Si dimette l’Ambasciatore del Venezuela a Roma, Isaías Rodríguez

ROMA – Ha rinunciato. Isaías Rodríguez, con una lunga lettera inviata al presidente Nicolás Maduro, ha gettato la spugna e rinunciato all’incarico di Ambasciatore del Venezuela che da anni svolge a Roma.

L’Ambasciatore Isaías Rodríguez avrebbe chiesto al ministro Arreaza di essere sostituito già mesi fa per motivi di salute, ma, la decisione, maturata nel tempo, sarebbe stata motivata anche, forse soprattutto, da differenze con alcuni ministri. La più recente, la partecipazione del Venezuela alla Biennale di Venezia. L’Ambasciatore non riteneva opportuno la presenza venezuelana alla kermesse culturale a causa dei debiti maturati con gli impiegati delle sedi diplomatiche di Milano, Napoli, Roma, Vaticano e Fao; debiti in parte attribuiti alle sanzioni nordamericane.

L’Ambasciatore Rodríguez, 77 anni compiuti, è attualmente membro dell’Assemblea Nazionale Costituente. Lo è stato anche nel 1999, quando fu approvata la nuova Costituzione. E’ stato Vicepresidente esecutivo e Procuratore Generale.

La lettera di dimissione

Di seguito pubblichiamo la lettera di dimissione inviata dall’Ambasciatore Rodríguez al presidente della Repubblica, Nicolás Maduro.

“Ciudadano
Nicolás Maduro Moros

Presidente Constitucional de la República

Bolivariana de Venezuela

Su Despacho

Estimado Presidente:

Desprovisto de alardes y con un inmenso respeto por estabatalla digna y valiente que ha librado contra el imperio declinante,me dirijo a usted en la oportunidad de presentar mi renuncia alcargo de Embajador Plenipotenciario de la República Bolivariana deVenezuela ante la República de Italia.

Debo reconocer que nací para martillo y del cielo me caenlos clavos. No he aprendido a regatear indulgencias y ello es terribley agotador en la política del día a día. Afortunadamente,  el dolorproporciona confianza y seguridad; el dolor es necesario y opcional,cuando los pasajes duros se atraviesan frente a nuestra dignidad.Sepa usted, Presidente, que sigo senderos rectos como los de unalanza.

Su causa, que es la mía, me ha retenido como un campo defuerza, como un imán. Con fe absoluta me he aferrado al chavismo,cual una tabla en este océano de contradicciones que rodea suGobierno. He llegado, sin embargo, a comprender definitivamenteque no puedo convertir el agua en vino, ni resucitar a los muertos.Muchos de sus discípulos tienen muy poco de apóstoles, y escuando todos nos  preguntamos  ¿si es la iglesia o dios quien estáfallando?

Como San Pablo, el gran faquir, renuncio a mi trabajo derecaudador y me largo al infierno.  Puede usted estar seguro quecantando enfrentaré cualesquiera de las muertes que me esperan¡Ya no aguanto más! Se ha irrespetado la Embajada donde lorepresento, y tengo 77 años. Mi frente está y estará en alto, no soy
de los que se quedan mirando  los zapatos. Toda la vida herechazado las injerencias que pretendan humillar o alterar miconsciencia y mi espíritu.

Quiero que sepa usted, que estoy y estaré a su lado. Peroespiritualmente. Es mi turno de ser abuelo. Lo he diferido muchotiempo y no quiero morir sin ejercer este oficio que lo ha retardadola política. Me alisto en la Fuerza Espiritual de OperacionesEspeciales para los Nietos. Necesito mucho de ellos para podercontar y escribir las historias de este tiempo, vivido desde 1.998hasta la fecha en la cual suscribo esta carta

La fe, Presidente, es una lección, pero también unaelección. No tengo nada de que arrepentirme; he sido felizentregándome a una de las causas más bellas de la vida: la libertadde mi país. He querido ser un compañero leal y no un diletanteadulador y temeroso. No me metí en esto para sacar una espada deuna piedra y convertirme en el rey Arturo. Creo en su causa y puedobailar mazurcas con Ana Karénina.  La cruz que he cargado duranteestos años la acepto con benevolencia y afabilidad, como un gestode gracia. No soy de quienes se rajan la camisa para luego decir:“mira lo que hice por ti”.

He visto mucho marketing al lado suyo y también al lado deChávez. La gente constantemente se bautiza, pero jamás se liberade sus pecados;  sepa usted, Presidente, que su pueblo no solo esinsobornable sino, también, difícil de engatusar. Mucho más allá delos partidos, ese pueblo, es una gran familia que debe superar elodio. Con el tiempo sabremos quienes somos, y a quienes nos
hemos parecido, a Bolívar o a Santander.

Me voy (del cargo) sin rencores y sin dinero. Mi esposaacaba de vender las prendas que le regaló su ex esposo, parapoder mantenernos frente al bloqueo norteamericano. Estoyintentando traspasar el vehículo que compré al llegar a la Embajaday, como usted sabe, no tengo cuenta bancaria, porque los gringosme sancionaron y la banca italiana me echó de su lonja. Clavaronmi honestidad en una pica, pero cuando muera sabrán exactamentecual patrimonio dejo a mis hijos. Guardaré los recuerdos que deusted tengo en una caja con pelotas de naftalina.

No tiene usted que aceptar o reprobar esta carta. La harépública porque es definitiva. No es irrevocable porque nada esirrevocable en la vida. Es simplemente definitiva, señor Presidente.No me vea ni me sienta vulnerable. Esa expresión es “neonazi” y nosuena bien.

Créame que me siento orgulloso de haber sido suEmbajador y su compañero, y que, en este momento, siento comosi me quitara una de las tantas contracturas que tengo  (son tres) enla columna. Renuncio, Presidente, a mis dosis de insomnio, estrés,aflicción y a las víboras con cabeza triangular que desde hace
mucho tiempo lo acompañan.

Me voy “pelado”, como el ala de un murciélago, como si unaola turbulenta me empujara; sin ningún tormento, con la verdad delo íntimo, de lo justo y de las convicciones intactas. Le juroque  continuaré perfeccionando mi dignidad para reconocerla enmis silencios y poseerla hasta mis últimos días, y para emplearla
como escudo y hacha frente a los adversarios (no tengo enemigosPresidente).

Su amigo

Julián Isaías Rodríguez Díaz”