El helado: el italianísimo y frío dulce internacional

Helados de vainilla
Helados de vainilla. (Foto di StockSnap da Pixabay)

Querido lector, si en alguno de sus viajes a Italia, algún familiar o amigo italiano le ha dicho, luego de haber cenado, “Andiamo a prendere un gelato?” (¿Vamos a comernos un helado?) siéntase satisfecho porque ha vivido una experiencia italianísima. Usted puede decir, con propiedad que “ha pasado” por Italia, y no que Italia “ha pasado” por usted.

Esa pregunta resume siglos de historia de un postre de cuya autoría hay tres italianos de origen tanto norteño como sureño. Es cierto que antepasados de ese postre se consiguen en la historia egipcia (e incluso antes), pero en forma de frutas congeladas con el uso de la nieve y miel. Durante el medioevo, los árabes comenzaron a producir los sherbets (origen de la palabra “sorbete”) con jugos de frutas congelados en cilindros inmersos en hielo. Y con esa técnica comienza la historia del helado moderno.

Como dijimos, tres italianos impulsan la consolidación del helado; pero, si bien esta historia se inicia en su país de origen, está ligada con Francia (París, específicamente). Transcurría el siglo XV, cuando, por orden de Caterina de Médici, se lanzó un concurso para decidir quién crearía el “plato más curioso y original” en su corte. A un tal Ruggieri se le ocurrió hacer un sorbete con frutas congeladas y esculpidas en forma de simpáticas figuras. Se llevó el primer premio y generó así un desprecio, por parte de los chefs franceses, que lo perseguiría durante su periplo en París. La propia Caterina se lo llevó a Francia cuando pasó a ser reina de ese país al casarse con el Duque de Orleans, Enrique. Llegó entonces Ruggieri a ser el cocinero de su corte; sin embargo, la envidia y el desprecio de los chefs franceses hicieron de su paso por París un infierno. Le dio un sobre con las instrucciones de cómo preparar sus helados a la reina y se regresó a su patria. Gracias a su receta, los cocineros franceses se dieron el banquete de esparcir ese dulce por toda Francia.

También durante el Renacimiento, en Florencia, la historia continúa con Buontalenti quien es el primero que incorpora la leche y los huevos a la preparación helada. Tuvo tal éxito que la receta se expandió por toda Europa.

 

(Foto di Seksak Kerdkanno da Pixabay)

Pero en Sicilia se consolida la modernidad del helado. Un pescador – cansado de ser tal – de nombre Francesco Procopio dei Coltelli recibió como herencia de su nonno una extraña máquina que giraba con hielo alrededor y en la cual se podía hacer un helado cremoso (él lo endulzaría con azúcar en lugar de miel). Animado por la idea hacer dinero, se va a París para probar suerte y montar un negocio que le diera buenos dividendos y fama. ¡Y lo logró! Abrió un local y recibió de manos del rey Luis XIV en persona una “patente real” en forma de concesión. Con buen tino, aterrizó su café frente a “La Comédie-Française” y de esta manera logró tal éxito que “celebrities” de la época como Voltaire, Balzac, Víctor Hugo…y hasta Napoleón comieron sus helados allí. ¡Se imagina cómo habría sido la difusión de su local si en esa época hubiera existido el Instagram y la figura de los influencers!

Lo demás es historia. Todo ese recorrido fue necesario para que hoy en día podamos decir: “Andiamo a prendere un gelato?”. Le doy un consejo: si usted está en Italia compartiendo con amigos (italianos o no) diríjase a ellos y haga esa pregunta (¡en italiano, por supuesto!) luego de haber cenado y quedará como un verdadero italiano ante los ojos de sus compañeros.

Buon appetito!