La redonda pizza y su misteriosa forma de servir: en cajas cuadradas y rebanadas triangulares

(Foto pixabay.com)

Querido lector, haga un experimento: invite a varias personas de diversos países de los 5 continentes, y pídales que dibujen lo primero que les venga a la mente al usted mencionar la palabra pizza.

Le aseguro que cada uno tendrá una representación gráfica de lo que es este ícono itálico, pero todos, sin excepción, sabrán lo que es.

La pizza es, quizás, el plato italiano más internacional. No creo que haya ningún país en el que no se deguste.

Es increíble que una preparación tan sencilla como un disco de masa con levadura, untado de salsa de tomate con queso encima, tenga tanto alcance mundial. O quizás, en esa misma sencillez, se basa su enorme éxito.

Su salto de Italia a América se dio en la postrimería de la II Guerra Mundial. Muchos italianos viajaron al otro lado del Atlántico y, como forma de subsistencia, montaron pizzerías que enamoraron a los locales con el sabor de sus preparaciones.

Imagínese caminando, con prisa, por Manhattan y le ataca el hambre; entra en un lugarcito de pizza, pide un slice (rebanada en inglés), se lo come parado en una mesita alta o sentado en un banquito y prosigue con su marcha. La pizza cuadró tan bien con el estilo rápido de vida de los neoyorquinos que, incluso, han acuñado el slogan New York Style.

Le cuento que un día, un amigo mío estadounidense, me dice que la susodicha había sido ¡inventada en su país! ¡Le confieso que casi muero de un infarto!

La pizza, tal como la conocemos hoy en día, tiene fecha posterior a 1700 ya que, a partir de esa época, entró el tomate a la gastronomía italiana. Sin embargo, ya existía de mucho antes en la forma de un disco de masa con fermento, con algunos ingredientes encima (hoy en día se le conoce como focaccia- cuyo nombre deriva del latín: focus o focolare en italiano que es lugar de la chimenea donde se prende el fuego para cocinar).

Se dice que el nombre pizza derivó del griego pitta como se conocía la focaccia. Sin embargo, otros estudiosos afirman que deriva del latín pinsare, amasar harina con agua. Independiente de donde se haya derivado el término, el nombre pizza llegó para quedarse.

 

Pizza Margherita

Cierto día de 1889, la muy querida reina Margarita de Saboya (primera soberana de una Italia ya unificada) visitó la ciudad de Nápoles. Raffaelle Esposito (pronunciado como esdrújula: espósito), dueño de una taberna, quiso rendirle un homenaje y creó una pizza con los colores de la bandera de Italia los bianco, rosso e verde. Tomó el disco de masa, le colocó una base de tomate, le agregó rodajas de mozzarella y, como toque final, unas hojas de albahaca. En honor a Margarita, la bautizó: Pizza Margherita. ¡Lo demás es historia!

En Italia la pizza se degusta sentado a la mesa en pizzerías donde, normalmente, el horno de leña está a la vista y se puede observar todo el ritual de su preparación: detrás del mostrador, están los pizzaioli que lanzan la masa al aire y la atajan con el puño y le dan su forma característica. Luego le colocan los ingredientes encima. Con una gran pala, hacen resbalar la pizza dentro del horno, cerca del fuego, la dejan cocinar por, aproximadamente, dos minutos, la sacan del fuego, la cortan en triángulos y la deslizan en el plato.

Existe otra modalidad de servirla: se conoce como pizza al taglio (al corte). Son pizzas, de masa gorda preparadas (por metro) de forma rectangular que se van troceando. La ventaja radica en que se pueden pedir varios pedazos con diversos ingredientes encima. Esta forma de comerla nació en Roma

Cuidado, querido lector, si se da una vuelta por la bella Italia, y entra en una pizzería, ¡no la pida nunca con piña! Se enfrentará con un “Ma che schifo, quella non è una pizza!” (Qué asco, ¡eso no es una pizza!) y corre el riesgo de que, algún pizzaiolo molesto, lo bote del lugar.