Puente: “Venezuela, una crisis producto de la incompetencia”

El profesor José Manuel Puente

MADRID – “En los últimos 50 años, no existe en el mundo país que haya vivido un ciclo recesivo tan agudo. Venezuela, entre el 2014 y el 2020, perdió el 75 por ciento de su Producto Interno Bruto. Adicionalmente al ciclo recesivo, ya en sí inimaginable, Venezuela es la única economía en el mundo en hiperinflación. La inflación para el mes de febrero, la última que se publicó anualizada, es del 2.500 por ciento. El promedio de inflación de los países de América Latina es de 3 y 4 por ciento”. Pocas palabras. Cifras incontrovertibles para ilustrar una realidad que nos cuesta aceptar.  La que nos ofrece José Manuel Puente es la radiografía fría, sincera e irrebatible de la crisis que ha puesto Venezuela de rodilla. Economista graduado en el “Alma Mater” de Caracas, cursó el master en Administración Pública y Políticas Públicas en la “London School of Economics” y  el Ph.D en Economía Política en la Universidad de Oxford. Es actualmente profesor titular del Centro de Políticas Públicas del prestigioso Instituto de Estudios Superiores de Administración de Caracas y profesor invitado en la Universidad de Oxford.

La economía, las más de las veces, resulta materia árida y hermética. En especial, cuando nos perdemos en los meandros de sus leyes irrefutables. Por eso, el profesor Puente habla pausadamente, subraya las palabras que considera importantes y, a veces, repite conceptos en su afán de ser claro y comprensible. Es lo que hace con sus alumnos. Y es lo que hace con nosotros.

– La economía venezolana no crece desde hace casi una década. En la introducción de su libro “Venezuela en la Encrucijada, Radiografía de un Colapso”, libro de lectura indispensable para entender la tragedia de Venezuela, usted y Susanne Gratius escriben que para el 2019 ya “se había perdido el 67,06 por ciento del Producto Interior Bruto (Pib)  total de Venezuela en tan solo seis años (2014-2019), representando esto el peor desempeño macroeconómico en magnitud y duración  en la historia de Venezuela (1950-2019), el peor de América Latina y el mundo en el período 1980-2019”. Esas cifras nos muestran a un país fuera de control, un barco a la deriva. En su opinión, ¿el gobierno tiene una estrategia económica?

Para el profesor Puente la crisis de Venezuela, que se refleja en una inflación mil veces superior al promedio de los países europeos y latinoamericanos, “es consecuencia del mal manejo macroeconómico”.

– Los anglosajones – comenta – la calificarían de “homemade crisis”. Es decir, crisis hecha en casa. La mala gestión económica puede resumirse en cinco líneas principales: controles de precios, controles de cambio, controles de tasa de interés, controles en el mercado laboral. Y en una variable que es clave para los negocios: expropiaciones y nacionalizaciones. La revolución – asegura – ha expropiado más de 300 empresas. Eso tuvo un impacto negativo con consecuencias en el flujo de inversión extranjera directa, el más bajo del continente. Subraya, para que no quepa duda alguna, algo que es harto conocido, dentro y fuera del país: “Venezuela, hace 20 años, era la economía más rica de América Latina”.

– Hoy – continúa sin esconder un dejo de amargura – tiene el Producto Interno Bruto per cápita más bajo de la región. Inclusive por debajo de Bolivia y Honduras. Es realmente sorprendente como un país con el potencial de Venezuela, que ha sido el más rico del continente y tiene las reservas de petróleo más grandes del mundo, sea hoy el más pobre de América Latina. Preguntaba si había un plan económico ¡No! No lo ha habido en los últimos 21 años.  Esta revolución tiene solo un propósito. Y es político: preservar el poder a como dé lugar. Poner la economía a crecer, generar bienestar, redistribuir riqueza con equidad no son sus objetivos.

– ¿Por cuánto tiempo se puede preservar el poder en un país en el cual se aniquila la clase media, se destruye el tejido industrial y se permite que la pobreza alcance niveles inimaginables hasta apenas dos décadas?

– El ámbito económico no está dentro de las prioridades de la revolución – insiste el profesor del Iesa -. De hecho, el ministro de Economía es un geógrafo y el ministro de Finanzas un abogado. Son personas que carecen de conocimientos en lo económico. Ahora bien, ¿cómo logras preservar el poder? En mi opinión, hay tres variables claves. La primera es el control total de las Fuerzas Armadas. La segunda, el control total de los medios de comunicación. Y la tercera, el aparato clientelar. Por ejemplo, las “bolsas Clap” y los pequeños subsidios directos focalizados en la población chavista. Son ayudas que generan, sobre todo en la población más humilde y desposeída, un vínculo de dependencia muy poderoso.

Con relación a los medios de comunicación, el profesor Puente señala que la revolución en algunos casos, como el del diario El Universal o del canal de televisión “all news” Globovisión, los ha comprado. En otros, como es el caso del canal de televisión RCTV y muchas emisoras de radio, no les ha renovado o les ha revocado la concesión. Y en otros más, les ha negado las materias primas. Es este el caso de la mayoría de los diarios del país no afines al régimen.

– Hay medios de comunicación on-line que siguen oponiéndose al gobierno. ¿Por ejemplo, El Nacional y Talcualdigital…

– Es verdad – admite -. Por suerte, queda un pequeño grupo de medios independientes. Pero, están muy debilitados.  Miguel Enrique Otero, presidente y dueño de “El Nacional”, uno de los periódicos de mayor prestigio de Venezuela, vive en Madrid.

 

Una crisis que viene de lejos

Una debacle que viene de lejos. A veces nos olvidamos de que el desastre económico actual tiene sus orígenes en las políticas populistas del extinto presidente Chávez. Cuando este asumió las riendas del poder, hace ya más de dos décadas, tuvo la oportunidad de frenar la crisis que ya vivía el País y construir una sociedad del bienestar sobre bases sólidas. Fue incapaz, a pesar de la oportunidad que le brindó el inesperado boom de los precios del petróleo.

– Hay que reconocer que el presidente Maduro, al asumir el poder, heredó una situación económica desastrosa que no supo o no quiso revertir…

– Es correcto – concuerda -. El padre de la crisis es Hugo Chávez. Fue él quien expropió empresas, estableció controles de cambio, de precio y de tasas de interés. El padre de la criatura fue Hugo Chávez. Paradojas de la historia, fue un hombre tan hábil que hasta supo cuando morir, cuando desaparecer de escena. Dejó una gran cantidad de bombas macroeconómicas activadas – añade -. Todas han explotado durante la presidencia de Nicolás Maduro. Este es un incompetente. En su gabinete no hay economistas, ni buenos ni malos.

Nos dice que, de acuerdo con la última encuesta Encovi, el 96.3 por ciento de los venezolanos recibe ingresos insuficientes para cubrir el costo de la canasta básica normativa.

– El Gobierno, como usted justamente señala, no tiene economistas en los ministerios claves, a pesar de que el país cuente con profesionales excelentes. Un jefe de Estado no tiene por qué ser economista; pero, sí tener la inteligencia de rodearse de expertos en la materia.  Ha sido el caso, por ejemplo, del presidente Carlos Andrés Pérez. Recordemos a Miguel Rodríguez y a Ricardo Hausmann, en el ministerio de la Planificación; a Moises Naim, en el ministerio de Fomento; a Pedro Rosas Bravo en el ministerio de Hacienda, solo para nombrar alguno…

– Desde luego – admite -. Siempre pongo el ejemplo de Gordon Brown, ministro de Economía de Gran Bretaña. Él es comunicador social. Se rodeó de un equipo de asesores extraordinarios. Algunos de mis profesores, cuando estudié el doctorado, eran parte de su equipo. Un periodista inteligente, con un grupo de asesores de primera línea, puede manejar la economía muy bien.

 

Trabajo, industria y confianza

Nuestra conversación se desarrolla en una sala sobria y elegante de “Casa de América”, un trozo de nuestra tierra al otro lado del océano. “Casa de América” nos recuerda nuestras raíces, los lazos que nos unen al Viejo Continente, amén del valor de la tolerancia y  de la convivencia. También, que no existen fronteras para la reflexión, las artes y la cultura.

– En los últimos 10 años, se han destruido fuentes de trabajo. ¿Qué necesita hoy el país para recuperar la estructura industrial y el empleo? ¿Cómo devolverle la confianza al empresario?

– En los últimos 7 años ha desaparecido el 75% del Pib – insiste -. Eso significa que miles de empresas cerraron. Y sus trabajadores, por ende, quedaron desempleados. Venezuela tiene que reinventarse. Pero, primero, hay que generar una transición política. En revolución no hay futuro. La revolución de Nicolás Maduro no tiene credibilidad. No tiene autoridad para negociar un programa de estabilización con el Fondo Monetario y con el Banco Mundial para iniciar el proceso de reconstrucción.

En su opinión, Venezuela tiene que pasar por varias fases. Y la transición política es la primera.

– El gobierno – continúa – tiene que llamar a elecciones limpias y competitivas en las cuales la mayoría pueda expresarse libremente. Las encuestas indican que el 90% de la población quiere un cambio político. De esas elecciones limpias y competitivas saldría un Gobierno fuerte, con la credibilidad necesaria para llevar a cabo un programa de estabilización.

Y pasa a enunciar las fases siguientes, necesarias para que el país pueda salir del atolladero en el cual está metido. Explica:

– El nuevo gobierno, los primeros 90 o 100 días, tiene que aplicar un programa social de emergencia. Es decir, entregar subsidios directos focalizados en el 50, el 60 por ciento más humilde la población, para que pueda acceder a la canasta básica normativa. El siguiente paso es la aplicación del programa de estabilización. En fin, el manejo del conjunto de políticas fiscal, monetaria y cambiaria que estabilicen al enfermo y permitan recuperar el crecimiento, controlar la inflación, para que vuelva a un dígito, y crear pleno abastecimiento. Y, por último, dejar de ser una economía mono-productora dependiente del petróleo. Se hace necesario encender tres o cuatro motores alternativos de crecimiento. Y, créanme, hay muchos. Por ejemplo, pudieran ser turismo, petroquímica, frutas tropicales, para sólo mencionar algunos. No olvidemos la ubicación estratégica de Venezuela, al norte del sur. Es una ventaja. Pero – insiste -, el primer paso es la transición política.

– Usted habló de hiperinflación. Ésta ha destruido el poder adquisitivo de la población y el ahorro.  No hay circulante y nuestro signo monetario no tiene valor alguno en los mercados internacionales.  El Gobierno sigue inyectando dinero inorgánico o, más bien, dinero virtual. Digo “virtual” porque el Gobierno sigue depositando bonos y sueldos; pero, los bancos no tienen ni billetes ni monedas. ¿Cómo corregir esos desequilibrios?

–  Venezuela es un país de pobres millonarios – afirma con amargura -. La devaluación y la hiperinflación hicieron que los precios se dispararan. Todo cuesta millones y millones. Pero, el salario de los venezolanos, tanto el mínimo como el promedio, sigue siendo el más bajo de América Latina. De hecho, el salario mínimo es de 50 centavos de dólar. Es increíble que una parte de la población tenga que vivir con 2 centavos de dólar al día.

Como si eso fuera poco, señala otro fenómeno peculiar de la economía venezolana: la dolarización “de facto”.

– Los agentes económicos han perdido la credibilidad en la moneda, en el Bolívar – afirma -. Y han buscado resguardarse en dólares. Un 60, 70% de las operaciones en Venezuela se hacen en dólares. El resultado es que solamente una pequeña porción de la población puede comprar una canasta básica de alimentos y medicinas que satisfagan sus necesidades. En Venezuela, solo el 4, 5%  de la población tiene ingresos suficientes para tener una calidad de vida satisfactoria…

 

¿Dolarización o aberración económica?

El dólar está cada vez más presente en el día a día de los venezolanos. El gobierno sigue renegando de la divisa norteamericana; pero, al final, no le quedó más remedio que aceptar una realidad que lo embistió como un tsunami. Cuando hablamos de dolarización, estamos refiriéndonos a una estrategia económicos cuyo punto de partida es un acuerdo entre el gobierno que la aplica y la Reserva Federal norteamericana que la autoriza. Es el caso de Bolivia, para no ir muy lejos. En Venezuela, aún queriendo, ese acuerdo no sería posible por las sanciones económicas aprobadas por la Casa Blanca. Más, no es todo. En Venezuela, la inflación ha alcanzado también los precios de los productos en dólares. Preguntamos:

– Es una ironía que mientras en los demás países los precios en dólares se mantienen constantes, en Venezuela crezcan ¿Por qué ese fenómeno?

– La gente habla de inflación en dólares; pero, en realidad, no es lo que está pasando – nos corrige -. Estamos en presencia de un proceso de apreciación del tipo de cambio. Es decir, necesitas cada vez más dólares para comprar los mismos productos. En otras palabras, tienes hiperinflación en bolívares y apreciación del tipo de cambio. Estás en el peor de los dos mundos. Hay una dolarización “de facto” – continúa -. No se ha formalizado porque, entre otras cosas, requiere de un acuerdo con la Reserva Federal norteamericana y Venezuela está sancionada. No tiene relaciones con los Estados Unidos. Además, debería aprobarse un cambio constitucional. Para nuestra Carta Magna, la moneda de curso oficial es el Bolívar. Por último, se haría necesario un programa de dolarización formal que permitiese cambiar los bolívares en dólares, a los venezolanos comenzar a ganar en dólares y que todos los precios estuviesen expresados en dólares. Para la revolución es muy difícil aceptar que la moneda del imperio pase a ser la propia.

–  Esta apreciación del dólar, ¿a quién beneficia?

– Realmente a nadie o a muy pocos – asegura -. Al final tienes un país que se empobrece por diferentes vías. Todo es consecuencia de la incompetencia macroeconómica. El gobierno tiene un solo objetivo: preservar el poder.

 

Supermercados y bodegones

Las contradicciones son evidentes. Un abismo divide las clases populares de las pudientes. El fenómeno social se manifiesta a través del contraste entre quienes hurgan en la basura en busca de comida y quienes, en cambio, salen de los Bodegones con bolsas repletas de bienes importados; a través de las diferencias entre los productos de dudosa calidad y proveniencia que se venden en los abastos populares y en los supermercados y los importados de marcas reconocidas, sujetos a controles estrictos de calidad, que se exhiben en los estantes de los Bodegones.

– ¿Cómo explicar económicamente este contraste?

– Las contradicciones del modelo venezolano son terribles – admite el profesor Puente -.  La economía de los bodegones ha proliferado. Uno de sus símbolos es la Nutella. Tiene acceso a ellos el 5, 7 u 8 por ciento de la población. El resto queda excluido.

– ¿Qué rol juega en todo esto la emigración venezolana? ¿Qué importancia tienen sus remesas en el desarrollo económico del País?

–  No soy especialista en la materia – confiesa -. Escribí dos “papers” con expertos en migración. Pero, antes de tocar ese tema, me gustaría añadir un breve comentario sobre el anterior. Ferrari abrió en la Torre Jalisco en Las Mercedes un concesionario. Obviamente, sus clientes pertenecen a ese 5, 6, 7 por ciento de la población que está viviendo muy bien. Eso no ocurre en Cuba. ¿Qué quiero decir con esto? Al final, hemos construido una sociedad con un 95, 96% de población pobre, con un salario miserable y patrones míseros de consumo; y con un 4, 5 o 6% de población que está haciendo buenos negocios o negocios ilícitos. Y lleva una vida de jeque árabe. Ahora, respecto de tu pregunta sobre la emigración… ¿Cuáles fueron las conclusiones del estudio que hicimos junto con Magali Sánchez e Iván de la Vega? Dos. Y bastante obvias. El primer hallazgo es que, en los últimos 20 años, han emigrado, a consecuencia de la crisis, entre 5 y 6 millones de venezolanos. En términos estadísticos, es el éxodo más grande que ha vivido América Latina en su historia. El segundo, es que hemos perdido 5, 6 millones de venezolanos, en su mayoría con alta calificación técnica. El éxodo tiene un doble costo. El primero es que se han ido muchos venezolanos; el segundo, que muchos son hombres y mujeres con alta calificación técnico-académica.

– Cuál es su diagnóstico de la economía? ¿Y cuáles medidas sugiere para frenar la caída de la PIB y echar las bases de una nueva economía que no sea dependiente del petróleo?

– Comienzo por la primera parte de su pregunta – comenta -. El resumen es que Venezuela, este año, va hacia su octavo año consecutivo de recesión. Y, probablemente, el peor desempeño macroeconómico del mundo.

– Los países nunca quiebran…

– Sí, nunca quiebran – admite, para luego precisar:

– . Pero se empobrecen. Y, tarde o temprano, terminan convirtiéndose en Estados fallidos. Creo que todavía podemos torcer el brazo a la historia y tomar un camino de reconstrucción.

– ¿Puede ser Venezuela un país fallido con todos sus recursos naturales?

– Es mucho más difícil – señala -. De hecho, la revolución hizo algo increíble: quebrar a un país como Venezuela; a un país con las reservas petroleras más grandes del mundo. Ahora hablemos en positivo. ¿Qué hay que hacer para revertir todo esto? Llegamos aquí porque durante muchos años la revolución hizo muchas cosas mal. Ya le dije que se ha perdido 75% del Pib. Maduro solo tiene el 10 o 15% de apoyo en la población. Hay que acorralarlo y, junto con la comunidad internacional, obligarlo a llamar a elecciones libres y competitivas.

 

Blanco y negro

La revolución, en estos veinte años, nos ha enseñado a ver una realidad sin matices. Y, sin embargo, existen. Hay un sinfín de grises que, en política, son importantes. Por eso, preguntamos:

– ¿Es posible una transición sin chavismo o, cuando menos, sin el ala disidente del chavismo?

–  El “chavismo” – admite – es una realidad. Y es una realidad que va a estar en Venezuela, en la política venezolana, por muchos años. Hay que aceptarla y entenderla. Gran parte del mundo libre y democrático apoya un cambio político en Venezuela. Es un aliado significativo. Pero, los venezolanos tenemos que hacer nuestro trabajo: arrinconar a la revolución, igual que los chilenos hicieron con Pinochet. Obligar a convocar elecciones limpias y competitivas. Si se dan elecciones limpias, democráticas y competitivas, con un CNE autónomo y transparente, de las urnas saldrá un presidente con gran apoyo popular. Y, entonces, podremos pasar a las fases siguientes.

– ¿Cómo recuperar la ética en un País con niveles de corrupción y violencia tan altos, como los que se registran hoy?

– Venezuela – reconoce – siempre fue un país con altos niveles de corrupción. En revolución, los niveles de transparencia se han reducido al mínimo. Y eso afecta los valores de una sociedad. Hay que reconstruir el tejido social. Es algo mucho más complejo. Hablo de lo económico porque soy economista; pero, sin duda alguna, el problema es mucho más complejo. No obstante, recordemos que muchos países de América Latina han vivido procesos de hiperinflación y de crisis. Venezuela todavía tiene potenciales extraordinarios. Hay que tener paciencia.

Para concluir, comenta:

– Como venezolano, sigo apostando a una transición pacífica e institucional. Pero, no puedo asegurar que sea ese el destino de Venezuela. Con el nuevo ordenamiento mundial los viejos amigos se han convertido en enemigos y los que eran amigos ahora ya no lo son. Tienes a China, Rusia, Turquía y Cuba, jugando con la revolución. Pero, también a más de 60 países del mundo libre y democrático, la Unión Europea, los Estados Unidos, las naciones escandinavas apostando a una transición en Venezuela. Espero que sean estos los que triunfen.

Mauro Bafile