchas dudas sobre cómo hacerlo. No sabe si es preferible confrontarlo o es mejor insistir en otros temas.

– El Partido Popular y el Partido Ciudadanos han radicalizado sus discursos. Aún cuando Inés Arrimada trate ahora de reivindicar la orientación moderada de su partido, nadie puede negar que la postura de Albert Rivera, en la campaña electoral, estuvo lejos de ser la de un líder de centro. 

La polémica foto en la “Plaza de Colón”

– Creo que hay que ver el dibujo completo – nos dice Simón con voz pausada. Con la paciencia del profesor, explica:

– Hasta cierto punto, la estrategia, tanto del Partido Ciudadanos, con Albert Rivera, como del Partido Popular, con Pablo Casado, es imitar a Vox, en términos de enfrentamientos sobre todo con el Gobierno. De hecho, hay una manifestación famosa, en la Plaza de Colón, a la cual asisten los líderes principales de los tres partidos. La señal es clara: si suman gobernarán juntos.

Es así como se reconfigura el mapa de la derecha española. En España, nunca había habido tres partidos rivalizando para dominar ese espacio político. Es una novedad total.

– Siempre había habido solo un gran Partido Popular – precisa Simón -. Ahora, por primera vez, los partidos de derecha son tres. Es así como, mientras Inés Arrimadas intenta reposicionar a Ciudadanos, para que ocupe un espacio en el centro-derecha y pueda llegar a pactos puntuales con el Gobierno, el Partido Popular opta por tratar de colocar temas que permitan la confrontación con el Gobierno socialista y le quiten protagonismo a Vox. Trata, pero de momento sin demasiado éxito, de presentarse como la oposición responsable; la oposición que puede ser partido de Gobierno. Por supuesto, no quita que sea muy duro en su enfrentamiento con el gobierno de Pedro Sánchez. El Partido Popular, en su agenda, opta por temas relacionados con la economía y la buena gestión. Vox, en cambio, por otros más de carácter cultural. Es decir, estrechamente relacionados con el feminismo, con las minorías sexuales, etcétera. Este, desde luego, es un terreno en el cual el Partido Popular se mueve menos cómodo.

 

La sombra de Franco

Telón de fondo, la dictadura de Francisco Franco. Su recuerdo es aún muy vivo. Esta realidad no escapa al analista atento. Y salta a la vista al entrar en cualquier librería. No importa cuál. Las estanterías están llenas de ensayos que recuerdan un pasado que muchos quisieran no haber vivido nunca y que otros recuerdan con nostalgia. Las cicatrices causadas por la dictadura aún sangran. El caudillo fallece en 1975. Y lo hace en el poder. 45 años, en la historia de un país, es apenas un suspiro. Sin embargo, para una población pueden representar una eternidad. Por eso, preguntamos:

Pablo Simón, profesor universitario, investigador y politólogo

– Todos conocemos, o deberíamos conocer, los daños ocasionados por la dictadura de Franco en el tejido social del País. Sin embargo, la presencia de Vox demuestra que parte del franquismo sigue vivo. ¿Qué es lo que le da fuerza?

– En España siempre ha existido un franquismo sociológico de baja intensidad – nos dice –. La transición a la democracia fue un proceso pactado. Parte de la élite del franquismo y de los sectores que podían tener más simpatías con el régimen, digámoslo así, se disfrazaron, se ocultaron. Sabemos que ese franquismo sociológico ha votado al Partido Popular, aunque el Partido Popular nunca haya defendido posiciones sociológicamente franquistas. Vox no está vinculado con el franquismo. Pero, es verdad. Parte de su militancia y de sus votantes que se identifica, con matices diferentes, con la cuestión franquista y el pasado autoritario encuentra en Vox un refugio.

Explica que “cualquier país que haya pasado por una dictadura tiene fanáticos del régimen anterior”. La diferencia “reside en qué medida estos nostálgicos son visibles o invisibles”.

– En un sistema democrático consolidado – comenta –, lo normal es que sean invisibles. Es decir, que no tengan ni plataformas mediáticas, ni partidos que puedan representar sus intereses. Los partidos de extrema derecha, como es el caso de Vox, representan una oportunidad para que esos franquistas tengan una plataforma a través de la cual movilizar sus ideas. Muchas veces son canalizadas a través de políticas vinculadas a talantes autoritarios, a la exclusión de la diversidad y, en muchos casos, a discursos en contra de los derechos humanos. Por lo tanto, digamos que el franquismo sociológico en España ha tenido una perdurabilidad larga.

Economia verde e rivoluzione digitale - Il programma del presidente Pedro Sánchez
Pedro Sánchez, presidente del primer Gobierno de coalición

– La política española, por primera vez, ha roto con el bipartidismo. ¿En su opinión, cuáles son las fortalezas y las debilidades de la coalición de Gobierno? Podemos pareciera tener dos ánimas: la del socio de Gobierno y la de militante del partido. Y las dos, a veces, parecieran mezclarse y hasta enfrentarse.

– Este Gobierno de coalición – comenta – tiene algunas características que lo hacen diferente del de otros países. Por ejemplo, es bastante raro que en una coalición de Gobierno participe un partido a la izquierda de los socialdemócratas. Normalmente prefieren quedarse en el Parlamento. Y, desde ahí, condicionar las políticas. Por lo tanto, he aquí un primer rasgo peculiar: partidos de izquierda con tradiciones distintas compartiendo poder y responsabilidades. Es frecuente que las coaliciones se formen entre partidos socialdemócratas. Es este el caso de Finlandia, donde los socialdemócratas gobiernan con los verdes y los liberales. En España, además, nos encontramos con una coalición que es minoría. Tiene solo 155 diputados. Este elemento permite, a mi juicio, que haya varias cuestiones encima de la mesa. No me atrevería a calificarlas de positivas o de negativas. Pero, sí; las considero cuando menos peculiares.

A su juicio pareciera existir una contradicción en el seno de la coalición: a la casi total falta de diálogo interno se contrapone la relación positiva entre el presidente de Gobierno y su vicepresidente segundo

– Esta coalición, muchas veces – observa –, tiene ministerios muy poco coordinados. Una coalición – explica – se construye normalmente sobre la base de un intercambio. Se ofrece apoyo y el voto de los diputados a cambio de ministerios en el Gobierno. Así que o se es Gobierno o se es oposición. Sin embargo, el Partido Podemos por tradición, y por interés electoral, no termina de adaptarse a este procedimiento. Trata de marcar su propio perfil político, cada vez que tiene la oportunidad. Esto genera mucho ruido y desgaste al conjunto del Gobierno. Es un elemento problemático. Y así llegamos al tercer punto que quería plantear: este Gobierno tiene muchas probabilidades de acabar la legislatura. La razón, muy sencilla. No solo próximamente se aprobarán las cuentas públicas sino, lo más importante, es que la crisis económica hace que el Psoe y Podemos tengan mucho interés en que se note la recuperación económica, con el paso del tiempo.

Considera que, si mañana se realizasen elecciones en España, el Gobierno podría perderlas. Pero ¿y al cabo de tres años, cuando la situación económica haya mejorado y cuando la crisis provocada por el coronavirus haya sido superada?

– Entonces – nos dice –, la situación será diferente. Y el Gobierno estará en mejores condiciones para ir al examen electoral. Este Gobierno sabe perfectamente que, más allá del ruido, necesita sobrevivir, como sea. Estoy convencido, por lo tanto, que este Gobierno va a durar y va a seguir teniendo problemas de coordinación. Hay que tener en cuenta que es la primera experiencia en España de un Gobierno de coalición. Que tarde un poco en cuajar no es de extrañar. Tampoco hay que olvidar que es un Gobierno con una minoría parlamentaria débil. Su ventaja es que no existen alternativas. Es decir, la derecha no suma una mayoría.

– Un presupuesto expansivo. Esto quiere decir que, si bien en los primeros años viviremos momentos realmente difíciles reflejados en la caída del empleo, en la contracción de la economía, en las dificultades para las familias y las empresas; al cabo de un tiempo la economía debería estar en franca expansión y crecimiento. Esto otorgaría al Psoe y a Podemos una ventaja en las próximas elecciones. Porque podrán mostrar resultados positivos.

–  Ese es el plan – coincide Simón -. Y es la razón por la cual no habrá elecciones ahora. Además, recientemente hemos tenido muchas.

El docente señala un elemento adicional: la presencia de Vox.

– El Gobierno sabe que mientras Vox sea fuerte, será poco probable que gane el Partido Popular – nos dice -. En fin, que este pueda ser el partido más votado. Si Vox obtiene entre el 10 y el 15% de los votos, el Psoe tendría mayores probabilidades de triunfo. Otro elemento importante: mientras exista Vox, al Partido Popular resultará difícil lograr alianzas en el Parlamento. La razón es muy sencilla. Siendo Vox un partido ultra-nacionalista español, serán imposibles pactos con partidos menores. A saber, entre el Partido Popular y el Partido Nacionalista Vasco, los nacionalistas catalanes o los nacionalistas gallegos. Por otra parte, es muy difícil que consiga una mayoría absoluta solo con Vox y con Ciudadanos.

 

Euskal Herria Bildu

El anuncio ha desatado un sinfín de comentario, negativos en su mayoría. Una reacción incomprensible para quien no conoce la realidad española y las heridas provocadas por Eta, la organización terrorista vasca a la que se atribuyen más de 800 asesinados y cuya disolución se produjo en 2018. Euskal Herria Bildu aseguró que votará los “presupuestos socialistas”. La decisión indignó a los líderes del Partido Ciudadano, del Partido Popular y naturalmente de Vox. También a muchos exponentes del Psoe. La polémica, aun cuando en tono menor, sigue caracterizando el debate político nacional.

– Ha habido mucho ruido alrededor de la decisión de EH Bildu de votar los presupuestos.  Bildu es un partido del arco constitucional. Se le ha permitido registrarse legalmente y presentarse a elecciones. Algunos candidatos han sido elegidos ¿Por qué éste rechazo tan radical, inclusive desde las filas del Psoe, hacia un partido que ha aceptado la regla del juego democrático…?

– Hay una razón de fondo – expresa inmediatamente Simón -. Creo que sea fundamental recordar que el hecho de que un partido sea legal no significa que sea correcto o adecuado llegar a pactos con él. Es decir, Vox es un partido legal. Sin embargo, hay una importante parte de la izquierda que se niega a cualquier pacto con él. Todo lo contrario, quiere hacerle un cordón sanitario. Por lo tanto, legalidad y oportunidad política son dos elementos que no siempre van de la mano.

– Sin embargo, en Madrid y en otras comunidades Ciudadanos, el Partido Popular y Vox llegaron a acuerdos para asegurar la gobernabilidad. El apoyo de Vox ha sido aceptado sin mucho escándalo…

– Es verdad – admite -. Por lo tanto, debería aplicarse el mismo criterio a todos o a ninguno. Es decir, ¿si son legítimos los pactos con Vox, por qué no deberían serlos los que podrían hacerse con Bildu? EH Bildu es un partido muy heterogéneo. Es un partido conformado por independientes y por gente que tiene conexión con la antigua Batasuna. Es una amalgama muy compleja.

Y es verdad. Fundado en 2012, EH Bildu es el producto de la coalición de los partidos “Sortu”, “Eusko Alkartasuna”, “Aralar” y “Alternatiba”. Su registro en el Ministerio del Interior españolo remonta al año 2014.

– Los actuales dirigentes de Bildu – continúa nuestro entrevistado – no han cortado totalmente sus lazos y su vinculación con el movimiento terrorista ETA. De hecho, no han condenado expresamente la violencia y no han pedido perdón a las víctimas. El terrorismo ha estado vigente hasta hace 10 años. Creo que son elementos relevantes.

Subraya que Bildu “necesita más tiempo”. Considera que un remplazo generacional, que no tardará en llegar, “facilitará que Bildu sea comprendido” y que sus acciones generen menos ruido en la política española. Está convencido de que una nueva generación de dirigentes de la izquierda abertzale, sin vínculos directos con el pasado, se hará espacio.

– Y la izquierda española – comenta – podrá sentirse más cómoda a la hora de pactar con ellos.

– Una sociedad que quiere avanzar hacia la pacificación debe saber integrar a aquellas personas que, sin haberse manchado de crímenes horrendos, quieran regresar a la vida democrática. Es lo que ha pasado en América Latina. Por ejemplo, ha sido la política de pacificación en Venezuela del primer gobierno del presidente Rafael Caldera…  

– Estoy explicando porque esta relación continúa originando ruidos en el contexto español – nos dice -. Además, hay un componente adicional: los votos de Bildu no eran necesarios. Es decir, había alianzas posibles con otros partidos. El Gobierno igual habría alcanzado la mayoría necesaria para aprobar los Presupuestos Generales del Estado. Ahora bien – subraya -, estoy convencido de que este proceso tiene una finalidad estratégica. Se abre el escenario a otro tipo de mayoría.

 

Presupuestos y Unión Europea

La pandemia ha transtocado la vida en la Universidad Carlos III. Ya no hay el bullicio acostumbrado de los estudiantes. Son pocos los que se cruzan en los jardines. Todos con mascarillas, todos saludándose a voces y con un prudente toque de codos. Los abrazos y los besos en las mejillas son recuerdos del pasado; una tradición que todos añoramos y que tal vez no volverá. Las hojas secas en las aceras nos recuerdan que ya estamos en otoño y que pronto festejaremos una Navidad “distinta”. Menos alegre y más sobria.

El presupuesto depende de los recursos de la Unión Europea. En estos momentos, hay países, que se definen “democracias iliberales”, que los están vetando. ¿Cree Usted que la Unión Europea logrará desbloquear esos recursos o que tendrá la capacidad de encontrar vías alternas para que los países, en especial los de área mediterránea, puedan recibir esos recursos tan indispensables para su crecimiento?

– Hay dos aspectos – precisa -. En primer lugar, el presupuesto que se aprobará ya contempla esos fondos. Por lo tanto, España va a endeudarse en función de esos fondos. En segundo lugar, estoy convencido de que el bloqueo terminará deshaciéndose. Países importantes como Alemania y Francia han invertido demasiado capital político. Por lo tanto, considero poco probable que esos fondos queden bloqueados por el veto de dos países. Lo que no tengo tan claro es cuál va a ser la fórmula de salida.

Los fondos europeos representan una oportunidad de crecimiento para las economías más golpeadas por la crisis del Coronavirus. De eso Simón está persuadido. Sus dudas son otras. Y las expresa con claridad:

– ¿España sabrá aprovechar la oportunidad? En eso, soy un poco más pesimista. Creo que más que política es una cuestión de carácter administrativo. Tenemos una administración lenta y poco eficaz. Desde luego, si lo hacemos bien, será fantástico. Pero, en España nos dejamos sin gastar, cada año, el 60% de los fondos que vienen de Europa. Ahora, vamos a recibir mucho, pero mucho más dinero. Y tenemos que orientarlo hacia proyectos que sean útiles para transformar el mercado de trabajo, para cambiar el sistema productivo y para mejoras en el ámbito de la educación. Se trata de una larga batería de reformas. Y ahí es donde tengo dudas.

El premier Conte y el presidente Sánchez, ¿será posible un club de los países mediterráneos?

– En lo últimos meses se ha demostrado que los países del mediterráneo, Italia y España, haciendo frente común pueden alcanzar sus objetivos. Tenemos el grupo de Visegrado, el grupo de los países frugales y el de las democracias iliberales. ¿Es posible que se logre un club, una alianza entre países del área mediterránea?

Al respecto no tienen dudas. Considera que “sería lo ideal y lo conveniente”. Explica que se han producido cambios en la política exterior.

– El actual Alto Representante de la Ue, Josep Borrel, cuando se desempeñaba como ministro de Exteriores intentó trazar el eje Berlín, París, Madrid, Lisboa o el eje Madrid – Roma anclado al Franco-alemán – precisa -. Ahora, hasta dónde llegan mis conocimientos, la ministra de Exteriores está planteando la posibilidad de que España cambie en función de las circunstancias. Por lo tanto, de momento no parece que se vaya a articular un frente. Desde otra perspectiva, ¿sería deseable? A mi juicio sí, por los retos compartidos que tenemos. No estoy seguro de cuánto tiempo vaya a durar la sintonía entre las dos capitales.

En su opinión mucho dependerá de las características de los Gobiernos. Y razones no le faltan. Ahora, hay sintonía entre Roma y Madrid. ¿Y mañana?

 – Sin embargo, Italia y España tienen problemas comunes puntuales, ¿Cree que se podrían alcanzar acuerdos? Por ejemplo, el control y administración del flujo migratorio…

–  Hay que aprovechar precisamente esa oportunidad – afirma convencido.

– Tema de debate en estos días es el idioma vehicular. Lo que crea la unidad de un país es precisamente eso, su idioma. Se pueden hablar muchos dialectos, puede haber muchos idiomas regionales, todos ellos respetables, pero ¿no habría que defender una centralidad idiomática? ¿Por qué este debate que pareciera ser tan estéril?

– Es un debate absurdo – sentencia -. Y, además, es un debate inventado. En España tenemos una lengua oficial que está reconocida en la Constitución. Es el castellano. Es la lengua que todo el mundo tiene el deber y la obligación de utilizar. Además, hay 3 lenguas oficiales garantizadas en rango de igualdad en sus territorios respectivos: gallego, vasco y catalán. Esta realidad ha permanecido inmutable desde que España transitó hacia la democracia. La lengua vehicular de la educación es algo que ya está decidido. En Cataluña es el catalán, con un porcentaje del 25, 30 por ciento, creo recordar, de castellano. Es así desde el principio de los tiempos. En la Comunidad Valenciana, como en la de Galicia y de Euskadi, se puede escoger el centro escolar, en función de cuáles son las líneas educativas o el idioma. Por lo tanto, las familias pueden elegir. A la hora de la verdad, conservadores o socialistas siempre han establecido que la lengua vehicular se decide en las comunidades autónomas. Estas son las que tienen la competencia para hacerlo.

 

Estados Unidos pasa página

Silencio. Sólo muy de vez en cuando algún murmullo; un bisbiseo que se cola a través de puertas cerradas. Los largos pasillos blancos que conducen a la oficina del profesor Pablo Simón, en la cual se desarrolla la entrevista, inspiran una sensación extraña de vacío. No hay el vaivén habitual de docentes, alumnos e investigadores.

– Estados Unidos pasa página. Joe Biden ha ganado la contienda electoral y será el próximo presidente. Con la nueva administración se esperan un acercamiento entre la Unión Europea y Estados Unidos. ¿Qué cambiará en las relaciones entre España y Estados unidos?

– Creo que, en política exterior, se volverá a un sistema más multilateral – nos dice Simón -. Estados Unidos abandonará el aislamiento. Espero que los acuerdos de carácter comercial sean más positivos. Ahora, se vive una etapa de guerras arancelarias y proteccionista que, a la postre, termina con empobrecer a todos. Creo que habrá un cambio de enfoque.

El entrevistado considera que la nueva administración tendrá más poder en el exterior que en el interior del país. De hecho, el Senado norteamericano, de no haber sorpresas de última hora, seguirá en manos de los republicanos. No así la Cámara baja.

–  En el ámbito de nuestra política interior – precisa -, considero que la derrota de Trump debilitará el populismo de derecha. La salida de escena de Trump ayudará a que parte de sus discursos, del mensaje y de las ideas que irradia encuentren menos eco en la sociedad española. Estoy pensando sobretodo en Vox. Es el que mira, muchas veces con simulada envidia, a la gestión de Trump. Sobre todo, en término de su discurso que a veces copia directamente. Por lo tanto, la salida de Trump lo va a dejar con menos armas.

– ¿Y en cuanto al Brexit? Boris Johson se apoyaba muchísimo en Trump… ¿Con Biden en la Casa Blanca y sin el apoyo de Trump, Boris Johnson abandonará su postura radical?

– Eso espero – expresa -. Creo que tanto la crisis del coronavirus como la salida de Trump terminarán obligando a Johnson a adoptar una posición más pragmática y menos de enfrentamiento directo. El Brexit es una realidad, no hay duda. Un divorcio de estas características siempre es complejo y doloroso. Tenemos que asumir que el Reino Unido dejará la Unión Europea; pero, tenemos que intentar hacernos el menor daño posible. Creo que es lo que terminará primando. Sobretodo porque el propio Johnson tiene una situación delicada en términos de popularidad en su país, por la gestión de la crisis.

– España ha sido tradicionalmente un país muy cercano a América Latina. Tiene muchos intereses en la región. ¿Cuál debería ser su rol, habida cuenta de que Latinoamérica pareciera hoy un polvorín a punto de explotar?

Simón no tiene duda. Y así lo expresa.

– Debe interpretar un rol estabilizador – nos dice -. Creo que España, en estos años, se ha centrado mucho en su crisis interna y muy poco, desde una perspectiva política, hacia América Latina. En la región hay muchas turbulencias. La crisis del coronavirus tiene un impacto muy importante en términos de desigualdad. Y eso hace que Latinoamérica sea especialmente vulnerable. Soy de los que piensan que España tendría que implicarse de una manera mucho más directa. Debe interpretar, aceptar un rol de mediador. En muchos de los casos, sin subordinar su posición a la de la Unión Europea. Es decir, teniendo una voz propia, una voz autónoma. Tenemos intereses cruzados. Creo que ahora, en vez de cerrarnos tanto en nuestros problemas, tendríamos que preocuparnos también por la estabilidad de la región. En suma,– concluye – España debería implicarse más desde las perspectivas política y económica. No sé si este Gobierno está mirando con la suficiente atención a América Latina. Es la duda que tengo. Creo que España está perdiendo la capacidad de tejer alianzas. Y eso es malo.

Mauro Bafile