La auto-exigencia de mantenerse auténtico lo llevó a traicionar el modelo del Ser Ejemplar de la actual sociedad

Por @aldosognando

Era el año de 1985, tenía dieciséis años y a San Cristóbal, ciudad de los Andes venezolanos, llegamos (yo, mis padres, amigos y hermanos) para asistir al partido de fútbol que, durante el último fin de semana de mayo, se llevaría a cabo en el estadio Pueblo Nuevo, auténtico templo del balompié nacional.

Amanecimos en el hotel donde la selección argentina, plagada de luminarias consagradas como Passarella y Fillol, campeones mundiales del ’78, y algunas ya consolidadas como la gran figura del momento y considerado el mejor jugador del año: Diego Armando Maradona estaban concentradas para el partido que el domingo 26 realizarían contra la Vinotinto donde militaba nuestro amigo Nicola Simonelli D’Attelis

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Allí a la entrada del restaurant donde los jugadores iban a desayunar, nos instalamos, y en la medida que iban bajando los futbolistas el autógrafo a todos y a cada uno de ellos le solicitábamos. Pero él no bajaba, nerviosos por demás esperábamos, con el pensamiento de que probablemente no lo haría porque el día anterior había sufrido un “atentado”, pero gracias a Dios, finalmente apareció, más de media docena de policías lo rodeaban y aun así yo le gritaba ¡Diego un autógrafo, un autógrafo por favor! De repente, se paró, se volteó y a los ojos me miró y en ese momento me exclamó: ¡Después pibe!! Quedé no sé cuánto tiempo en estado de shock, paralizado por ese simple y sencillo comentario.

¡Después Pibe! Fue lo único que me dijo, eso fue todo… ¡y lo fue todo! sentí que el mundo se desvanecía bajo mis pies y todos en ese momento en el hotel escucharon mi grito de júbilo, de alegría indescriptible, de plenitud total, comencé a aullar como un loco y lo único que salía de mi garganta era: ¡me habló! ¡El Diego me habló!! Repetía eso una y otra vez, lo repito cada vez que puedo y recuerdo el emocionante momento.

Eran los tiempos en que el Diego comenzaba definitivamente su curva ascendente, y lamentablemente también descendente. El periodista venezolano Nelson Altuve asegura que ese fin de semana comenzó para Maradona su consagración mundial, pero para mí fue el inicio de esa indescriptible pasión y acompañamiento que por su genio desarrollé y que con el tiempo se fue consolidando cada vez más.

Desde ese momento, pasando luego por México ’86, Italia ’90, Estados Unidos ’94 viví en un permanente carrusel de emociones, en subidas y bajadas de sensaciones como si viajando en la más arriesgada Rusa Montaña me encontrara. Su paso por Barcelona, España y su estadía en Nápoles, Italia hasta su regreso a su natal ciudad del Rio de La Plata fue un cúmulo de conmociones, desconciertos, perplejidades tan extremas que es imposible describirlas y quizás aún menos comprenderlas.

Dicen que todo lo que empieza tiene un final, y con Maradona no fue diferente, finalmente lo inevitable se hizo presente. Aquel permanente rival que en otras tantas oportunidades milagrosamente gambeteó, definitivamente lo atrapó el miércoles 25 de noviembre del año 20-20, su muerte llegó después de haberlo reclamado varias veces en los últimos veinte años y como dijo un periodista llamado Bruno Garzini, el argentino más creativo se fue en el año más destructivo.

Un vacío interno me arropó y la adicción que por las redes sociales en estos últimos años he desarrollado me llevó a sumergirme en las noticias y comentarios que como un tsunami indetenible inundaban, segundo a segundo, todas y cada una de estas herramientas digitales. Impactante, y a la vez impresionante, fue leer y ver los extremos que sin límite alguno se desplegaban sin cesar, desde el peor de los insultos hasta el comentario más divinizado, manifestaciones de amor infinito hasta agrias polémicas se desataban, era un verdadero campo de paz y paralelamente de batalla que se iniciaba invariablemente con su desempeño en un engramado pero que casi de inmediato trascendía, por mucho, al fútbol mismo y es así que las discusiones se ampliaban y resonaban como nunca en la caja ideológica-política y salpicaba la esfera de los valores morales de la mano de la descripción de su figura y de lo que era ¿políticamente correcto?, tal y como lo narra el sociólogo Fernando Segura Trejo y que en honor a la verdad le costaron mucho en vida al Diego y que resurgieron con fuerza apenas dejado el plano terrenal.

“Rata socialista”, “Piltrafa humana”, “el Diablo hizo su mejor jugada, ahora tiene la zurda amiga a su lado” contrastaban con los epítetos divinos de “Genio”, “el más humano de los dioses” y la marca ya registrada “D10S” pero sobre todo contrasta con el despliegue de amor que amigos y rivales en el campo de juego, líderes mundiales de todas las ideologías, grupos consagrados de música, deportistas de todas las actividades mostraron y se sumaron al desborde popular de los pueblos que lo amaron sin límite y reparos aún luego incluso de haber pasado por allí hace ya muchos años.

Extremos que uno leía y conseguía al navegar en el mundo virtual y que reflejan claramente aquello que en su artículo Jorge Valdano describió: “Hay algo perverso en una vida que te cumple todos los sueños…, el goce y el dolor, la luz y la oscuridad, la cima más alta y el pozo más profundo…, Fue el fatal recorrido desde su condición de humano al de mito, el que lo dividió en dos..” y rescata en ese mismo artículo lo dicho por quien fue su preparador físico, y que según afirma, era la persona que mejor lo conocía, Fernando Signorini: “Con Diego iría al fin del mundo, pero con Maradona ni a la esquina”

Sobres esos argumentos es que algunos (y probablemente sean muchos) es inexplicable la devoción y divinización que se hace a quien, según ellos, durante toda una vida lo único que hizo fue quebrantar las reglas del juego, burlarse del sistema, juntarse con gente indebida, apoyar a quien no debía, y podría continuar la lista de argumentaciones morales, legales, religiosas, sociales, políticas, deportivas que estas personas enumeran para condenar a quien con pasión desmedida se entregó a su destino y que además Dios lo bendijo con un portentoso, único e inigualable don que no era más que jugar al fútbol y con su zurda mágica regalar alegrías nunca antes vividas a millones de seres humanos.

¿Genio incomprendido?, para muchos sí, ¿verdades incómodas las que salían de su boca?, definitivamente sí, basta ver 20 años después lo que resultaron ser hoy esos que enfrentó cuando dominaban las esferas del poder del balompié mundial y que lo atacaron sin piedad… fue una verdadera guerra a muerte que terminó pagando muy caro el Diego, pero el tiempo le dio la razón y cada vez son más los que reconocen esa temeridad y valentía que demostró durante esos días.

Quizás la frase que le atribuyen al famoso caricaturista argentino Fontanarosa sea una de las mejores opiniones para recordar la figura de Maradona: “qué me importa lo que Diego hizo con su vida, me importa lo que hizo con la mía” y una de las mejores respuestas que un fanático del Pibe de Oro dio ante los desmesurados ataques que le hacían a su ídolo fue: “que mala suerte tuvo Maradona de ser una fuente inagotable de alegría para millones de personas alrededor del mundo (ndr: impactantes imágenes vimos de Siria, India y África) y no una excelente persona como vos”, incluso en las redes hay quienes aseguran que esta respuesta es del mítico cantante argentino Charly García.

Es que la vida del barrilete cósmico trascendió cualquier límite establecido, innumerables fueron las canciones que en vida a él le dedicaron en todos los géneros posibles desde el tango, hasta la cumbia pasando por la canción de protesta y el pop nacional. Nadie mejor que los napolitanos para evidenciarlo al punto que lo santificaron, su altar al lado del patrono de la ciudad San Genaro y desde ya, desde los más altos vértices de las autoridades de la ciudad se alzan voces acompañando el clamor popular de rebautizar con su nombre el estadio San Paolo; más allá de la decisión final, lo que evidencia es el sentir que llega a lo más profundo del alma, de la entrega incondicional de un pueblo, de una ciudad entera.

La lógica humana, los estándares modernos de comportamiento no logran explicar y mucho menos entender el desafuero emocional que este personaje produjo, produce y seguramente seguirá produciendo en la gente: Lagrimas incontrolables vimos correr en profesionales de la prensa deportiva que apenas enterados de la noticia no pudieron dominar la emoción de ver que la realidad, tantas veces esquivada, finalmente en la cara les explotaba: Diego Armando Maradona había muerto. No son pocos los que afirman que nunca habían visto antes tal despliegue de portadas de los cotidianos más importantes del mundo dedicar simultáneamente sus primeras páginas a personaje alguno.

No voy a negarlo, yo también lo sufrí, sentí que se cerraba un capítulo inmensamente importante de mi vida y cuando muchos amigos me abordaron para cuestionar mi tristeza y mi sentir enumerando listas y listas de razones y argumentos por las cuales yo no me lo podía permitir, mi única respuesta interna y que creo es compartida por todos quienes manifestamos nuestro amor sincero por el Diego fue que en un mundo plagado de mentiras, inundado de fakenews que hace que la ansiedad mundial hoy se centre en preguntar qué cosa es verdad, cuál es la verdad, donde está lo verdadero, Diego fue uno de esos pocos verdaderamente auténtico con sus tremendas virtudes y sus terribles defectos, pero que eran ciertos y a la vista de todos estaban sin buscar pretextos, sin culpar a terceros y es así que a pesar de que su figura mundial traicionó los ideales del modelo del Ser Ejemplar, sus pecados sino perdonados al menos olvidados o minimizados por el simple y sencillo hecho de que fue auténtico y que siempre se esforzó por serlo, nunca renegó de su origen y mucho menos abandonó sus raíces. Su amor filial fue único y su madre lo fue todo, sus hijas su refugio, su gente su razón de ser.

Diego que en paz descanses, que la tierra te sea leve y en lo que a mí respecta tú estás en tránsito purgando tus excesos en las terrazas de la Divina Montaña, como le ocurrió a Dante, para que con el tiempo alcances tu justo lugar celestial, el papa Francisco también se suma a nuestros rezos para que logres de verdad, y de una vez por todas, alcanzar esa paz que en la tierra te fue siempre esquiva.

Todo genio que se adelanta a su tiempo es juzgado implacablemente, no dejo de pensar que al poeta universal lo quisieron quemar, lo condenaron al exilio perpetuo y no conformes con esto persiguieron a sus hijos. Qué pensarían hoy sus contemporáneos medioevales que 700 años después el mundo se rendiría a sus pies y celebraría su inconmensurable aporte a la humanidad, al Alighieri que fue perseguido y vilipendiado en vida. ¿Será que el tiempo rescatará algún legado maradoniano? ¿Será que lo bueno superará con creces sus defectos humanos? que, dicho sea de paso, no son muy distintos al de cada uno de nosotros que aún estamos en este plano, así que, lo único que me queda por escribir es: ¡Hasta pronto Genio! El amor y el tiempo revindicarán tu osadía de ser auténtico.


https://www.youtube.com/watch?v=3mUpwQVFZjY

https://www.laprensalara.com.ve/amp/2020/11/25/24531-1-en-tachira-maradona-inicio-su-consagracion-mundial.html

https://voce.com.ve/2020/11/25/541124/morte-maradona-quando-il-piede-de-dios-lo-azzoppo-a-san-cristobal/

https://www.rfi.fr/es/deportes/20201126-maradona-un-personaje-que-expresa-muchas-facetas-de-latinoam%C3%A9rica

https://www.lanacion.com.ar/deportes/adios-diego-adios-maradona-nid2520809

https://www.biobiochile.cl/noticias/futbol-internacional/notas-futbol-internacional/2020/11/25/vaticano-confirma-que-papa-francisco-reza-por-diego-maradona-tras-ser-informado-de-su-muerte.shtml