Nico: de billares a café

CARACAS – Pasar frente a la puerta de este tradicional negocio ubicado en la avenida Victoria de las Acacias, es como sentirse en un típico bar italiano, pues el olor a café, la clientela y la apariencia del sitio, le dan un toque particular que pudiera remontar al visitante a cualquier lugar de la bota para tomarse un buen café, un dulce y hasta una pizza.

La historia de Café Billares Nico empezó en 1956 y al poco tiempo fue traspasado a Domenico Cipriano (padre de Nico), un inmigrante oriundo de Avellino, casado con la señora Franca, quien nació en San Giovanni A Piro, Salerno.

La pareja tuvo dos hijos, Rosa y Nicolino, quienes se hicieron cargo del negocio junto con doña Franca luego que falleció el padre hace 47 años, pero lamentablemente Rosa muere hace 9 años y Nico hace 4, quedando sólo la madre (hoy con 82 años) y Cristina Macena, su viuda junto a sus dos hijas.

María Cristina quien lleva las riendas del negocio pues sus hijas migraron de Venezuela, comentó en entrevista para la Voce d´Italia, que estuvo casada con Nicolino (Nico) Lusiano Cipriano por 33 años, pero por esas vueltas de la vida, el fundador original del local fue su padrino quien luego lo vendió a su suegro.

Explicó que el lugar se mantiene como era desde hace muchos años y sólo han hechos algunas remodelaciones para refrescar el ambiente, pues era un lugar muy reconocido e incluso venían turistas a tomar café, y realmente nunca han decaído y mantiene su fiel clientela.

“Lo que se cambió poco más de 8 años fue la parte de los billares, porque no era un pool sino tipo coriziana, un billar típico de Italia y habían unos cuantos que jugaban, pero al irse muriendo ya venían menos y además, los billares representaban una carga para los impuestos, por lo que se decidió eliminarlos y mantener el café siempre bajo nuestra administración”.

 

Los billares estaban en lo que es hoy el café y al lado se montó la “Trattoria Nico”, un restaurante de comida típica italiana que dirigía la esposa de Nico, mientras él se encargaba del cafetín, pero la repentina muerte del dueño y la dura situación económica en Venezuela, obligó a efectuar un cambio que, sin disminuir la calidad de los productos que queda bajo la asesoría de la señora Macena, diera la posibilidad de seguir adelante.

Desde ese momento Café Billares Nico se ha dedicado a la venta de variados tipos de café, empanadas, pizza, pastelitos, dulces, tortas y algunos productos importados de Italia, como pastas, salsas, lentejas y diversos alimentos que surtía un proveedor.

Complacer al cliente

María Cristina Macena un mujer que trasmite optimismo y mucha energía positiva, contó que los pequeños cambios que actualmente realizan al establecimiento es para refrescar la imagen del lugar, aunque Nico prefería no hacerlos porque no sabía si doña Franca estaría de acuerdo, pero realmente ahora ella viene cada vez menos por malestares de salud, pues ha tenido una vida dura y se ha mantenido siempre activa, pendiente del negocio e incluso preparando el café.

Ahora en medio de la pandemia, buscan reinventarse y poner algo nuevo cada día, buscando alternativas para atraer al público.

“Ahora vamos a vender unos “ shot” elaborados con galletas al que se le coloca café adentro, vamos a poner panquecas en el desayuno con mermelada hecha por mí, y tratar de colocar cosas nuevas, así como en diciembre vendimos sándwiches  de pernil, bollitos navideños para tratar de ofrecer lo que pide el cliente y complacerlo”, aseguró con entusiasmo.

La también profesora de francés y amante de la cocina, reveló que anteriormente era ella quien estaba al frente del restaurante y preparaba los menú, pero ahora estando en el café, ellos les surten todo y sólo hace las pizza y alguna cosas que puedan preparar allí mismo, además de los diferentes tipo de café entre calientes, fríos y preparados, pues con la cuarentena y semanas flexibles, ha sido difícil seguir una carta porque la clientela no es constante.

“Un lugar de hombres”

En cuanto al mercadeo y promociones del local, Macena afirmó ser ella misma quien maneja las redes sociales (@cafebillaresnico), pero realmente al ser un sitio con más de 60 años, todos los conocen, a ello se suma la gran personalidad que tenía Nico, quien estuvo al frente del mostrador desde los 18 años cuando murió su papá, hasta que se enfermó y luego falleció a la edad de 56 años.

Relató entre risas y como anécdota,  que anteriormente las mujeres evitaban entrar al negocio  porque pensaban que era “un lugar de hombres” y había un pudor de las damas de ir a un billar porque habían muchos caballeros fumando y “hablando cosas de hombres”, pero realmente en Billares Nico siempre existió el respeto y nunca fue un sitio de temas prohibidos, porque los italianos siempre fueron muy respetuosos, a pesar que la gente tenía la idea que no era un sitio apto para señoras.

Agregó que otras de las cosas por las que su esposo fue muy conocido en la zona y urbanizaciones vecinas del Municipio Libertad, fue por las grandes rifas que colocaba en diciembre, donde trabajaban muchachos de la avenida Victoria, a quienes llamaban “los hijos de Nico”.

“Él era muy feliz al estar rodeado de jóvenes y compró su felicidad, le daba lecciones de vida, de valores y compartía con ellos y lo disfrutaba. Cuando falleció los muchachos estaban muy sentidos por la partida de “su patrón”, y hoy muchos agradecen que gracias a Nico son hombres de bien,  estables y con una familia.

“El mejor barista”

A cuatro años de su partida, aún hace falta la figura de su dueño, porque era muy jocoso y hacía muy buen café (de hecho presumía y decía ser el mejor barista), además le dejó fama al lugar y los clientes y amigos siguen yendo aunque ya no esté. “Muchos tienen cuentos, anécdotas y buenos recuerdos, y el negocio intenta mantener la calidad de su café con el trabajo de dos buenos baristas, por eso la clientela se mantiene·.

La señora Cristina quien confesó no saber preparar café, a pesar de haber estado casada con un barista nato quien nunca estudió sobre su preparación, considera que saber hace un rico café es cuestión de mano, virtud que heredó una de sus hijas, quien estuvo apoyando en la cafetería hasta que se fue del país hace un par de años.

   

Mientras tanto, la entrevistada dijo preferir la cocina, por ello montaron el restaurante en 1999, donde empezaron con unos socios que luego le vendieron su parte y después se quedaron a  cargo de todo el negocio de la comida.

Relató que disfrutaba mucho la trattoria, destacada por platos con nombre muy particulares y recetas originales, entre ellas pasta a la “disgraziata”, obra de un chef italiano que le puso el nombre y que contiene picante, champiñones, crema de leche y tocineta, el cual pasó a ser uno de los platos estrellas, además de Al Capone, el Sinatra y otra gran variedad de pastas, ensaladas y el pollos a la “desesperada”, menú que inventaban continuamente y al que le ponía nombre curiosos y muy graciosos.

Aclaró que uno de los aspectos que le garantizó reconocimiento fue que tanto el cocinero como Nico siempre fueron de la idea de que si faltaba un ingrediente en ese momento, no aceptaban sustituirlo y debía mantenerse la receta original, pues el comensal merecía respeto por lo que estaba pidiendo, y era preferible no perder la fama ni sustituir los ingredientes.

“Yo cocino porque me encanta y me arriesgo a innovar” y el paso de diversos cocineros y expertos, dejaron huella en el menú, de allí la gran variedad y platos muy buenos y sabrosos, precisó.

Mano para el café

En la barra de café tienen desde hace dos años a dos jóvenes baristas muy buenos que lograron captar después de mucho buscar, “José es mi mano derecha  y Gabriel es excelente, somos nosotros tres por ahora detrás del mostrador”.

Referente al tipo de café, en la actualidad utilizan café de la Nonna del grupo Amanecer, que les ha dado buenos resultado con la máquina y la gente está satisfecha, porque es un grano bien tostado y de buen sabor, pero en el pasado Nico utilizó siempre café San Antonio.

En cuento a los planes futuro y considerando las limitaciones a causa de la pandemia, explicó que se han reactivado con la venta de productos importados y la elaboración de pizza y calzone hasta las seis de la tarde de lunes a sábado, dependiendo de la flexibilidad de las medidas.

Respecto al nivel de precios en comparación con el resto del mercado, aseguró ser moderados, considerando la calidad del café y la variedad de lo que ofrecen, entre ello tortas, galletas, galletas craqueladas, cantucci (biscotti de vainilla y cacao) y dulce tres leches, entre otros, así como su tradicional café frio granizado con el toque de anís que se sirve en un shot.

Cristina Macena, apasionada de los risottos, en especial del de roquefort con piña, así como del café con leche, procura ser optimista a pesar de estar sola, pues siente que mucha gente la ayuda, y eso la empuja a seguir con el negocio y mantener el legado de su marido.

Con su agradable sonrisa, esta napolitana trabajadora que no pierde las fuerzas y continúa el sueño de su marido, recordó que aunque es difícil mantenerse porque Venezuela es otra, sigue abriendo las puertas cada día, porque sin duda, la vida da muchas vueltas… pero por lo pronto sigue trabajando en Venezuela, donde está su madre y hermanos y de donde no tiene planes de irse.

Letizia Buttarello Lavarte