Tamborrino: 62 años recargando motores

CARACAS – Enseñanzas y sólidos valores de honestidad en el trabajo recibieron Michelle y Luigi Tamborrino de su padre, quien se encargó no sólo de consolidar un taller, sino de trasmitir a sus descendientes su experiencia, pasión y conocimiento frente a los carros.

Hoy 62 años después, Electroauto Tamborrino sigue en pie en el mismo lugar donde comenzó, pero dirigido por los hermanos morochos y donde ya empieza a involucrarse una tercera generación… el nieto del fundador, llamado también Luigi Tamborrino.

Michelle relató a la Voce d´Italia que cuando su padre llegó a Venezuela en el año 1952 y con apenas 16 años, comenzó a trabajar en el taller de Hermanos Peláez en Quinta Crespo y un tiempo después, su padre lo ayudó a comprar el local que hoy ocupan en Colinas de Bello Monte.

Dijo que su padre empezó a trabajar sólo en 1958 con  los aprendizajes que había adquirido y luego se le unió el tío Vitto, quien lo ayudó durante un tiempo hasta que retornó a Italia.

“En los años ochenta mi hermano y yo siendo muchachos veníamos a trabajar al taller durante las vacaciones y mi papá nos trataba sin preferencias como a cualquier empleado,  nos ponía a hacer de todo y nos pagaba como a los otros, aunque a veces nos daba algunas comodidades, sobretodo en el horario” comentó entre risas.

Sin embargo, era bien estricto y siempre decía “que algún día esto sería de nosotros”, por eso intentamos aprender de todo. “En un principio nos enseñó sobre electroauto y luego nosotros fuimos estudiando preparándonos y ampliamos a arranques, alternadores, equipos de sonido y alarma, y así fuimos creciendo en servicios y clientela”.

Una gran lección

Ya en 1993, cuando Luigi tamborrino fallece, los hermanos se encargan definitivamente del taller que para el momento era sólo electroauto y algo de mecánica, pero los jóvenes tenían otros proyectos para el área automotriz, los cuales han ido desarrollando y hoy ya cuentan con dos locales contiguos con el propósito de expandirse y seguir siendo un negocio familiar.

Michelle se formó en Electroauto y Sistema de Aire Acondicionado y Luigi estudió Electroauto, Mecánica y Electrónica, conocimientos que se suman a la práctica y se afianzan en una trayectoria de más de 30 años de trabajo.

Con la instrucción de que “a los clientes hay que tratarlos de forma muy especial”, papá nos inculcó que hay que hacer un buen trabajo, ser honestos y responsables, consejos que seguimos y que nos ha permitido continuar el negocio y mantenernos ofreciendo un servicio de calidad, afirmó.

Orgullosos de sus raíces y antepasados, Michelle Tamborrino comentó que su progenitor era oriundo de Bari, llegó con su abuelo a Venezuela en barco y se alojaron en una pensión en el Conde (centro de Caracas) durante la época del general Marcos Pérez Jiménez.

“En un viaje que hizo a Italia conoció a mi mamá, se enamoran y un año después, regresó a buscarla, se casan y la trajo a Venezuela. Siete meses después, estaba embarazada de nosotros, que nacimos en la Clínica Santiago de León de Caracas”.

Dijo que su papá a pesar de tener un apartamento en el mismo edifico donde queda el local en Colinas de Bello Monte, prefirió vivir en otros lugares, pues siempre mantuvo que “la casa no debía vinculase con el negocio”.

En cuanto a la clientela, explicó el propietario, que hay gente que lleva 60 años confiando en Tamborrino, muchos son amigos y hay relaciones de “toda la vida”, además que se han establecido lazos con vecinos y compañeros desde que eran muchachos, incluso siendo jóvenes formaron un club de dueños de “Rand Rover”  que tenían como punto de encuentro el taller “era una época muy bonita”, recordó con nostalgia.

“Nuestra raíces están acá”

Estos ítalo venezolanos que siempre han mantenido la tradición de la bota en la casa, están acostumbrados a la unión de la familia, la cual a pesar de ser pequeña, se mantiene cercana y se reúne en las fiestas tradicionales, sin embargo, desde hace 4 años la madre emigró a Bari y reside allá.

Con frecuencia viajan a Italia y la gente insiste en que se queden, pero no es fácil, comentó Michelle, pues “nuestras raíces y trabajo están acá y es muy difícil desprenderse de Venezuela, porque es parte de uno… las amistades están aquí y es muy difícil volver a empezar de cero, aunque uno tenga el conocimiento, no es lo mismo”.

Pero sin duda, la gente vuelve al negocio porque hay una tradición y los conocen, son más de 60 años en el mismo lugar, dando una buena atención y a pesar de haber otros talleres en la zona, cada quien tiene su público.

“Insistimos en el trato especial a los clientes y tarde o temprano terminamos siendo amigos, porque creo que uno de los mejores regalos de la vida son las amistades y nosotros somos muy amigueros”, destacó.

Los hermanos Tamborrino con la piel generalmente bronceada, son fanáticos de la playa, por lo que cuando no trabajan buscan estar cerca del mar, pues consideran que es espacio ideal para reunirse con amigos, la familia y es “nuestra vía de escape”, indicó Michelle.

En cuanto los proyectos, confiesan los también socios, que ya no es tan fácil emprender cosas nuevas debido a la situación del país, y aunque ahora se consiguen más repuestos importados y accesorios que hace un par de año, los productos no cuentan con la misma calidad y muchas veces no son originales.

Tercera generación

Actualmente el taller opera con 4 empleados y desde hace un tiempo se integró el hijo de uno de uno de los dueños también llamado Luigi, joven de 22 años que comenzó al igual que su papá, a los 16 años aprendiendo durante las vacaciones de la escuela.

Una vez graduado de bachiller estudió Electricidad Automotriz y luego obtuvo el TSU en Mecánica, especializándose en Electricidad, preparación que asegura el futuro del negocio en manos de la generación de relevo.

“Desde pequeño siempre me han gustado los carros, me gusta resolver y arreglar cosas, y ahora estoy aquí de lleno en el taller porque todos los días aprendo algo nuevo, y eso me agrada, porque más que el estudio, es la práctica lo que da la experiencia, es otra escuela”, precisó.

Aseguró que ha sido fácil trabajar con su padre y tío, es un trabajo tranquilo que exigen responsabilidad, aunque quizá son flexibles por ser familia, pero lo estimulan constantemente para que aprenda y a veces, hasta le ha tocado quedar a cargo del negocio.

Por su parte, Luigi el otro morocho, y padre del joven aprendiz, manifestó su satisfacción y gran orgullo, por tener a su hijo como parte del equipo de trabajo de este reconocido electroauto en Colinas de Bello.

Ser estricto y exigir mucho, es otra de las enseñanzas que dejó el fundador del taller y es también una de las normas de la empresa, donde desde ya se busca preparar a una tercera generación para continuar al sueño que comenzó Luigi Tamborrino.

Letizia Buttarello