“Mi vida es tocar el acordeón y es lo único que puedo darle a la gente”

CARACAS – Sin duda, escuchar las notas de un acordeón nos trasporta a Italia, sus calles y la nostalgia de esa magia especial que envuelve su arte, comida, lugares y gente, pero sobretodo, lleva a revivir cientos de canciones de todos los tiempos, que han quedado en la memoria colectiva del mundo entero.

La música italiana tan particular es otro de los grandes legados que la cultura del país de la bota ha dado al mundo, a lo que se suma sonidos que dejan algunos instrumentos, entre ellos el acordeón, que aunque no es originario de Italia, la tradición los acogió como tal y se asocia a melodías puntuales, baladas clásicas y con ritmos más alegres y populares  como la tradicional tarantela.

Sin embargo, la práctica de este instrumento se ha perdido y no termina de entrar en las academias internacionales, por lo que con un sistema similar al de los pianos, hoy sobrevive como un recuerdo entre la población más adulta.

Pero, en Caracas hay un italiano venido de Basilicata, provincia de Potenza, que lleva 60 años dedicado a deleitar al público con su variado repertorio de música de todos los tiempos, siendo las canciones tradicionales las que despiertan recuerdos y añoranzas, e invitan a volar la imaginación y recorrer el mundo entero, así como despertar los más conmovedores sentimientos.

Paolo Orlando Viggiano comenzó a tocar acordeón a los nueve años más por sugerencia de su mamá que por iniciativa propia, pero hoy le agradece que lo impulsara a estudiar música, a pesar que soñaba con ser ingeniero mecánico.

A los 17 años se graduó en Caracas de profesor de enseñanza de acordeón y piano y se compró  una “Vespa” para dar clases a domicilio y darse a conocer como maestro. A partir de allí, empezó su larga trayectoria y a compilar un amplio repertorio.

Orlando relató para la Voced´Italia que llegó a Venezuela en 1960 junto a su mamá y hermano, pues su padre ya tenía varios años en Caracas.

Cuando vino a Venezuela ya tocaba el acordeón, incluso lo hizo en el barco, todo a partir de un consejo que le dieron a su  madre, el cual afirmaba que era mejor que Paolo aprendiera a tocar el instrumento para poder traérselo y no pensaran que ella lo portaba para venderlo en el país.

“Estando en Italia comencé con una profesora durante 8 meses  y cuando me embarque en la turbo nave Venezuela, tocaba dentro del barco, donde además, el capitán nos preparó a todos los muchachos, para que hiciéramos también la primera comunión”, comentó.

Luego estudió música en el Conservatorio italiano de música de la avenida Montesacro, Caracas, donde empezó con piano bajo la guía de Corrado Galcio, y después acordeón con Domenico Doglio en la Alta Florida, quien era oriundo de Torino.

Estuvo por muchos años dando clases a domicilio y con eso se mantuvo bien, pero con el tiempo le entró la inquietud de tocar en lugares, y aunque siempre había tenido miedo escénico, se mantenía trabajando sólo en fiestas particulares y familiares, pero un buen día un alumno lo recomendó y lo llamaron de inmediato para presentarse los fines de semana.

Mil canciones

Comentó Orlando que empezó tocando todo tipo de música porque hay distintos ritmos, pero la música occidental es bella en todos sus ritmos y tiene una selección muy amplia, por lo que puede tocar melodías italiana, venezolana, brasileña, española, colombiana, tangos , pasodobles y temas de películas, “pero lo que más me gusta es  disfrutar mis canciones, como lo hago con las tarantelas, que me alegran o tocar ´My way´, porque es una de mis favoritas”.

Dijo que la mayoría de las personas piden temas románticos y boleros, y reconoció que el público que más disfruta sus piezas son los mayores de 50 años,  porque aunque toque algo moderno, las preferidas alcanzan hasta la década de los noventa.

Relató que para los eventos prepara una selección y siempre tiene una lista de canciones, pero a fin de cuentas, va tocando lo que le provoque y pida la gente, y así es que realmente arma los repertorios, en los que participa el público cantando y acompañándolo.

Explicó Paolo que aprendió música leyendo, pero un día se dio cuenta que era rentable tocar en lugares, y desde allí comenzó a memorizar todas las canciones, para lo que estableció una rutina, y todos los sábado se dedicada en su estudio, el cual ponía en penumbra, a aprenderse entre 12 y 15 piezas para poderlas tocar frente al público, contando hoy con alrededor de 1.000 canciones para armar set de melodías mezcladas, “porque toco algo alegre y luego me calmo y pongo un bolerito, para darle variedad al evento y bajar las tensiones , que no sea ruidoso o romántico, sino variado”.

Indicó a la Voce d´Italia que ya no da clases particulares pero siente la satisfacción de haber enseñado a muchos alumnos, de los cuales algunos han destacado como músicos, y eso le da mucho orgullo.

Referente al instrumento, explicó que los acordeones son muy costoso y pesados y al igual que el piano, constan de un sistema de 185 bajos a pesar que ahora se han simplificado , para tocar con la mano izquierda, de los cuales 65 son parecidos a los de la mano derecha y pueden tocarse igual a los del piano.

Dijo que el acordeón que él posee ahora es más sencillo y no tan pesado, porque antes era muy grande, sin embargo prefiere tocar sentado porque pesa cerca de 7 kilos y medio y es muy forzado estar de pie sin un atril.

Como en Italia

En cuanto a sus presentaciones, este simpático intérprete, con su vestimenta particular y siempre a tono con el entorno, ha estado presente en algunos eventos organizados por la Cavenit, como por ejemplo la Semana de la Gastronomía Italiana, donde se presentó en la plaza de El Hatillo, deleitando al público y creando una atmósfera que trasportaba inmediatamente a los visitantes a un pequeño pueblo italiano.

Asimismo, se ha presentado en actividades donde la colonia italiana disfruta realmente su música, como el Centro Ítalo Venezolano, algunos restaurantes, fiestas privadas y diversos eventos de la comunidad.

Orlando lamentó que con la pandemia las actividades se han reducido muchísimo, sin embargo el optimismo que refleja, hace ver que este inmigrante con 60 años en Venezuela, disfruta todo lo que hace y lo que venga, porque “esa es mi vida, tocar…y es además lo único que puedo darle a la gente:  mi música, mi arte y mi alegría”.

Aunque ha compuesto sólo algunas canciones, siempre recuerda un vals que hizo para su hija Lorena “Lorenamar”, y agregó que aunque no ha grabado un disco, sabe que siempre está en el recuerdo de las personas que lo escuchan, quienes también pueden verlo en videos montados en YouTube o contactarlo a través su cuenta de Instagram @paoloorolandov

Su orgullo

“Mi hija también toca música desde pequeña (piano, acordeón y órgano) y le empecé a enseñar piano cuando ella tenía 7 años porque me lo pidió, hasta que un día no quiso tocar más. Al tiempo, volvió a pedirme que le enseñara, lo cual me llenó de alegría y orgullo, y era como una esponja agarrando todos mis conocimientos, hasta que comenzó a tocar acordeón”.

 

Ella a diferencia, es cantautora ha grabado discos y vendes sus canciones por las redes sociales, y además de ser  tarotista terapéutica, hace musicalizaciones a cantantes y les hace voces, todo un trabajo digital para el que utiliza internet.

“Yo mientras tanto sólo quiero aprovechar la vida y grabo mis canciones y se las paso a mis amigos que están por el mundo”.

En cuanto a los acordeonistas en Caracas, dijo haber pocos, pues algunos fallecieron y otros se fueron del país, pero hay una antigua compañera, Manola Infante, que junto a su hija tienen una academia en Valencia, estado Carabobo, y una orquesta que tocan muy bello y siempre están presentes en las actividades de la comunidad italiana de esa región del país.

Finalmente, comentó que su último viaje a Italia lo hizo con su familia en 2001 y fue realmente maravilloso, porque buscaba siempre tocar en los lugares que visitaba, y aunque no llevaba su acordeón, le prestaban alguno y compartía sus canciones, alegrías y nostalgias.

Paolo Orlando, casado desde hacer 45 años con Ivone Capace, hija de armenio y árabe y criada en medio de sicilianos y napolitanos en Catia, Caracas, precisó que siempre se hacen compañía y que si tuviera que volver a vivir su vida, lo haría nuevamente con la misma persona, con quien se volvería a encontrar para casarse y estar nuevamente juntos.

Letizia Buttarello Lavarte