El metro comienza el año en su peor estado

A pesar del caos el Metro de Caracas sigue siendo el medio de transporte más utilizado en la capital venezolana. A diferencia de años atrás, hoy no brinda las condiciones adecuadas para que los usuarios puedan disfrutar de un viaje tranquilo
A pesar del caos el Metro de Caracas sigue siendo el medio de transporte más utilizado en la capital venezolana. A diferencia de años atrás, hoy no brinda las condiciones adecuadas para que los usuarios puedan disfrutar de un viaje tranquilo

CARACAS – Ingresar al subterráneo caraqueño es un fiel reflejo de la calle, las excentricidades y los vicios que una persona encuentra cada día en cualquier esquina de la ciudad, viajan en los cada vez menos vagones del medio de transporte más utilizado en el país. Deterioro, suciedad, robos, arrollamientos, asesinatos, es con lo que tiene que lidiar el usuario, especialmente desde el inicio del presente año.

Toda entrada a una estación de metro en la ciudad de Caracas se caracteriza generalmente por dos cosas: un vendedor de cigarros y a pocos metros, las escaleras mecánicas dañadas. Así es el ingreso a la estación Plaza Venezuela, el epicentro de todo el sistema subterráneo. Desde su entrada se puede observar el flujo de personas que se movilizan sin ningún tipo de organización. Amén de sufrir las consecuencias del caos que eso genera.

Lor torniquetes quedaron como recuerdo: todos pasan por la puerta de minusválidos
Lor torniquetes quedaron como recuerdo: todos pasan por la puerta para minusválidos

Plaza Venezuela es el claro ejemplo de lo que significa la devaluación del bolívar. El ínfimo precio del pasaje, cuatro bolívares por un boleto simple, al 28 de enero 0,00002 dólares, evidentemente no genera ningún tipo de ganancia para el sistema. Es por eso que ya no existe preocupación por exigir ticket a los aproximadamente dos millones de usuarios que se movilizan diariamente. Todos pasan gratis por la puerta de minusválidos y los torniquetes quedaron como recuerdo de algún tiempo en que las normas se respetaban.

Sin embargo, en ese momento no ha comenzado aún el estrés de los usuarios. El transporte público caraqueño no es ideal para aquellos que buscan una llegada puntual a su llegada de destino. Esto se comprueba con solo asomarse hacia los andenes, una multitud que impaciente espera la llegada de los pocos trenes que aún quedan y vienen ya repletos.

El 22 de enero fue uno de los días que más retraso ha tenido el sistema de transporte subterráneo. Los usuarios tuvieron que esperar lapsos de hasta media hora para poder ingresar en los vagones. Fuentes informaron al portal “Efecto Cocuyo” que esto se debía a que actualmente solo circulan 12 de 26 trenes que deberían funcionar en la línea 1.

Culpas divididas

Las principales quejas de los usuarios son a partir del momento en que toca ingresar a los vagones. Un hombre con traje, con dirección a su empleo en la urbanización de Los Dos Caminos, se queja de tener que movilizarse entre empujones para poder ingresar o salir de los vagones. Su nombre es Ernesto y afirma que el mayor culpable de las condiciones del metro es el Gobierno nacional. Sin embargo, denuncia que las personas no ponen de su parte para que las condiciones mejoren, al contrario, la conducta “animal” de los usuarios, como la define, hace que los viajes se vuelvan aun más caóticos.

La situación, en cuanto a afluencia de personas, mejora levemente en la línea 2 que se conecta en trayectoria con la línea 4 y con la estación Bello Monte de la línea 5, la última en inaugurase. En esto coincide José Peña, quien, recostado en una pared, espera al próximo tren en la estación Capuchinos. Asegura que el peor momento, en el metro, es cuando tiene que tomar la ruta desde Plaza Venezuela hasta Petare. Es esta crítica un lugar común entre los usuarios del sistema. Afirma que es el deterioro de la sociedad lo que se evidencia cada vez que sube y baja de un vagón. La pérdida de valores y la falta de conciencia hacen que no sea él quien culpe a los operadores.

Deterioro y suciedad
Deterioro y suciedad

“Sin aire no me monto” fue una de las frases que utilizó José para hablar sobre las condiciones dentro del sistema. El aire acondicionado es normalmente la primera consideración que toman los usuarios a la hora de calificar el subterráneo. En la línea 2 la mayoría de los trenes son todavía de vieja data, con fallas eléctricas y sobre todo aires acondicionados deficientes o completamente dañados.

En uno de los vagones sin aire se sienta Gloria Márquez, una señora visiblemente molesta. Se queja de la falta de aire y del deterioro general del sistema. Ella utiliza el Metro Los Teques para llegar a su casa, y aumenta su molestia al comentar que “siempre lo suspenden”. Y es que en efecto, desde que dio inicio el presente año, se han suspendido las actividades del Metro Los Teques en no menos de tres ocasiones.

El metro como entidad lucrativa

Una de las exigencias de José Peña es un control mayor sobre los individuos que se dedican a la economía informal o a la mendicidad. Afirma que esto ocasiona una menor calidad del servicio del sistema. Chicles, caramelos e incluso peines, son artículos que pueden ser encontrados en las instalaciones. Los vendedores ambulantes alternan su subida en los vagones con personas que solicitan dinero para tratamientos médicos, ya sea por problemas de asma o por un disparo recibido.

Sobran las escaleras mecánicas dañadas
Sobran las escaleras mecánicas dañadas

En la estación terminal Zona Rental suele subirse un joven llamado Dixon. No un simple mendigo. De alguna manera, contribuye al “mantenimiento” de las instalaciones. Con una escoba y una bolsa de tela, solicita a los usuarios una “colaboración” al tiempo que realiza la limpieza de los vagones.

Dixon comenta que la necesidad fue la que lo llevó a realizar estas tareas en los vagones de la línea 4. Asegura que un sueldo no alcanza para vivir. Y subraya que lo que recibe de las donaciones de la gente es muy superior al dinero que podría lograr en las labores que realizaba antes en los ámbitos de herrería y albañilería. Afirma que antes estaba muy flaco y que en el metro ha “agarrado carnita”. Señala que normalmente puede conseguir una fruta, una arepa o un trozo de pan que la gente le regala.

Reflejo de la ciudad

Un hombre llamado Iván indica que el metro es un reflejo de la ciudad. Su comentario puede que esté muy cerca de la realidad, puesto que a través de este sistema se movilizan personas de distintos estratos sociales y de todas las urbanizaciones de la ciudad.

El metro es un espacio público donde confluyen opiniones, expectativas, análisis, compañerismo, egoísmo, diversión, aburrimiento. Las opiniones políticas no faltan – “en el CNE están todos vendidos”, “Ocariz petarizó el municipio Sucre” y etc. – También son temas de conversación la escasez, los deportes, espectáculos.

En el Metro confluye toda clase de usuario: estudiantes que se dirigen a universidades y bachilleratos; amas de casa que acompañan a sus hijos; enfermeras con sus uniformes pulcros; obreros con sus botas y casco de plástico; niños de la calle harapientos; mendigos andrajosos. Todos logran conversar desde sus puntos de vista diferentes, niveles culturales heterogéneos y realidades distintas. Sin embargo, todos coinciden en una opinión: el metro de Caracas, hoy, no es ni la sombra del que fue años atrás. ¿Recuerdan? Se afirmaba con orgullo que era el “mejor metro del mundo”.

Samuel Mora