Flavia Pesci Feltri: “La poesia, momento de magia”

CARACAS – Cloe corretea por la amplia sala con desenfado y para nada cohibida por nuestra presencia. Se nos acerca curiosa, nos observa con interés, husmea en nuestras manos. Solo un instante, antes de darse la vuelta y volver al lado de su dueña que la acaricia con cariño. Es una cachorrita, hiperactiva y juguetona; una Beagle alegre y llena de energía. Será una presencia permanente en nuestra conversación con Flavia Pesci Feltri, profesora de Derecho Administrativo de la Universidad Central de Venezuela y socia del escritorio jurídico Baumeister & Brewer. Pero, más que eso, escritora y, aun cuando lo niegue, una de las poetas jóvenes emergentes. La poesía, como ama comentar, la hace sentir “mejor persona”.

– ¿Qué es lo que te atrae, lo que te inspira de la poesía?

– Tuve la suerte de estudiar en la escuela italiana “Agustín Codazzi” – nos dice sonriendo -. Y la de tener una profesora maravillosa, Wilma Vettor. Recuerdo que cuando explicaba por enésima vez los poemas de Petrarca o los de Leopardi se emocionaba como si fuera la primera vez. Los recitaba, los detallaba de tal manera que me resultaba imposible no sentirme involucrada, fascinada, hipnotizada. Su sensibilidad, nos transmitió la pasión por la poesía.

Comenta que también sus padres tenían fuertes vínculos con la literatura.

– Mi madre – expresa – leía muchísimo. Creo que todos, en algún momento de nuestra vida, sentimos la necesidad de acercarnos a aquello que nos eleva interiormente. Me ha pasado. La poesía es la manera que encontré de expresarme.

La pregunta no podía ser otra. Poesía y Derecho. La frescura y la fragancia de las palabras y la rigidez y aridez de las Leyes. ¡Qué contraste! ¿Por qué dedicarse al Derecho siendo atraída por las letras?

– Se tiene un concepto equivocado del Derecho – comenta -. Prevalece la idea de que es una materia árida, a la que se acude cuando hay conflictos. Pudiera ser. Sin embargo, el Derecho tiene mucho de humanismo. Está muy vinculado a la literatura. Toma los dramas del ser humano y los regula para que puedan evitarse, para que puedan resolverse de la mejor manera. Las normas aparecen e intervienen para limitar la libertad. Y lo hace para que todos, de alguna manera, podamos gozar de ella.

– Tu libertad termina dónde comienza la mía…

– Es la única manera para convivir en paz – asegura -. Necesitamos ineludiblemente de los demás. Siendo así, es indispensable buscar normas de convivencia. El Derecho es producto del ser humano y está dirigido al ser humano. En consecuencia, sí… es muy humanista.

Confiesa que leyendo e investigando descubrió “que las normas originarias se expresaban de manera poética y simbólica”.

– Al principio – continúa -, el sacerdote era el legislador. Y también era poeta. Una sola persona reunía estas tres figuras, Conseguí una Constitución del siglo XIII. Es la Constitución de unas tribus africanas. Su preámbulo, la exposición de motivos, es un poema de una belleza extraordinaria. Las Constituciones, en especial sus preámbulos, son muy poéticos. El Derecho acude a la poesía para poder llegar directamente al corazón de las personas. No es el Código Civil, pero… hay una cierta vinculación.

– El mundo del Derecho pareciera ser un feudo masculino. ¿Qué dificultades encuentra una mujer para labrarse un espacio?

– Muchas – afirma de inmediato -, aún cuando las mujeres tienen un espacio importantísimo. Están en todas partes y hacen una labor increíble. Sin embargo, siguen sin ocupar cargos importantes o tienen que sacrificar su vida personal. Siempre hay que tomar una decisión.

Confiesa que los clientes, cuando tienen que discutir algún caso importante, no toman muy en serio a las mujeres por el hecho de ser mujeres.

– Lo hacen inconscientemente – matiza -. Pero, es una realidad…

– ¿Y en el mundo de la literatura?

– No he sentido esa diferencia – nos dice -. Nunca he tenido la sensación de que, por ser mujer, tenga menos posibilidades que otras personas. Sé que hay mujeres que así lo sienten.

 

Un momento de magia

La entrevista, cómplice la simplicidad y espontaneidad de Pesci Feltri, abandona toda formalidad para transformarse en una agradable conversación. Mucho tiene que ver Cloe, que merodea en la sala y a veces busca nuestras caricias, otras las de su dueña.

– ¿Qué te inspira? Algunos novelistas dicen que les cuesta empezar a escribir, pero luego la pluma los lleva por días, semanas, meses. La poesía, como todo lo que se escribe, tiene un comienzo y un fin. Pero, al contrario de las novelas o de los ensayos, en la poesía ese fin está a la vuelta de la esquina, llega casi de inmediato. Así que tienes que buscar inspiración todo el tiempo… ¿Cómo lo haces?

Se detiene a pensar. Su respuesta no es como un resorte, inmediata. Más bien, contenida. Sentada frente a nosotros detrás de una mesita, en un cojín en el piso con las piernas cruzadas (“así estoy más cómoda” nos dice), expresa:

– Lo que pasa es que los artistas, los poetas tienen capacidad de atención, de contemplar… Ya al detenernos a ver qué estamos sintiendo u observando… en ese mismo instante, si lo hacemos con atención, se nos dispara algo. Hay la necesidad de expresar lo que se siente… Es un momento de magia, de inspiración. El poema, aunque pudiera escribirse en ese momento, requiere luego de mucho trabajo. Y ahí puede quedar muchísimo tiempo, hasta años… No ha sido mi caso… pero, por ejemplo, la gran poeta rusa… Ajmátova escribió un poema extraordinario que cito en “Trazos en Fuga”. Se titula “Réquiem”. Es un poema largo y de una maravilla extraordinaria. Estuvo más de 13 años escribiéndolo.

Sonríe, la mirada perdida en la distancia, mientras acaricia Cloe inquieta y alborotadora.

–  Normalmente – continúa -, se tiene la idea de que el poeta se inspira y que, en esa inspiración, nace el poema acabado, perfecto. A veces sí, sucede. Pero, no es lo normal. Hay que leerlo, revisarlos… se agrega, se amplía, se reduce… En fin…. Es un proceso fascinante porque, quizás, lo que tú querías decir en un principio se mantiene o, quizás, no. A veces se llena de otras cosas. Otras, no. Uno nunca es la misma persona

¿Qué tanto duele quitar y poner? ¿Qué tanto duele la fase de corrección? ¿Cómo lo metabolizas?

– Muchas veces, la mayoría de las veces – confiesa -, no estoy muy contenta con lo que he escrito. Soy muy crítica …

– Escribes, como dicen en Italia, “di getto” o, más bien, meditas cada palabra…

– Escribo el todo y, luego, lo reviso – comenta -. Creo que me ha pasado lo uno y lo otro. En realidad, no tengo una metodología. Es decir, hay veces que escribo de un “plumazo” y me gusta. Y hay otras que escribo poco a poco…  Es posible que de repente te aparece una frase. Te parece extraordinaria. Entonces, quieres saber cómo puedes continuar… y vas meditando palabra por palabra. En otras ocasiones puede que el poema fluya libre… sin ataduras… A veces, te despierta a las 3:00 de la mañana, no sé por qué motivo, y tienes en mente palabras o una frase. Las anotas. Y las dejas, ahí. Lo retomas luego y tal vez pase algo. Y en cuanto al dolor, cortar o eliminar… No elimino, lo dejo de lado. Esas palabras, esas frases tienen su origen y pueden transformarse. No, no las elimino del todo, están ahí.

– ¿Qué te inspira más? La introspección, el entorno, la reflexión…

– Por ejemplo, en mi primer y segundo poemario – nos dice – hay mucho de adentro y también mucho del “yo” … reflexiones interiores. Escribía sobre mi misma… Me cansó un poco. Entonces, me salió natural y espontáneo, en este tercer poemario, mirar afuera. En realidad, hay una mezcla del afuera y del adentro. Lo maravilloso es observar, siempre observar. Y cuando uno observa el afuera, ineludiblemente hay una conmoción o una transformación interior. Una necesidad. Creo que estamos inevitablemente unidos todos con algún hilo. Entonces, si uno ve algo afuera, eso se conecta con lo que está adentro.

– A veces, creamos nuestro mundo. Y todo se desarrolla alrededor de ese mundo. Suele ser la suma de lo que percibimos de afuera y de lo que callamos en lo profundo de nuestro yo. Es un mundo imaginario. ¿Te has creado tu propio mundo, lo has hecho alguna vez?

– Si y lo he disfrutado muchísimo – confiesa -. En “Trazo de fuga”, hay poemas que parecen escritos en otra época. Cuando uno se pone a escribir, se encierra en su mundo. Por ejemplo, acostumbro a escribir de madrugada, a partir de las cuatro. Ese momento del día, es un lugar del mundo distinto al que normalmente te desenvuelves. Es un mundo de silencio en el cual comienzan a aparecer algunos sonidos. Hay una atmósfera distinta… Sin embargo, tampoco creo estar fuera de la realidad. No me abstraigo. Cómo explicarlo… En el momento de escribir, sí…, pero no me desvinculo con la realidad.

Echa atrás las agujas del tiempo. La memoria la devuelve a su niñez. Recuerdos entre brumas. Trozos de vida que, como dice Antonio Machado”, “nunca has de volver a pisar”. La suya es casi una confesión bañada de nostalgia

– Lo hacía mucho… de pequeña me encantaba esconderme en los lugares. Solía hacerlo en la parte superior del closet. Ahí nadie me encontraba. Era una maravilla. No me gusta estar rodeada de gente todo el tiempo. Prefiero estar aquí, en mi casa, tranquila. Uno se va haciendo su propio espacio, su proprio mundo.

 

Entre fantasía y realidad

La sala en la que se desarrolla la entrevista, a pesar de su amplitud, es acogedora. Amueblada con sobriedad transmite una sensación de quietud y calor familiar. Contribuyen la cálida brisa tropical que se cuela, casi insolente, por los resquicios de un ventanal entreabierto y el resplandor de los rayos de sol que juegan con las hojas de los árboles e invaden prepotentes, a veces, con recado otras, hasta los rincones más recónditos. A lo lejos se oye el canto alegre de los pájaros que aletean libres y despreocupados.

– Hablemos del mundo académico… ¿Se puede conciliar la poesía, que abstrae de lo real, con el mundo profesional que impone la dictadura de lo concreto?

– He intentado hacerlo – nos dice -. Por ejemplo, a mis alumnos les leo poemas. Los analizamos desde el punto de vista jurídico y los discutimos. Siempre hay un espacio para la lectura. A veces, explicar el Derecho resulta muy árido. Por eso, es necesario introducir elementos que lo humanicen.

Titubea. Sonríe. Y nos confiesa:

– A los 40 años, tuve un momento de gran duda respecto al Derecho. Empecé a ejercer mi profesión cuando comenzó todo lo que hoy estamos viviendo. Hace 10, 11 años, viví un momento de crisis importante.  Y empecé a escribir. No es que antes no lo hiciese. Pero, entonces fue cuando decidí dedicar parte de mi tiempo a la poesía. Lo hice para no abandonar el Derecho… entonces quise buscar cómo introducir la literatura al Derecho.

– Humanizar el Derecho

–  Se trata del ser humano – explica -. Dices en clase que el ejercicio del poder tiene que estar limitado, que por eso están las normas de Derecho Administrativo, Constitucional, etcétera… Sin embargo, sales a la calle y te das cuenta de que el ejercicio del poder es arbitrario, es ilimitado y que lo que está en el papel no se cumple. ¿Cómo no indignarse? ¿Cómo no sorprenderse? ¿Como no querer que eso cambie?

– La poesía como válvula de desahogo…?

– ¡Si! Seguramente – admite -. Es poder expresar esta sensación de impotencia.

– Sin embargo, tus poesías no parecieran revelar sentimientos de impotencia …

– Es la sensación que siento ahora y la he tenido al escribir…  Algunas de las cosas que están escritas en este poemario, “Trazos de Fuga”, son producto de la impotencia y de la indignación.

– Con tú preparación profesional y siendo poeta conocida más allá de Venezuela, por qué te has quedado en el país…

– Siempre he sentido que aquí hay todo por hacer – nos interrumpe -. Y que éste es el lugar donde me siento más a gusto… Este es mi lugar. Sí, me imaginaba vivir dos o tres años en cualquier otro país. ¿Quién no lo ha pensado?

Mira alrededor y mueve negativamente la cabeza.

– La idea de irme definitivamente… de vender mis “dos cositas” … de irme a otro lugar… es algo que no… no puedo hacer. Dos años, tres años… quizás. Cuando me gradué en el “Liceo Scientifico” tuve la posibilidad de ir a Italia a estudiar. No quise. Sentía que aquí había que hacer muchas cosas. En Europa, todo está hecho. Se tiene la percepción de que las personas lo tienen todo resuelto.

– Es una sensación que siente todo el que, por alguna razón, tiene que dejar su tierra.

– Es una orfandad. Quizás yo sea “naive”. Siempre pensé que se podían hacer cosas; que se puede seguir haciendo cosas para que esto cambie. Tengo un hijo de 19 años y entiendo perfectamente que él no se vea viviendo aquí. Me duele mucho, pero lo entiendo… Está totalmente justificado.  Yo tampoco sé si, dentro de 5 años, dentro de un año o dentro de un mes decida irme. No lo sé. Pero, por ahora, mi deseo, mi necesidad es estar aquí.

– Enseñas a los jóvenes algo que, lo sabes, en la vida real de Venezuela no existe…

– Claro, pero puedes prepararlos para que eso cambie – afirma persuadida -. Les puedes decir: señores, lo que está sucediendo no es lo que debería ser. Ustedes tienen que estudiar, prepararse, profundizar. Aquí hay que hacer todo un trabajo y una lucha fundamental. Además de lo que mencionas, están las condiciones de la Universidad. Hasta apenas cinco años, tuve clases de 60, 70 alumnos. Ahora las aulas están vacías… apenas 10 o 15 alumnos. O se han ido o simplemente no pueden permitirse ni siquiera ir a la Universidad Central de Venezuela. No tienen con qué pagar el pasaje de autobús. No es solamente la realidad terrible del ejercicio del Derecho. Estamos en una etapa de sobrevivencia… He sido muy afortunada por haber nacido en una casa con unos padres extraordinarios; unos padres que me transmitieron muchísimo amor. Me siento en la obligación de devolver algo…. Se hace con pasión y ya.

– Es posible escribir poesías de denuncia social

– Sí, lo es. No obstante, se corre el gran riesgo de politizar en demasía y, por ende, de banalizar. De hecho, creo que en el poemario “Trazos de Fuga” hay muchas cosas que denuncian. No sé sí pasé la frontera de lo banal… Es imposible no denunciar; pero, hay que hacerlo con mesura. La poesía, de alguna manera, es denuncia. Trata temas fundamentales: el amor, la injusticia, el poder, la ira, el malestar que genera el mundo.

Nos lee “Informe de Palacio:6 a.m.:

“…a esta hora la mujer del Rey acomoda su corona de hojalata mientras recuerda su voz de niña. no quiere despertar junto a su marido derramado en grasas. bufa el inútil su único discurso. pronto se avecinan fechas de desvarío cuando toda una nación hundida lo persigue. es un rey que gira torpe sobre sí mismo. en palacio se le arrastran como lagartijas. entre rincones empujan a sus propios muertos acechando en los resquicios del poder. un poeta conocido ansía a toda costa versar el veneno pero son inciertos los pasos cuando no hay ardimiento. contrae la mano. flexiona sus dedos. suda ríos confusos. se dilata. la cola de escorpión escribe en el aire: – difícil es el regreso al futuro -.

– Se puede denunciar. – concluye – No es fácil, pero hay maneras

Mauro Bafile