Volpe, una dura de las artes escénicas

Actriz y directora con más de 35 años sobre las tablas y una de las gerentes de la Caja de Fósforo, dedica su vida al teatro y a una serie de proyectos que incluyen festivales, talleres de formación y el montaje de piezas de los nuevos dramaturgos contemporáneos
Actriz y directora con más de 35 años sobre las tablas y una de las gerentes de la Caja de Fósforo, dedica su vida al teatro y a una serie de proyectos que incluyen festivales, talleres de formación y el montaje de piezas de los nuevos dramaturgos contemporáneos

CARACAS – Una mujer que se transforma sobre las tablas, sencilla, sensible, humana, pero con determinación y mucho profesionalismo. Comparte sus experiencias como actriz, directora y empresaria y transmite en cada gesto y palabra una de las grandes pasiones de su vida: el teatro

Diana Volpe, italiana por ambos padres, nació en Caracas, pero de pequeña se fue con su familia a vivir a Italia y aunque regresó a los 9 años, se mudó luego a Estados Unidos y allá permaneció también algunos años.

– Papá era de un pueblo llamado Padula en la provincia de Salerno y mi mamá de Torino pero se crió en Génova y cuando regresamos a Italia nos fuimos a vivir a Génova.

En su casa siempre se habló italiano. De hecho el español es casi un idioma aprendido que le tocó perfeccionar de grande, porque toda su escolaridad fue en italiano y luego en inglés, de allí su acento internacional, muy apropiado para la interpretación de cualquiera de sus papeles.

 ¿Cómo se inicia en las artes escénicas y comienza su entusiasmo por el teatro?

-Creo que lo tengo en la sangre. Mi bisabuela era soprano, mi abuela Augusta era actriz y mi madre cantaba. Mi abuela viajaba con una compañía de teatro itinerante y mi mamá nació literalmente sobre el escenario. Todos cantaban muy lindo. Desde pequeña en casa organizábamos mini teatros con los vecinos y amigos y como somos 5 hermanos teníamos el elenco completo. Cuando volvimos a Génova allá actuábamos y jugábamos. Toda mi vida he estado vinculado al hecho creativo desde el punto de vista de la actuación; hice danza y siempre algo que me estimulara desde el aspecto creativo.

 

“Me gustan las obras que llevan a analizar las relaciones humanas y sociales”
“Me gustan las obras que llevan a analizar las relaciones humanas y sociales”

¿Dónde adquirió su formación profesional?

-Estudié ciencias políticas y tengo un postgrado en relaciones internacionales en la universidad de Georgetown; trabajé muchos años en política exterior, en el Instituto de Comercio Exterior y en Sistema Económico Latinoamérica, pero en paralelo siempre hice teatro y mientras cursaba el postgrado, estudié teatro en Nueva York y danza. Desde entonces no he parado. Me casé con un diplomático y cuando lo mandaron al exterior dejé de trabajar en oficina, pero siempre seguía haciendo teatro. Buscaba en los periódicos especializados las ofertas de audiciones, me presentaba y, en muchas ocasiones, lograba que me llamaran, por lo que tuve maravillosas experiencias incluso en Tokio donde nos tocó vivir, al igual que Nueva York, Washington, etc. y por supuesto en Caracas.

¿Qué hizo cuando regresó a Venezuela?

-Empecé a averiguar porque acá no funciona el sistema de audiciones, que por cierto como directora trato de hacerlas con los jóvenes porque pienso que deben tener esa posibilidad, y me fui al Rajatabla donde aún estaba Carlos Jiménez, y tomé un taller y luego otro en el Taller del Actor que era una academia muy prestigiosa. De allí salieron grandes artistas. Muchos se fueron a la TV, otros ya no están el en país. También hice novelas. Creo que todos los medios son diferentes y el contraste con la TV es la inmediatez, pero no era lo más satisfactorio para mí, a pesar que se gana mucho más. En el teatro se trabaja por amor al arte. Pensé que para seguir creciendo debía dedicarme un poco más a eso.

¿Cómo llega a la Caja de Fósforo?

-Conocí a Orlando Arocha y Ricardo Nortier que son del teatro de Contrajuego, compañía que por muchos años operó en el antiguo Ateneo de Caracas hasta que los mandaron a desalojar. Me uní a ellos para ayudarlos a buscar una nueva sede y así estuvimos durante cinco años hasta que llegamos a la Concha Acústica. Gracias a la receptividad de Aurora Blyde, directora de Cultura d la Alcaldía de Baruta, nos ofrecieron este espacio con la condición de que nosotros debíamos hacer y conseguir todo. Arocha es un profesional muy talentoso y había dirigido 10 festivales de teatro. Junto con él iniciamos este proyecto que, aunque duro al principio, hoy con muchas satisfacciones alcanzamos cinco años de producciones sin haber parado.

¿Cómo hacen para producir una puesta en escena actualmente considerando los altos costos y la difícil situación país?

-Trabajamos mucho. Prueba de ello son las 60 obras que hemos montado en cinco años, eso es un récord. Nos ha ayudado mucho el patrocinio de las embajadas; empezamos hace 4 años con el primer festival de teatro norteamericano y la Embajada Americana se arriesgó con nosotros. Nos ayudo a financiar el proyecto que consistió en montar ocho obras. Dos años después montamos el segundo y este año vamos con el tercero. Intercalamos el año pasado con el primer festival de teatro europeo y para esa oportunidad tuvimos el respaldo de la Unión Europea y se unió Italia entre los patrocinantes junto con Alemania, Polonia, España, Gran Bretaña etc. Logramos un festival con mucho éxito, por lo que estamos planteando hacer una segunda edición para el año que viene. El junio empieza el tercer festival estadounidense que incluye 8 obras en poco más de tres meses. Este año tenemos como novedad que dos de las piezas se presentarán en la sala Plural del Trasnocho porque queremos abarcar toda la ciudad.

 ¿A qué se refiere cuando se clasifican como teatro experimental?

-Nosotros básicamente montamos el teatro que nos gusta. Hemos tenido clásicos y obras de todas partes del mundo, lo que si nos interesa son autores contemporáneos sin abandonar a los clásicos. Escogemos piezas que nos atraen a los tres gerentes de la sala, aunque cada quien tiene un tema que le gusta. Tratamos de hacer montajes que aborden tramas interesantes porque Arocha, por ejemplo, a cualquier obra le da una vuelta para que hable de lo que nos pasa como individuo.

“En la Caja de Fósforo hemos montado 60 obras en cinco años, eso es un récord”
“En la Caja de Fósforo hemos montado 60 obras en cinco años, eso es un récord”

¿Cómo escogen las obras?

-Con mucha lectura, hay que leer todo lo que se está editando y montando en otras partes del mundo. Yo sigo algunos teatros y veo qué están haciendo. Busco las obras y las leemos. Trato de mantenerme al día con lo que está pasando.

¿Cómo seleccionan a los actores?

-No puedo darte nombres precisos porque no tenemos una compañía con elenco estable, tendemos a repetir algunos actores porque son los que hemos preparado ya que nos dedicamos también a la formación y dirección de muchachos y adultos que han trabajo mucho. Lo importante es que siempre estamos abriendo oportunidades a gente nueva. La formación la realizamos a través de talleres. Por ejemplo, hace algunas semanas, realizamos en simultáneo uno de dirección en 7 lugares distintos de Caracas. En total fueron 70 alumnos y 80 actores, fue un gran esfuerzo de una semana y gratis, gracias a un patrocinio de la Embajada de EEUU. Para nuestro aniversario tenemos programados varios talleres para niños, adultos y tercera edad que combinaremos con la Casa de la Cultura de Baruta.

¿Cómo ha evolucionado el teatro, sus etapas y cuál es la tendencia actual en Venezuela?

-Antes había compañías estables que recibían financiamiento del estado y podían dedicarse a producir montajes enormes. Eso ya no existe. Estaban Teja, Contrajuego, la Compañía Nacional, Rajatablas, Teatrela y otras muy serias que producían obras importantes y formaban maravillosos actores, pero eso se acabó. Ya no hay ningún tipo de apoyo estatal para el teatro. Los espacios se han ido limitando. Los grandes teatros nacionales que incluso fueron rescatados tienen su propia programación y algunos han ido cerrando, por lo quedan muy pocos. Otros ya no operan por la misma inseguridad, más si no tienen estacionamiento. Entonces quedan los que funcionan en los centros comerciales y eso ha complicado el financiamiento, más con tantas empresas cerradas o que se fueron, no quedan muchos que puedan apoyar. Nosotros en Caja de Fósforo reciclamos las escenografías y reutilizamos todo, por eso es que nos podemos remontar las puestas en escenas y todo se nos ha hecho muy cuesta arriba.

¿Pareciera que ha habido un boom en teatro comercial?

-Si hay muchas obras sobre todo de comedias stand up que a la gente gusta mucho y es difícil de hacer; también hay variedades más ligeras. Lo importante es que el público vaya. Respeto y admiro a cualquier hacedor de teatro, siempre que este hecho con rigurosidad, pasión. En fin, que se haga bien.

¿Qué puede comentar sobre la formación de las nuevas generaciones de actores y si los que existen han migrado hacia la TV o viceversa?

-Hay escuelas de formación como la universidad Uneartes y las escuelas tradicionales como la César Rengifo, Juana Sujo, el Gimnasio de Actores donde educan y forman actores. Están los talleres esporádicos y los frecuente de Gau80, Skena, etc. que cuentan con reconocidas figuras como Héctor Manrique y Basilio Álvarez que son profesores de mucha trayectoria. Hay otros cursos eventuales como el de dirección que organizamos sin costo que fue solo para 70 personas. Los actores de Tv tradicionales han tenido que migrar hacia el teatro o buscar otros caminos. Muchos se han ido porque no hay tanta producción teatral en Venezuela, además las expectativas del actor son otras, porque en el teatro no se gana lo que se gana en Tv, de manera es que una labor más de pasión que lucrativa.

“En el teatro se trabaja por amor al arte y pensé que para seguir creciendo debía dedicarme un poco más a eso”
“En el teatro se trabaja por amor al arte y pensé que para seguir creciendo debía dedicarme un poco más a eso”

¿A Diana Volpe qué obras le gustan?

– Me gustan las obras que me hace pensar en las relaciones entre la gente, la soledad, la falta de comunicación e incomprensión en la sociedad. Me gusta todo, quizá menos la comedia, pero si las obras están bien escritas pueden gustarme todas.

¿Qué prefiere, actuar o dirigir?

-Es bien difícil decidirme. A veces digo: “ya no voy actuar más; me voy a dedicar a la dirección porque es algo nuevo para mí y solo tengo 10 años en eso”. Pero no me imagino sin actuar porque llevo 35 años sobre las tablas y tampoco sé imaginarme un personaje sin tratar de interpretarlo. Es complicado, no sé cómo haría si no hago las dos cosas (risas).

¿Cuáles son los retos más duros que le ha tocado enfrentar como directora?

-El reto más difícil es montar una obra en la actualidad debido a la situación económica. Los presupuestos hoy duran un día y preocupa porque debemos conseguir el dinero, aunque es competencia de los productores, pero como directora me angustia igual porque me involucro en todo. Pero también me divierto con todo, trabajar con los actores, la música, el montaje etc. La dirección es un proceso creativo muy completo. Lo es más que el trabajo del actor. Es más creativo porque como actor solo piensas en tu personaje, analizar la obra y enfocarte en la actuación. En cambio como director eres todas las personas y debes conocerlas, comprenderlas, involucrarte para poder orientar a los actores y tener clara la estética, el vestuario, las escenografías, las luces y sonidos. Es un reto más grande. Al momento de dirigir me apoyo en las recomendaciones de Orlando Arocha que sugiere el análisis del texto y cómo llegar a la visión estética. “Te buscas un padrino para apoyarte en la estética y música y eso te va llevando a ver cuáles son los temas de la obra y lo que vas a enfatizar”. Hay pasos bien estructurados para poder llegar al producto final.

 ¿De las piezas dirigidas cuál es la que más le ha gustado?

– “Celebración”, porque fue la primera obra grande. Estaba muy asustada pero después quedé contenta. Otra fue “Piel Mercurio” porque fue muy difícil. Hablaba de una sociedad complicada, de un crimen terrible en un mundo apocalípticos. Fue un reto que necesitó muchos meses de ensayo. También la obra “Sí pero no lo soy”, del festival de teatro europeo que resultó un desafío porque era comedia, al final salió muy divertido.

¿De sus interpretaciones, cuáles personajes la han marcado?

-La señorita Rachs en “Las noches celestiales de la señorita Rasch”. Es una mujer sola que durante una hora no dice ni una sola palabra, fue un reto muy grande mantener al público interesado. “Cuarteto” una obra muy difícil con un texto complicado, basada en las relaciones peligrosas y una estética un poco absurda que obligó prepararme tomando un curso de danza japonesa, y fue un desafío porque tuve que salirme de lo natural donde me siento más cómoda. Bernarda Alba en “La casa de Bernarda Alba” donde uno se imagina una mujer grande y no a mí una actriz chiquitica; entonces me acordé de mi abuela Emilia, una italiana que era terrible y la interpreté a ella (risas). “Disonorata” que es la primera vez que repetimos una obra en la Caja de Fósforo y es especial porque está muy cercana a mi corazón y por ello quedo agotada después de cada función. Cuando viví en Italia de pequeña íbamos al sur. Al pueblo de mi padre habían unas muchachas que trabajan con nosotros y nos ayudaban porque éramos 5 niños. A veces íbamos a visitarlas a sus casas y las condiciones de vida de ellas eran terribles. Eran prácticamente esclavas. Pese a que era niña, veía que había cosas que no estaban bien. Ahora de adulta acordándome digo que no fue tan ayer y yo lo vi. Vi cómo eran tratadas esas mujeres que vestían todas de negros y bajaban por las calles de Padula. También recuerdo cómo nos veían a mi hermana y a mí cuando paseábamos por las calles del pueblo. Nos espiaban detrás de las ventanas y murmuraban al vernos pasar. Todo lo viví y es algo que me toca demasiado, “Disonorata” para mí es un regalo.

Volpe, por sus raíces italianas, desearía que nuestra comunidad viera su trabajo e invita a estar pendiente de las obras de Severio La Ruina, autor de “Polvo”; obra con la cual arrancó la temporada 2018 en la Caja de Fósforo y que repetirá este año con otra pieza.

Asimismo, han tenido puestas es escenas de varios dramaturgos italianos porque le gusta el teatro, sobretodo el del sur de Italia incluso en los idiomas regionales, porque La Ruina escribe en calabrese y Simone escribe en siciliana. Le interesa dar a conocer esa dramaturgia y el nuevo movimiento actoral del que poco se sabe en Venezuela.

Letizia Buttarello